
Querer algo con todas las fuerzas no es malo, convertirlo en imprescindible, sí.
La persona apegada nunca está preparada para la pérdida, porque no concibe la
vida sin su fuente de seguridad y/o placer. Lo que define el apego no es tanto
el deseo como la incapacidad de renunciar a él. Si hay un síndrome de
abstinencia, hay apego.
De manera más específica, podría decirse que detrás de todo apego hay miedo, y
más atrás, algún tipo de incapacidad. Por ejemplo, si soy incapaz de hacerme
cargo de mí mismo, tendré temor a quedarme solo, y me apegaré a las fuentes de
seguridad disponibles representadas en distintas personas. El apego es la
muletilla preferida del miedo, un calmante con peligrosas contraindicaciones.
El hecho de que desees a tu pareja, que la degustes de arriba abajo, que no veas
la hora de enredarte en sus brazos, que te deleites con su presencia, su sonrisa
o su más tierna estupidez, no significa que sufras de apego. El placer (o si
quieres, la suerte) de amar y ser amado es para disfrutarlo, sentirlo y
saborearlo. Si tu pareja está disponible, aprovéchala hasta el cansancio; eso no
es apego sino intercambio de reforzadores. Pero si el bienestar recibido se
vuelve indispensable, la urgencia por verla no te deja en paz y tu mente se
desgasta pensando en ella; bienvenido al mundo de los adictos afectivos.
Recuerda: el deseo mueve al mundo y la dependencia lo frena. La idea no es
reprimir las ganas naturales que surgen del amor, sino fortalecer la capacidad
de soltarse cuando haya que hacerlo. Un buen sibarita jamás crea adicción.

Walter Risso - ¿Amar o depender?
Cada uno ha de tener su espacio propio. Es una necesidad que tantas veces no es
consciente y cuya no satisfacción lleva a resultados desastrosos. Aquello de
"fundidos en uno solo", no es sano, aunque se propague como romanticismo, y a
algunos les guste regodearse en ese pensamiento creyéndose los "amantes de la
historia". El apego en cualquier relación -puede ser de pareja, de amistad,
padres e hijos- quita libertad. Puede ser un apego físico, y hasta darse en
relaciones virtuales en estos tiempos. Abrir el correo a toda hora para ver si
hay "algo"; desesperar y suponer abandonos si el contacto no llega. Me atrevo a
decir que tales comportamientos no dicen nada acerca del amor o la amistad, sino
del apego. Y todo apego es pernicioso, porque nos enajena, nos quita energía.
Toda dependencia implica un abandono de si mismo, una entrega fútil cuyo
resultado solo es pérdida.
Hay que reservarse para sí mismo, para ser dueño total. Desde ese lugar podemos
encarar relaciones sanas y prósperas; que puedan cada día desarrollarse y crecer
trayendo felicidad para si mismo y para el otro.






