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Decir que las
coincidencias son
mensajes codificados
provenientes de la
inteligencia no
circunscrita, plantea a
la vida como una novela
de misterio. Presta
atención, busca pistas,
descifra su significado
y, al final, la verdad
será revelada. En muchos
sentidos, eso es
exactamente lo que pasa.
Después de todo, la vida
es el misterio más
grande.
Lo que hace que la vida
sea misteriosa es que
nuestro destino parece
estar oculto para
nosotros; sólo al final
de la existencia
estaremos en posición de
mirar hacia atrás y ver
el camino recorrido. En
retrospectiva, la
historia de nuestra vida
parece perfectamente
lógica. Es fácil seguir
el hilo de continuidad
alrededor del cual hemos
trenzado nuestras
experiencias. Incluso
ahora, en cualquier
punto que te encuentres
de tu vida, puedes mirar
hacia atrás y ver con
cuánta naturalidad ha
fluido tu vida de un
hito a otro, de un lugar
o empleo a otro, de un
conjunto de
circunstancias a otro
completamente diferente.
Observa cuan sencillo
pudo haber sido para ti,
de sabido hacia dónde
conducía tu camino. La
mayoría se pregunta:
«¿Por qué me preocupaba
tanto? ¿Por qué fui tan
duro conmigo, con mis
hijos?»
Si pudiéramos vivir en
el nivel de la mente
todo el tiempo no
necesitaríamos esperar a
ver en retrospectiva
para conocer las grandes
verdades de la vida. Las
sabríamos de antemano.
Participaríamos en la
creación de la aventura
de nuestra vida. El
camino sería evidente y
no necesitaríamos
señales, pistas ni
coincidencias.
Sin embargo, la mayoría
no vive en el nivel del
alma. Por eso, lo único
que puede mostrarnos la
voluntad del Universo
son las coincidencias.
Todos hemos
experimentado
coincidencias en nuestra
vida. La palabra misma
describe perfectamente
su significado: «co»
significa con;
«incidencia» significa
suceso. Así pues, las
coincidencias son
sucesos que ocurren con
otros acontecimientos,
dos o más sucesos que
pasan al mismo tiempo.
Como la experiencia de
la coincidencia es
universal, la mayoría
tendemos a restarle
importancia. Son
momentos extraños de la
vida que nos maravillan
y olvidamos al poco
tiempo.
Las coincidencias son
mucho más que una fuente
de diversión. Una
coincidencia es una
pista que nos indica la
intención del espíritu
universal y, como tal,
es rica en significados.
Algunas personas
utilizan la frase
«coincidencia
significativa», al
hablar de sucesos que
ocurren al mismo tiempo
y que tienen algún
significado especial
para quien los
experimenta. Sin
embargo, creo que la
frase «coincidencia
significativa» es
redundante, pues todas
las coincidencias los
son. Si no fuera así, no
existirían. El hecho
mismo de que ocurran ya
es significativo, sólo
que a veces somos
capaces de entender su
significado y otras no.
¿Qué significan las
coincidencias? La parte
más profunda de tu ser
lo sabe» pero
hay
que atraer ese
conocimiento a la
superficie. El
significado no proviene
de la coincidencia misma
sino de ti, de la
persona que la
experimenta. De hecho,
sin nuestra
participación, ningún
suceso tendría
significado, el Universo
entero carecería de
significado. Somos
nosotros quienes damos
significado a los
acontecimientos y lo
hacemos a través de la
intención. Las
coincidencias son
mensajes del ámbito no
circunscrito que nos
indican cómo actuar para
hacer que nuestros
sueños —intenciones— se
manifiesten. Así pues,
primero debes tener una
intención y entonces
ponerte en contacto con
tu ser espiritual. Sólo
entonces podrás utilizar
las coincidencias para
satisfacer tus
intenciones.
Tener una intención es
fácil, tan fácil como
formular un deseo. Ser
más espiritual es
difícil. Muchas personas
que se creen
espirituales no se han
sumergido aún en el
vasto océano de la
fuerza espiritual; más
bien, nadan en la
superficie alejadas de
las profundidades de la
experiencia universal.
Milagros en el mundo
real
Los milagros son un
fenómeno real. En todas
las tradiciones se habla
de milagros, pero cada
una utiliza un lenguaje
diferente. Decimos que
un suceso es milagroso
cuando el resultado
deseado se manifiesta de
manera sorprendente:
queremos sanar de una
terrible enfermedad,
adquirir riquezas
materiales o hallar
nuestro objetivo. Cuando
esto sucede, decimos que
es milagroso. Alguien
tiene una intención, un
deseo o un pensamiento y
entonces eso ocurre. Un
milagro es un ejemplo
dramático de lo que pasa
cuando una persona es
capaz de aprovechar el
ámbito espiritual, y de
aplicar una intención
para manifestar su
destino.
Déjame darte un ejemplo
de una notable
coincidencia. David
estaba enamorado de una
mujer llamada Joanna. El
la amaba profundamente,
pero no estaba seguro de
querer comprometerse y
casarse. Finalmente,
decidió que la llevaría
a un parque y que ahí se
le declararía. Todavía
recelaba del compromiso,
pero esa mañana, al
despertar, se sintió
invadido por una
sensación de paz, de que
todo estaría bien. David
extendió el mantel sobre
el pasto y mientras
reunía el valor para
formular la pregunta,
pasó sobre ellos un
avión con un cartel
publicitario. Joanna
volteó a verlo y
preguntó: «¿Qué dirá el
letrero?» Sin pensarlo,
David contestó: «Dice:
‘Joanna, ¿quieres
casarte conmigo?’» Ambos
miraron con más cuidado
y en efecto el letrero
decía: «Joanna, ¿quieres
casarte conmigo?» Ella
se echó en sus brazos,
se besaron y, en ese
momento, David supo que
casarse con ella era lo
mejor que podía hacer.
Al día siguiente leyeron
en el periódico que otra
persona se había
declarado a su novia
Joanna con un letrero en
el parque; el avión pasó
en el momento justo para
David. Esta notable
coincidencia fue una
pista, un milagro, que
le indicaba a David su
futuro. Ellos siguen
felizmente casados hasta
ahora.
Las personas que no se
interesan en la
espiritualidad atribuyen
esta clase de sucesos a
la suerte. Creo que la
suerte, al menos como
normalmente la
entendemos, no tiene
nada que ver con esto.
Lo que la mayoría llama
suerte no es nada más ni
nada menos que la
aplicación de la
sincronicidad en el
cumplimento de nuestras
intenciones. Luis
Pasteur, el científico
que descubrió que los
microbios pueden
provocar enfermedades,
afirmó: «El azar
favorece a la mente
preparada». Esto puede
trasladarse a una
sencilla ecuación:
«Oportunidad +
Preparación = Buena
suerte». A través de las
lecciones del
sincrodestino, es
perfectamente posible
adoptar un estado de
ánimo que permita ver
que en la vida existen
momentos oportunos y que
cuando los identificamos
y aprovechamos, pueden
cambiar todo. «Suerte»
es la palabra que
utilizamos en el mundo
moderno para nombrar lo
milagroso.
Así pues, sincronicidad,
coincidencia
significativa, milagro o
buena suerte, son
distintas formas de
referirse al mismo
fenómeno. Como hemos
visto, la inteligencia
del cuerpo se manifiesta
a través de la
coincidencia y la
sincronicidad. También
la inteligencia más
amplia de la naturaleza
y el ecosistema —la gran
red de la vida— y la
inteligencia fundamental
del Universo.
Cuando empezamos a
considerar las
coincidencias como
oportunidades, cada una
adquiere significado.
Cada coincidencia se
convierte en una
oportunidad para la
creatividad. Cada
coincidencia se
convierte en una
oportunidad para
convertirte en la
persona que el Universo
quiere que seas.
Esta es la verdad última
del sincrodestino: la
suma total del Universo
está modificándose para
crear tu destino
personal. Para ello
utiliza «conexiones no
circunscritas y no
causales».
¿Qué son las conexiones
no causales? Si
analizamos todos los
sucesos inconexos de
nuestra vida, todos
tienen una historia
entrelazada con un
destino personal. No
causal significa que los
sucesos están
relacionados entre sí,
pero no por una,
relación directa de
causa y efecto, por lo
menos en la superficie.
Son no causales sin
causa. Volvamos al
ejemplo que mencioné en
el primer capítulo: ¿qué
tiene que ver que Lady
Mountbatten apreciara a
mi padre con el hecho de
que yo leyera a Sinclair
Lewis, o que mi amigo
Oppo me inspirara? No
existe conexión excepto
porque forman parte de
mi historia individual,
la cual me condujo a mi
destino particular.
Ninguno de estos
acontecimientos provocó
los demás. Lady
Mountbatten no ordenó a
mi padre que me diera un
libro de Sinclair Lewis;
sin embargo esos dos
sucesos actuaron
conjuntamente para
moldear mi destino.
Todos estaban conectados
en un nivel más
profundo.
Es imposible imaginar
siquiera la complejidad
de las fuerzas que están
detrás de cada
acontecimiento de
nuestras vidas. Existe
una combinación de
coincidencias; el ámbito
no circunscrito teje la
red del karma o destino,
para crear la vida
personal de cada
individuo, tu vida o mi
vida. La única razón por
la que no experimentamos
la sincronicidad en
nuestra vida diaria es
porque no vivimos desde
el nivel en donde está
ocurriendo. Normalmente
percibimos sólo
relaciones de causa y
efecto: ésto causa eso,
que causa esto otro, que
causa aquello:
trayectorias lineales.
Sin embargo, debajo de
la superficie ocurre
algo más. Existe toda
una red de conexiones,
invisibles para
nosotros. Cuando se
hacen evidentes, vemos
cómo nuestras
intenciones están
entretejidas en esta
red, que es contextual,
condicional, holística y
rica, a diferencia de
nuestra experiencia
superficial.
Con frecuencia caemos en
comportamientos
rutinarios; seguimos los
mismos patrones y
actuamos de manera
predecible, día tras
día. Programamos nuestra
mente y sólo continuamos
poniendo un pie delante
del otro. ¿Cómo podrían
ocurrir milagros si
simplemente marchamos
mecánicamente por la
vida, sin pensar ni
estar conscientes? Las
coincidencias son
señalamientos en el
camino que atraen
nuestra atención hacia
algo importante de
nuestras vidas, atisbos
de lo que ocurre más
allá de las
distracciones
cotidianas. Podemos
ignorar esas señales y
seguir adelante o
podemos prestarles
atención y vivir el
milagro que está
esperándonos.
Cuando estaba
concluyendo mi formación
como médico, supe que me
especializaría en
neuroendocrinología, el
estudio del
funcionamiento de las
sustancias químicas del
cerebro. Desde entonces
sabía que ése es un
lugar donde la ciencia y
la conciencia se tocan;
quería explorarlo.
Solicité una beca para
estudiar con uno de los
endocrinólogos más
prominentes del mundo.
Este respetado
científico estaba
realizando
investigaciones dignas
del premio Nobel y
ansiaba poder aprender
de él. Entre miles de
solicitantes, fui uno de
los seis elegidos para
trabajar con él, ese
año.
Poco después de que
empezamos, percibí que
su laboratorio tenía más
que ver con la
gratificación del ego
que con la verdadera
ciencia. Los técnicos
éramos tratados como
máquinas y se esperaba
que produjéramos
trabajos de
investigación en serie,
listos para publicarse.
Aquello era tedioso y
frustrante. Era terrible
y decepcionante trabajar
con alguien tan famoso,
tan respetado y sentirse
tan desdichado como me
sentía. Había asumido
muy ilusionado el
puesto, pero no hacía
nada más que inyectar
sustancias químicas a
las ratas, todo el día.
Cada mañana revisaba la
sección de anuncios
clasificados del
periódico Boston Globe,
onsciente de mi
desilusión pero pensando
que el camino que estaba
siguiendo era el único
posible.
Recuerdo haber leído un
pequeño anuncio de un
puesto en la sala de
emergencias de un
hospital local. De
hecho, cada mañana,
cuando abría el
periódico, veía ese
pequeño anuncio. Aunque
lo hojeara rápidamente,
siempre lo abría en la
misma página, en el
mismo sitio. Lo veía e
inmediatamente lo sacaba
de mi mente. En el fondo
me imaginaba a mí mismo
trabajando en esa sala
de emergencias y
ayudando a las personas
en vez de seguir
inyectando ratas, pero
mi sueño había sido
btener esa beca con el
renombrado
endocrinólogo.
Un día, ese
endocrinólogo me trató
de manera cruel y
degradante. Discutimos y
salí a la sala e espera
para calmarme. Sobre la
mesa estaba el Boston
Globe abierto en la
página del pequeño
nuncio, ese mismo
anuncio que había estado
ignorando durante
semanas. La coincidencia
era demasiado evidente
como para ignorarla.
Todo cayó finalmente en
su lugar. Supe que
estaba en el lugar
eqivocado haciendo las
cosas equivocadas.
Estaba harto de la
rutina, del ego de ese
endocrinólogo, de las
ratas, del sentimiento
de no estar haciendo lo
que mi corazón quería
hacer. Regresé a la
oficina y renuncié. El
endocrinólogo me siguió
al estacionamiento
gritando a los cuatro
vientos que mi carrera
estaba acabada, que él
se encargaría de que
nadie me contratara.
Con su voz retumbando
todavía en mis oídos,
subí a mi auto, fui
directamente a aquella
pequeña sala de
emergencia, solicité el
puesto y empecé a
trabajar ese mismo día.
Por primera vez pude
tratar y ayudar a
personas que realmente
estaban sufriendo; por
primera vez en mucho
tiempo me sentí feliz.
El anuncio del Boston
Globe me había hecho
señas durante semanas,
pero las había ignorado.
Finalmente me di cuenta
de la coincidencia y
pude cambiar mi destino.
Aunque parecía que el
trabajo de laboratorio
era lo que había deseado
toda mi vida, el hecho
de prestar atención a
esta coincidencia me
permitió romper con mis
patrones habituales. Era
un mensaje sólo para mí,
una señal personalizada.
Todo lo que había hecho
hasta ese momento eran
preparativos para ese
cambio. Algunos pensaron
que la beca misma había
sido un error, pero si
no la hubiera obtenido
tal vez no habría estado
en Boston. Y si no
hubiera estado
trabajando en el
laboratorio del
endocrinólogo, tal vez
no habría visto ese
anuncio y nunca hubiera
escuchado el llamado de
mi corazón. Tuvieron que
ocurrir muchas cosas
para que esta parte de
mi vida se desarrollara
como lo ha hecho.
De acuerdo con un poema
de Rumi, uno de mis
literatos y filósofos
favoritos, «ésta no es
la realidad real. La
realidad real está
detrás del telón. En
verdad no estamos aquí;
ésta es nuestra sombra».
Lo que experimentamos
como realidad cotidiana
es sólo una
representación de
sombras. Detrás del
telón está un alma
viviente, dinámica e
inmortal, que está más
allá del tiempo y el
espacio. Si actuamos
desde ese nivel, podemos
influir conscientemente
en nuestro destino. Esto
ocurre a través de la
sincronización de
relaciones,
aparentemente no
causales, que dan forma
a un destino.
De aquí el sincrodestino.
En el sincrodestino
participamos
conscientemente en la
creación de nuestras
vidas, por medio del
entendimiento del mundo
que está más allá de
nuestros sentidos, el
mundo del alma.
La coincidencia del
Universo
Nada existiría,
absolutamente nada, de
no haber sido por una
notable serie de
coincidencias. Una vez
leí un artículo en el
que un físico describía
el Big Bang que dio
origen a nuestro
Universo. En ese
momento, el número de
partículas que se
crearon fue ligeramente
mayor al número de
antipartículas. Las
partículas y las
antipartículas chocaron
y se aniquilaron entre
sí llenando el Universo
de fotones.
Debido al desequilibrio
inicial, hubo algunas
partículas que
sobrevivieron a la
aniquilación, y éstas
dieron origen a lo que
conocemos como mundo
material. Tú, yo y el
resto del Universo
—incluyendo estrellas y
galaxias— somos restos
del momento de la
creación. El número
total del partículas que
quedaron es de 10m (esto
es, el número 1 seguido
por 80 ceros). Si el
número de partículas
hubiera sido un poco
mayor, las fuerzas
gravitacionales hubieran
forzado al joven
Universo a colapsarse en
sí mismo formando un
enorme hoyo negro, lo
que significa que no
habría tú) yo, estrellas
ni galaxias. Si el
número de partículas de
materia hubiera sido un
poco menor, el Universo
se habría expandido tan
rápidamente sin opción
para que las galaxias se
formaran como lo
hicieron.
Los primeros átomos
fueron de hidrógeno. Si
la poderosa fuerza que
sostiene el núcleo de un
átomo hubiera sido un
poco más débil, el
deuterio —estado por el
que atraviesa el
hidrógeno antes de
convertirse en helio— no
habría existido y el
Universo hubiera
continuado siendo
hidrógeno puro. Si, por
otra parte, las fuerzas
nucleares hubieran sido
un poco más fuertes,
todo el hidrógeno se
habría quemado
rápidamente, dejando a
las estrellas sin
combustible. Así pues,
tal como las fuerzas
gravitacionales
necesitaban tener
exactamente la fuerza
que tuvieron, las
fuerzas
electromagnéticas que
mantienen los electrones
en su lugar, necesitaban
ser exactamente como
fueron, ni más fuertes
ni mas débiles, para que
las estrellas se
convirtieran en
supernovas y los
elementos pesados se
desarrollaran.
El proceso del carbono y
del oxígeno, esenciales
para el crecimiento de
organismos biológicos,
requirió y requiere
muchas coincidencias
desde el momento del Big
Bang. El hecho de que tú
y yo existamos, y que el
Universo, las estrellas,
las galaxias y los
planetas existan, ¡es un
suceso muy improbable!
¡Una absoluta
coincidencia! Un milagro
que se remonta al
principio del tiempo.
De haber podido ver el
Universo en un momento
determinado de esa
época, hubiera sido
imposible distinguir el
patrón general que
estaba desarrollándose.
Cuando las estrellas se
estaban formando, no
habríamos podido
imaginar a los planetas,
por no mencionar a las
jirafas, las arañas, las
aves y los humanos.
Cuando el espermatozoide
se unió al óvulo para
crear al ser humano que
eres ahora, nadie podía
haber imaginado la
increíble historia de tu
vida, las fantásticas
vicisitudes de tu
pasado, las personas que
conocerías, los hijos
que tendrías, el amor
que generarías, la
huella que dejarías en
este mundo. No obstante,
aquí estás, una prueba
viviente de los milagros
cotidianos. El hecho de
que no podamos ver los
milagros como vemos los
trucos de magia, con su
gratificación
instantánea, no
significa que no estén
ocurriendo. Muchos
milagros necesitan
tiempo para revelarse y
poder ser apreciados.
Voy a contarte otro
ejemplo de mi vida para
ilustrar el
funcionamiento pausado
de la sincronicidad.
Todo empezó cuando tenía
diez u once años, un día
en que mi padre nos
llevó a mi hermano y a
mí a ver un partido de
criquet, entre la India
y las Indias
Occidentales. Los países
del (Caribe tenían
maravillosos jugadores
de criquet; algunos
podían lanzar la pelota
a 95 millas por hora.
Las Indias Occidentales
estaban apaleando a
India por cinco
carreras, lo que es un
desastre en criquet. Fue
entonces que entraron en
escena dos jóvenes
jugadores. Para proteger
su privacía, los llamaré
Saleem y Mohán.
Estos jugadores eran
sorprendentes. Refinaron
el juego, defendieron
cada pelota y anotaron «sixers»
una y otra vez. Gracias
a ellos, el equipo hindú
ganó este juego
imposible. Las
celebraciones casi
terminan en motín; la
gente quemó los palos de
criquet. Para mi hermano
y para mi, estos dos
jugadores se
convirtieron en héroes.
Todo lo que hadamos era
soñar en d criquet
Formamos un club de este
deporte, y empezamos un.
álbum de recortes para
coleccionar información
sobre Mohán y Saleem.
Cuarenta años después,
en compañía de tres
amigos viajaba por
Australia. Era imposible
tomar un taxi hacia el
aeropuerto, porque
estaban saturados debido
a un partido de criquet
entre los equipos de
Australia y las Indias
Occidentales. Tampoco
siquiera podíamos rentar
un auto porque todos
estaban alquilados.
Finalmente, el portero
del hotel nos dijo que
había una limusina que
iba rumbo al aeropuerto;
había otras personas en
ella, pero estaban
dispuestas a
compartirla. Nos
sentimos afortunados por
conseguir el aventón y
nos subimos al vehículo.
En él estaban una mujer
llamada Kamla y un
hombre. Durante el
camino al aeropuerto
escuchamos al chofer
gritar una y otra vez, y
nos preguntamos qué
estaría ocurriendo. Nos
dijo que las Indias
Occidentales estaban
vapuleando al equipo
australiano. En ese
momento mi mente se
inundo totalmente con
los recuerdos de aquel
juego de mi infancia.
Fue un sentimiento tan
increíble que no pude
evitar comentarlo con
los demás pasajeros.
Aunque había ocurrido
varias décadas atrás,
aún podía relatarlo con
detalle.
Cuando finalmente
llegamos a la taquilla
del aeropuerto, el
agente le dijo a Kamla
que su vuelo estaba
programado para el día
siguiente. ¡Ella se
había equivocado de
fecha! Preguntó si había
boletos para ese día,
pero todos los vuelos
estaban vendidos. Luego
llamó a su hotel para
reservar otra noche,
pero éste también estaba
lleno debido al juego de
criquet. Nosotros le
sugerimos que nos
acompañara a Brisbane.
Uno de mis amigos le
habló de la combinación
de improbabilidades, de
que las coincidencias
son pistas que nos
indican la voluntad del
Universo. Ella terminó
subiéndose a nuestro
vuelo. En el avión, un
pasajero hindú que
estaba sentado a mi
izquierda, me reconoció
y sacó un ejemplar de
uno de mis libros, «Las
siete leyes espirituales
del éxito». Me pidió que
se lo autografiara y yo
le pregunté su nombre.
—Ramu —contestó.
—Bien, Ramu, ¿cómo te
apellidas?
—Menon —contestó.
—No eres hijo de Mohán
Menon, ¿o sí?
Él contestó que sí.
¡Mohán Menon había sido
mi héroe décadas atrás
en ese partido de
criquet! Hablé con Ramu
durante más de dos
horas. Estaba totalmente
sobrecogido por la
emoción. Para mí, era
como estar hablando con
el hijo de Babe Ruth. Le
pregunté si jugaba
criquet y me contestó
que ya no, pero que en
su momento había
alternado con algunos
excelentes jugadores.
Cuando le pregunté con
quiénes, él contestó: «Ravi
Mehra». En ese momento,
Kamla, que estaba
sentada detrás de mí,
hizo una exclamación.
Ravi Mehra era su
hermano. Cuando
empezaron a hablar,
resultó que cada uno
tenía contactos de
negocios que podían
servir al otro y más
tarde pudieron ayudarse
de tal modo que ambos
obtuvieron grandes
ganancias. Y yo fui el
afortunado catalizador
que transformó las vidas
de estos dos extraños a
los que acababa de
conocer. Cuarenta años
después de ese partido
de criquet, la compleja
e impredecible red de
relaciones dio origen a
una serie de
oportunidades inéditas.
Uno nunca sabe cómo y
cuándo reaparecerá una
experiencia; uno nunca
sabe cuándo una
coincidencia nos guiará
a la oportunidad de
nuestra vida.
Atención e intención La
conciencia organiza su
actividad en respuesta a
la atención y a la
intención. Aquello en lo
que pones tu atención se
llena de energía;
aquello de lo que
apartas tu atención
pierde fuerza. Por otro
lado, la intención es la
clave para la
transformación, como ya
vimos. Puede decirse que
la atención activa el
campo de energía y que
la intención activa el
campo de información, lo
que da lugar a la
transformación.
Cada vez que hablamos,
transmitimos información
a través de un campo de
energía usando ondas
sonoras. Cada vez que
enviamos o recibimos un
correo electrónico,
utilizamos información y
energía. La información
está en las palabras que
eliges y la energía es
el impulso
electromagnético que
viaja por el
ciberespacio. La
información y la energía
están inextricablemente
unidas.
¿Has notado que cuando
empiezas a prestar
atención a una palabra,
un color o un objeto en
particular, suelen
aparecer más frecuencia
en tu entorno? Mi primer
auto fue un Volkswagen
Beetle. Yo nunca había
prestado mucha atención
a los autos, y rara vez
había notado Volkswagens
en la calle, pero
después de que compré mi
Beetle, empecé a verlos
por todos lados.
¡Parecía que uno de cada
tres autos era un Beetle
convertible rojo! No es
que estos autos
estuvieran desempeñando
un papel más importante
en el Universo, pero mi
atención hizo que
cualquier cosa
relacionada con ellos
saltara a mi campo de
atención.
Todos los días ocurren
millones de cosas que
jamás entran en nuestra
mente consciente:
sonidos de la calle,
conversaciones de las
personas que nos rodean,
artículos del periódico
que recorremos
rápidamente con la
vista, patrones en la
ropa, colores de
zapatos, aromas,
texturas, sabores.
Nuestra conciencia solo
puede manejar una
cantidad limitada de
información, por lo que
contamos con una
atención selectiva.
Cualquier cosa en la que
decidamos concentrar
nuestra atención
atravesará el sistema de
filtración de la mente.
Por ejemplo, imagina que
estoy hablando contigo
en una fiesta. Tú y yo
tenemos una conversación
interesante y el resto
de la fiesta es sólo un
murmullo de fondo.
Entonces, algunas
personas empiezan a
hablar de ti en el otro
extremo de la habitación
y de un momento a otro
empiezas a escuchar lo
que están diciendo. El
murmullo de la fiesta
desaparece, y aunque yo
esté junto a ti
hablándote al oído, tú
no me escuchas. Así de
poderosa es la atención.
En el mundo físico
contamos con muchas
maneras diferentes de
obtener información:
periódicos, libros,
televisión, radio,
conversaciones por
teléfono celular, radios
de onda corta. Todas
estas formas de explotar
esa clase de
información, y muchas
otras, están a nuestra
entera disposición. Sólo
tenemos que
sintonizarlas con
nuestros sentidos:
mirar, escuchar, sentir,
oler y saborear el
entorno que nos rodea.
Pero si lo que queremos
es explotar la
información que está en
el nivel del alma,
necesitamos otra manera
de obtenerla.
Normalmente no dirigimos
nuestra atención hacia
esa dimensión oculta,
pero todo lo que ocurre
en el mundo visible ahí
tiene sus raíces. Todo
está conectado con todo
lo demás. En el mundo
espiritual esas
conexiones se hacen
visibles, pero en el
físico sólo las
vislumbramos a través de
las pistas que nos dan
las coincidencias. Así
como la atención genera
energía, la intención
permite la
transformación de esa
energía. La atención y
la intención son las
herramientas más
poderosas del experto en
espiritualidad. Son
ellas las que atraen una
determinada clase dé
energía, y una
determinada clase de
información.
Así pues, mientras más
atención prestes a las
coincidencias, más
atraerás otras
coincidencias que te
ayudarán a aclarar su
significado. La atención
prestada a las
coincidencias atrae la
energía y la pregunta
«¿qué significa?» atrae
la información. La
respuesta puede llegarte
como una cierta idea, un
sentimiento intuitivo,
un encuentro o una nueva
relación. Puedes
experimentar cuatro
coincidencias
aparentemente inconexas
y comprender todo de
repente, al ver el
noticiero de la noche:
«Ah, ¡eso es lo que
significaban!» Mientras
más atención prestes a
las coincidencias y más
te preguntes por su
significado, más
frecuentemente ocurrirán
y más evidente será su
significado. En el
momento en que eres
capaz de percibir e
interpretar las
coincidencias, tu camino
hacia la realización
salta a la vista.
Para la mayoría de las
personas, el pasado
reside sólo en la
memoria y el futuro sólo
en la imaginación. Sin
embargo, en el nivel
espiritual, el pasado,
el futuro y todas las
distintas probabilidades
de la vida existen
simultáneamente. Todo
ocurre al miaño tiempo.
Es como si estuviéramos
reproduciendo un CD; el
disco tiene 25 pistas,
pero en este momento
sólo estoy escuchando la
número 1. Las demás
pistas están en el disco
en este mismo instante,
sólo que no las estoy
escuchando. Y si no soy
consciente de ellas,
puedo dar por hecho que
no existen.
Si tuviera un
reproductor de pistas de
las experiencias de mi
vida, podría escuchar el
ayer, el hoy o el mañana
con la misma facilidad.
Las personas que están
sintonizadas con el yo
profundo pueden acceder
a este ámbito profundo
porque ese yo no está
separado del Universo.
Los budistas dicen que
tu «yo» es un «inter-ser»
que está
interrelacionado con
todo lo que existe. Eres
una parte inseparable de
la sopa cuántica del
cosmos.
Cómo fomentar las
coincidencias
Ya sabemos que la
atención que prestamos a
las coincidencias atrae
más coincidencias y que
la intención revela su
significado. De este
modo, las coincidencias
se convierten en pistas
que nos indican la
voluntad del Universo y
nos permiten su
sincronicidad y
aprovechar las infinitas
oportunidades de la
vida. Sin embargo, con
todos esos billones de
fragmentos de
información que nos
están llegando en todo
momento, ¿cómo sabemos a
qué prestar atención?,
¿cómo evitamos estar
buscándole significados
a cada tasca de té, a
cada comercial de
televisión, a cada
mirada de un desconocido
en la calle? A la vez
¿cómo evitamos pasar por
alto información
valiosa?
Estas preguntas no
tienen una respuesta
fácil. Parte de aprender
a vivir el sincrodestino
consiste en aprender a
ser instrumentos
sensibles en nuestro
entorno. Cierra los ojos
un momento. Trata de
percibir todo lo que hay
en el ambiente. ¿Qué
sonidos escuchas? ¿Qué
estás oliendo, sintiendo
o saboreando en este
preciso instante? Pon tu
atención en cada uno de
tus sentidos
individualmente y toma
plena conciencia de
ellos.
Si no has practicado
este ejercicio antes, es
probable que hayas
pasado por alto algunos
de estos estímulos, no
porque sean débiles,
sino porque estamos tan
acostumbrados a ellos
que ya no les prestamos
atención. Por ejemplo,
¿qué sentiste?, ¿cuál
era la temperatura?
¿Había brisa o el aire
estaba quieto?, ¿qué
partes de tu cuerpo
estaban en contacto con
la silla en la que estás
sentado? ¿Notaste la
presión en la parte
posterior de tus muslos,
en la parte baja de la
espalda? ¿Qué me dices
de los sonidos? La
mayoría podemos
distinguir fácilmente el
ladrido lejano de un
perro o el ruido de
niños que juegan en la
habitación contigua,
pero ¿qué hay de los
sonidos más sutiles?
¿Escuchaste el ruido del
calentador o del aire
acondicionado?,
¿percibiste tu
respiración o los
gruñidos de tu
estómago?, ¿qué me dices
del barullo del
tráfico?.
Las personas sensibles a
los acontecimientos y
estímulos de su entorno
son sensibles a las
coincidencias que les
envía el Universo. Las
pistas no siempre
vendrán a través del
correo o de la pantalla
de la televisión (aunque
a veces lo harán).
Pueden ser tan sutiles
como el olor del humo de
una pipa que entra por
una ventana abierta y
que te recuerda a tu
padre, lo que a su vez
te recuerda un libro que
le gustaba, y que, por
alguna razón, llega a
desempeñar un papel
importante en tu vida,
en ese momento.
Por lo menos una vez al
día, concéntrate durante
uno o dos minutos en
alguno de tus cinco
sentidos: vista, oído,
gusto, tacto u olfato, y
permítete apreciar
tantos aspectos de este
sentido como sea
posible. Aunque al
principio te cueste
trabajo, pronto lo harás
con toda naturalidad.
Clausura los otros
sentidos si te distraen
demasiado. Por ejemplo,
prueba distintos
alimentos mientras te
tapas la nariz y cierras
los ojos; concéntrate en
la textura de la comida,
sin distraerte con su
aspecto u olor.
Naturalmente, tu
atención se verá atraída
por los estímulos más
poderosos e inusuales;
estos son los que debes
observar con
detenimiento. Mientras
más inverosímil sea la
coincidencia, más
vigorosa será la pista.
Si estás considerando
casarte y tomas
conciencia de los
anuncios de los anillos
de compromiso, ésa es
una coincidencia menor,
pues dichos anuncios
abundan. Sin embargo, si
estás ponderando pedirle
matrimonio a Joanna y en
ese momento pasa sobre
tu cabeza un letrero que
dice: «Joanna, ¿quieres
casarte conmigo?», la
situación es totalmente
inaudita y constituye un
mensaje muy poderoso
sobre el camino que el
Universo tiene planeado
para ti.
Cuando surja una
coincidencia, no la
ignores. Pregúntate:
«¿Cuál es el mensaje?
¿Qué significa esto?» No
tienes que salir a
buscar las respuestas.
Formula la pregunta y
las respuestas surgirán.
Pueden llegar como la
comprensión repentina de
algo, como una
experiencia creativa
espontánea o como algo
muy diferente. Tal vez
conocerás a una persona
que esté relacionada de
algún modo con la
coincidencia. Una
conversación, una
relación, un encuentro
casual, una situación o
un suceso te dará
inmediatamente una pista
sobre su significado.
«¡Ah, se trataba de
esto!»
Recuerda cómo la
discusión final que tuve
con el endocrinólogo le
dio significado al
anuncio del Boston Globe
que había estado viendo,
y que hasta ese entonces
ignoraba. La clave está
en prestar atención y
preguntar.
Otra cosa que puedes
hacer para fomentar las
coincidencias es llevar
un diario de las
coincidencias de tu
vida. Después de años de
tomar notas, las
clasifico en pequeñas,
medianas, bomba y doble
bomba. Tú puedes hacerlo
como se te haga más
fácil. Para algunos, lo
más sencillo es llevar
un registro diario y
subrayar o señalar
palabras, frases o
nombres de cosas que se
manifiestan como
coincidencias. Otros
llevan un diario
especial de
coincidencias; utilizan
una nueva página para
cada coincidencia
significativa, y apuntan
en esa página otras
conexiones con ese
suceso.
A las personas que
quieran ahondar con
mayor profundidad en las
coincidencias, les
recomiendo la
recapitulación. Ésta es
una manera de tomar la
posición de observador
de tu vida y tus sueños,
de modo que las
conexiones, temas,
imágenes y coincidencias
se hagan más claras.
Como nuestra conexión
con el alma universal es
mucho más evidente
cuando soñamos, este
proceso nos permite
acceder a un nivel de
coincidencias totalmente
nuevo.
Cuando vayas a la cama
por la noche y antes de
dormir, siéntate unos
minutos e imagina que
estás viendo en la
pantalla de tu
conciencia todo lo que
ocurrió durante el día.
Observa tu día como si
fuera una película.
Mírate despertando en la
mañana, cepillándote los
dientes, desayunando,
conduciendo al trabajo,
arreglando tus asuntos,
regresando a casa,
cenando; todo lo que
haya ocurrido en el día
hasta el momento de ir a
la cama. No tienes que
analizar, evaluar o
juzgar lo que ves; sólo
ve la película.
Apréciala completa.
Incluso es posible que
repares en cosas que no
te parecieron
importantes en su
momento. Tal vez notes
que el color del cabello
de la mujer que estaba
detrás del mostrador de
la farmacia era el mismo
que tenía tu madre
cuando eras niño. O tal
vez prestes especial
atención al chiquillo
que lloraba mientras su
madre lo arrastraba por
el pasillo del
supermercado. Es
sorprendente la cantidad
de cosas que puedes ver
en la película de tu
día, que tal vez no
notaste conscientemente
durante el día.
Mientras ves cómo pasa
tu día en la película,
aprovecha la oportunidad
de observarte
objetivamente. Tal vez
te veas haciendo algo
que te enorgullece en
especial; a veces te
verás haciendo cosas
vergonzosas. Te repito:
el objetivo no es
evaluar, sino obtener un
poco de información
sobre el comportamiento
del protagonista, de ese
personaje que eres tú.
Cuando hayas concluido
la recapitulación, que
puede durar sólo cinco
minutos o hasta media
hora, di estas palabras
para ti: «Todo lo que he
observado, esta película
de un día de mi vida,
está guardada en un
lugar seguro. Puedo
evocar esas imágenes en
la pantalla de mi
conciencia, pero tan
pronto como las dejo ir,
desaparecen. La película
ha terminado». Luego,
cuando vayas a dormir,
afirma: «Así como he
recapitulado el día, doy
instrucciones a mi alma,
a mi espíritu y a mi
subconsciente para que
observen mis sueños». Al
principio tal vez no
notes cambios, pero si
practicas cada noche
durante algunas semanas,
empezarás a tener una
experiencia muy nítida
de que el sueño es el
escenario y de que tú
eres la persona que está
observando todo. Cuando
despiertes en la mañana,
recapitula la noche tal
como recapitulaste el
día al anochecer.
Una vez que seas capaz
de recordar la película
de tus sueños, anota
algunas de las escenas
más memorables.
Inclúyelas en tu diario.
Apunta especialmente las
coincidencias. La
inteligencia no
circunscrita nos
proporciona claves en el
sueño tal y como lo hace
en la vigilia. Durante
el día conozco personas,
tengo interacciones, me
encuentro en
situaciones,
circunstancias, sucesos,
relaciones; por la noche
también experimento
estas situaciones. La
diferencia es que en el
día parece haber una
explicación lógica,
racional, de lo que
ocurre. Nuestros sueños
no sólo son proyecciones
de nuestra conciencia;
son, de hecho, la
interpretación que
hacemos de las
trayectorias de nuestra
vida. Los mecanismos del
sueño y de lo que nos
pasa en lo que llamamos
realidad, son las mismas
proyecciones del alma.
Sólo somos observadores.
Así pues, empezamos
gradualmente a notar
correlaciones, imágenes
que se repiten tanto en
los sueños como en la
realidad cotidiana; más
coincidencias nos
ofrecen más pistas para
guiar nuestro
comportamiento;
empezamos a isfrutar más
oportunidades; tenemos
más «buena suerte».
Estas pistas señalan la
dirección que debemos
dar a nuestra vida. A
través del proceso de
recapitulación reparamos
en los patrones
recurrentes y empezamos
a desentrañar el
misterio de la vida.
Este proceso es
especialmente útil para
liberarse de hábitos
destructivos. La vida
tiene ciertos temas que
interpreta. A veces,
esos temas actúan a
nuestro favor pero
también en contra,
especialmente si
repetimos los mismos
patrones o temas una y
otra vez con la idea de
obtener un resultado
distinto. Por ejemplo,
muchas personas que se
divorcian vuelven a
enamorarse, pero
terminan en un tipo de
relación exactamente
igual a la que tuvieron
antes. Repiten el mismo
trauma, reviven la misma
angustia y luego
preguntan: «¿Por qué me
sucede lo mismo?» El
proceso de
recapitulación puede
ayudarnos a observar
estos patrones y una vez
que los hemos discernido
podemos tomar decisiones
más conscientes. La
revisión diaria de
nuestro día no es algo
en absoluto necesario,
pero nos ayuda a
comprender y a atraer
coincidencias a la
superficie.
Procura mantenerte
sensible, observa las
coincidencias en tu vida
diurna y en tus sueños,
y presta especial
atención a lo que
traspase el límite de
probabilidades, esto es,
la posibilidad
estadística de que un
acontecimiento ocurra en
el espacio-tiempo. Todos
necesitamos planear las
cosas hasta cierto
punto, elaborar
suposiciones sobre
mañana aunque de hecho
no sepamos qué va a
pasar. Cualquier cosa
que perturbe nuestros
planes o nos desvíe de
la trayectoria que
creemos llevar, puede
ofrecernos información
valiosa. Incluso la
ausencia de sucesos que
esperas puede ser una
pista que te indique la
intención del Universo.
Quienes tienen
dificultades para salir
de la cama en las
mañanas para ir a un
trabajo que odian, los
que no son capaces de
comprometerse con sus
actividades
profesionales, aquellos
que se sienten
emocionalmente «muertos»
después de un día en la
oficina, necesitan
prestar atención a esos
sentimientos. Son
señales importantes de
que debe haber una forma
de obtener más
satisfacción de la vida.
Tal vez un milagro está
esperando a la vuelta de
la esquina. Nunca lo
sabrás mientras no
formules una intención,
seas sensible a las
pistas que te ofrece el
Universo, sigas la
cadena de las
coincidencias y ayudes a
crear el destino que
tanto deseas.
Por supuesto, la vida
puede ser difícil y
todos tenemos tareas,
responsabilidades y
obligaciones cotidianas
que pueden llegar a
abrumarnos. Las
coincidencias pueden
volar hacia ti desde
todas direcciones o
pueden aparentar haberse
secado por completo.
¿Cómo encontrar el
camino en un mundo tan
complejo? Tómate cinco
minutos todos los días y
simplemente permanece
sentado en silencio.
Durante esos momentos,
plantéale estas
preguntas a tu atención
y a tu corazón: «¿Quién
soy? ¿Qué quiero para mi
vida? ¿Qué quiero de mi
vida hoy?» Entonces
relájate y deja que el
flujo de tu conciencia,
esa suave voz interior,
las conteste. Luego,
después de cinco
minutos, escríbelas. Haz
esto todos los días y te
sorprenderá cómo las
situaciones,
circunstancias,
acontecimientos y
personas se organizarán
en función de las
respuestas. Éste es el
comienzo del
sincrodestino.
La primera vez puede
resultar difícil
contestar estas
preguntas. Muchos no
estamos acostumbrados a
pensar en términos de
nuestras necesidades y
deseos, y si lo hacemos,
no creemos poder
satisfacerlos. Si no has
definido la meta de tu
vida por ti mismo, ¿qué
estás haciendo entonces?
Sería maravilloso si el
Universo pudiera
mostrarnos una gran
pista, o si prefieres,
una brújula gigante qué
nos señalara la
dirección que debemos
tomar.
El hecho es que la
brújula está ahí. Para
encontrarla sólo
necesitas buscar en tu
interior el deseo más
puro de tu alma, el
sueño que tiene para tu
vida. Siéntate en
silencio. Una vez que
revelas ese deseo y
comprendes su naturaleza
esencial, cuentas con un
punto de referencia
constante que puedes
expresar en forma de
símbolos arquetípicos.
Deepak Chopra

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