Hermanos adultos en conflicto


 




 

Cuando pensamos en las dificultades entre hermanos, generalmente las relacionamos a la niñez pero lo cierto es que los problemas pueden aparecer en la vida adulta de estos.

La idea de hermanos unidos y felices es parte de una idealización de lo que es una familia, pues los hermanos adultos pueden tener serios conflictos que o bien devienen en una solución o los hace quedarse atrapados en ellos.

Las razones para las rivalidades pueden ser muchas y pueden venir desde la infancia, lo cierto es que en muchas familias los conflictos entre hermanos crean un ambiente familiar lamentable y distante entre todos.

Estos conflictos suelen presentarse cuando al interior de las familias hay preferencias o cuando hay una desigual distribución de responsabilidades. Esto hace que el sentimiento de injusticia y falta de amor prevalezca y se perpetúe en las relaciones.

Por lo general, existen hermanos que tienen problemas entre ellos por la lucha del amor de sus padres, por el dinero de los mismos, o por usufructuar sus bienes. También existen verdaderas relaciones disfuncionales de hermanos que no se hablan y viven en un perpetuo desamor.

Las heridas de la infancia pueden abrirse y los hermanos adultos muchas veces experimentan una regresión emocional y adoptan papeles de la niñez hasta llegar a competir por la atención del padre. En ocasiones llegan a tomar apuntes sobre cuántos quehaceres han hecho cada uno.

 

Con o sin intención muchos padres pueden contribuir a esta regresión cuando están en una dinámica familiar en la que favorecen a un hijo por encima del otro, enfocando su atención y afecto en el hijo que en realidad es el menos involucrado de todos o en ése que es “problema”. Este hijo muchas veces es quien finalmente capta la atención de los padres pues se da por sentado que los otros vástagos lo tienen todo.

Siempre hay un camino para salir de esto, pero hay que atreverse a recorrerlo.


Las relaciones entre hermanos


La relación entre hermanos es una de las más importantes en la vida de las personas y una de las más duraderas y constantes, ya que empieza en la infancia y se suele prolongar durante toda nuestra existencia. La intensidad de esta relación varía a lo largo de nuestras vidas, soliendo ser más intensa en la infancia, y disminuyendo en la edad adulta al independizarnos y establecer nuevos vínculos familiares de mayor fuerza con el cónyuge y los hijos. De cualquier manera, estas relaciones influyen de una manera decisiva en el desarrollo de la persona.

1. Las relaciones en la infancia y adolescencia
2. Las relaciones en la edad adulta
3. La importancia de los hermanos en el desarrollo del niño


1. Las relaciones en la infancia y adolescencia

La relación del niño con sus hermanos enriquece su desarrollo.


Los niños pequeños entienden la relación con sus hermanos desde un punto de vista meramente social, para ellos los hermanos son aquellos niños con los que conviven y que comparten unos mismos padres.

Por lo tanto no harán distinción entre hermanos biológicos o adoptados, ni considerarán como tales a aquellos hermanos biológicos que debido a una separación crezcan en otra familia, su relación será más parecida a la de unos primos.

Las relaciones entre los hermanos dependerán de varios factores, entre los que podemos destacar:

- La diferencia de edad entre los hermanos.
- El sexo.
- El orden que ocupan los niños en el número de hermanos.
- El tamaño de la familia.
- La personalidad de los niños.
- Los gustos y afinidades entre los hermanos.
 

 

Cuando coinciden dos hermanos del mismo sexo y una diferencia pequeña de edad suelen tener una relación más intensa, ya que tienen más cosas en común pero también generan más conflictos entre ellos.

Esto es debido a que, en cierto modo, consideran al hermano como un rival, ya que defienden un rol similar dentro de la familia, cosa que no suele ocurrir cuando los hermanos son de distinto sexo o hay mucha diferencia de edad entre ellos.

El factor que más conflicto crea entre hermanos son los celos.

Cada hijo es un ser independiente con unas características propias y diferentes de la sus hermanos, tampoco nuestra relación con cada uno de ellos puede ser exactamente igual, por mucho que intentemos ser justos y equitativos.

Esta complejidad en las relaciones familiares puede generar un sentimiento de injusticia hacia su persona en alguno de nuestros hijos que se traduzca en hostilidad hacia su hermano.

Para evitar estas situaciones los padres debemos intentar evitar hacer comparaciones entre los niños delante de ellos, ser equitativos en nuestros castigos ante faltas similares y animar a nuestros hijos a que resuelvan sus propios conflictos siempre que esto sea posible.

Cuando hay una gran diferencia de edad entre hermanos, los pequeños verán a sus hermanos mayores como un referente para ellos, especialmente si son del mismo sexo y los mayores tendrán una actitud protectora hacia los pequeños. En estos casos la rivalidad no existe y la conflictividad en sus relaciones será bastante menor, ésta puede producirse porque los mayores consideren que tienen que ocuparse en exceso de sus hermanos pequeños o que éstos invaden su intimidad o porque los pequeños deseen ciertos privilegios que tienen sus hermanos debidos a su mayor edad.






2. Las relaciones en la edad adulta


La mayoría de los estudios sobre las relaciones entre hermanos se centran en la infancia o adolescencia, cuando los hermanos viven bajo el mismo techo.

Pero también es muy interesante observar que tipo de relaciones se establecen después de que los hermanos se independicen y establezcan nuevos vínculos creando parejas y nuevas familias.

Hay dos premisas que hacen inevitable que la relación cambie:

- Los hermanos abandonan la convivencia diaria y constante
- Se establecen nuevos vínculos afectivos con la familia propia que se anteponen a los existentes con la familia de origen. De hecho, cuando los hermanos permanecen solteros su relación prácticamente no se ve alterada con el paso del tiempo. Cuando los hermanos se casan, entra un nuevo elemento que condiciona la relación entre ellos. Este elemento es el cuñado o cuñada, si no hay una buena interrelación entre éstos y los hermanos y sus cónyuges la relación entre los hermanos se irá haciendo más débil.

La relación entre hermanos adultos puede variar, desde los inseparables que siguen teniendo contacto diario hasta aquéllos cuya relación es prácticamente inexistente. No obstante la gran mayoría de las personas siguen teniendo bastante contacto con sus hermanos en la edad adulta, esta relación se intensifica en muchas ocasiones en la vejez, siendo un apoyo muy importante en momentos duros, como en el caso de la viudez.

También se ha comprobado que por regla general conservan una relación más íntima y estrecha las hermanas que los hermanos varones.

Los conflictos entre hermanos en la madurez, suelen ser conflictos de intereses, ya que cada uno defenderá en primer lugar el interés de su propia familia.

Uno de los conflictos más generalizado surge cuando los padres no pueden valerse por sí mismos y hay que hacerse cargo de ellos.

También son característicos los conflictos relacionados con herencias.

En cualquier caso si la relación entre hermanos sigue siendo cercana y fluida, será mucho más fácil la resolución de estos problemas.






3. La importancia de los hermanos en el desarrollo del niño


Los hermanos influyen de una manera decisiva en el desarrollo del niño, sirven de referente y también de apoyo en las diversas situaciones que nos plantea la vida.

Las relaciones familiares de aquellos niños que tienen hermanos es mucho más rica que las de aquellos que no los tienen, su educación vital será más completa, ya que hay muchos conocimientos y experiencias que vivirán junto a sus hermanos y que complementan el desarrollo del niño.

Estas experiencias también pueden ser negativas en algunos casos, pero es lo menos frecuente.

Aunque los padres pongan un gran esfuerzo, difícilmente podrán sustituir esta relación que tienen los hermanos, ya que en ella se produce un factor de identificación e igualdad que no se produce en las relaciones entre padres e hijos.



Dª. Trinidad Aparicio Pérez
Psicóloga. Especialista en infancia y adolescencia.
Granada.




 

 










 











 



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