LA CURA DE LOS APEGOS:
LA SUPERACIÓN DE LOS APEGOS
 


 

 

¿Cómo desapegarnos de ideas, de cosas y de preocupaciones con los hijos, con las enfermedades,
las inseguridades y las imperfecciones?
¿Cómo encontrar en todo la esencia que no muere, que no desaparece ni termina?


Una lección de desapego vivió el filósofo Krishnamurti cuando su hermano, de quien era muy allegado, desencarnó. Los dos eran compañeros y muy unidos. Krishnamurti sintió terriblemente su falta. Ya no contaba con su presencia física, ya no veía su forma humana delante de él. Sufrió mucho, porque hasta entonces no había aprendido a percibir la esencia invisible del hermano amado.
 


En una bella poesía que escribió sobre ese pasaje de su vida, Krishnamurti relata cómo intentó disminuir, inútilmente, su sentimiento de pérdida. Recorrió los lugares por donde paseaban juntos, y en ninguno de ellos conseguía encontrar a su hermano. Después comenzó a buscarlo en el rostro de todas las personas, pero no lo veía en ninguno. Buscó a su hermano en todas las cosas y en todos los rincones, en las casas donde había vivido, y en ningún lugar lo hallaba.

Cansado de penar por su ausencia, en un momento de inspiración se volvió hacia su interior y descubrió, en su propio corazón, la presencia de su hermano, imperecedera.

Así, curado de sus profundos dolores tuvo, además, una experiencia totalmente inesperada: también en su propio corazón descubrió a todos los seres que los hombres denominan vivos y a todos los que denominan muertos.

 

La cura de los apegos soluciona los problemas más diversos. Entonces podemos encontrar las respuestas de muchas preguntas: "¿Cómo percibir la esencia de lo que nos rodea?, ¿Cómo no perder la armonía y la belleza que conocimos en antiguas civilizaciones?, ¿cómo no perder el amor de los que desencarnan?, ¿cómo no sentirnos inactivos si nuestro trabajo termina o se interrumpe, o si quedamos imposibilitados de trabajar por algún motivo? Si perdemos bienes materiales, ¿cómo no sentirnos robados de lo que ya pasó, de lo que poseímos en épocas de abundancia?, ¿cómo, en fin, encontrar la esencia de las cosas?"

 

La respuesta a todas esas preguntas es la misma: ir hacia dentro del propio corazón, hacia dentro del propio ser. Allí, la consciencia del alma, que es universal, nos aguarda desde siempre.

"¿Cómo hago para desapegarme de una idea?" Dirígete hacia dentro, hacia tu corazón.
"¿Cómo hago para desapegarme de mi actual manera de ser?" Dirígete hacia tu corazón.
"¿Cómo hago para soltarme de lo que me ata?" Dirígete hacia tu corazón, en dirección a tu centro.
"¿Cómo hago para trascender mis defectos?" Dirígete a tu esencia, a tu corazón.
"¿Cómo hago para superar mis complejos?" Dirígete a tu corazón, adentro de ti, a tu ser profundo.
"¿Cómo hago con esa enfermedad que los médicos no saben tratar?" Busca luz en tu corazón.
 

"¿Cómo hago con mis hijos, que no sé cómo educar?" Dirígete hacia dentro de tu ser, y allí encontrarás el amor para tratarlos.
"¿Cómo hago para llenar el vacío que siento en mi vida?" Dirígete hacia tu corazón.
"¿Cómo hago para resolver mi inseguridad, mis miedos?" Dirígete hacia tu corazón.

Es en el corazón donde los apegos se curan, porque allí está la esencia de todo. Allí, nada nos falta.

Si me dirijo a mi centro, no sólo encuentro la esencia de una casa, sino también la de un hermano, la de una especie de pájaro, la de una ropa que estoy usando. Entonces, las variadas apariencias se equivalen, y es lo mismo si un pájaro canta aquí o allá, es lo mismo si ante mí veo a un hermano consanguíneo o a otro ser, porque puedo amar a todos por igual.

Las dificultades se resuelven de forma simple cuando nos es dado penetrar la esencia de las cosas, cuando por fin conocemos la fuerza universal de nuestro propio corazón.

Fuente: Matrimonio, Unión y Cura, de Trigueirinho

 

 

 

 

 

 

 

 


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