Duelo por el suicidio de un ser querido

La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente.
                                                                                        FRANÇOIS MAURIAC

No existe una forma fácil de reconciliarse con la pérdida de un ser querido por suicidio. A continuación presentamos información que esperamos ayude a soportar el duelo de forma algo menos dolorosa.


La pérdida de alguien cercano produce un dolor y un duelo intensos. La pérdida de alguien por suicidio provoca con frecuencia distintas respuesta y emociones. El duelo tras una muerte por suicidio es prolongado. El estado de shock, el aislamiento social y el sentido de culpa son a menudo mayores y el elemento de elección plantea cuestionamientos dolorosos.


Puede experimentar alguno de los siguientes estados o todos ellos:

Intenso shock

El estado de shock e incredulidad que sigue a una muerte de este tipo puede ser muy intenso. Un aspecto habitual del dolor es recurrir a imágenes de la muerte, incluso si ésta no se presenció. El descubrimiento del cuerpo puede resultar otro acontecimiento traumático e imborrable. La vuelta una y otra vez a las aterradoras y dolorosas imágenes de la muerte y los sentimientos que provocan resulta una necesidad natural.

Uno se pregunta ¿por qué?

El duelo tras una muerte por suicidio implica con frecuencia una búsqueda prolongada de una explicación de la tragedia. Muchas personas llegan a aceptar finalmente que nunca sabrán realmente el porqué. En esta búsqueda de explicaciones, distintos miembros de la misma familia pueden tener ideas muy diferentes relativas a la razón por la que ha tenido lugar una muerte. Ello puede provocar una tensión sobre las relaciones familiares, especialmente cuando hay implicado un elemento de culpa.

Uno se pregunta ¿podría haberse evitado?

Es habitual volver una y otra vez a la pregunta de cómo podría haberse evitado la muerte y cómo podría haberse salvado al ser querido. Todo puede parecer dolorosamente obvio, cuando se mira hacia atrás. Los «¿Qué hubiera ocurrido si...?» pueden parecer interminables. Rebobinar los acontecimientos es una forma natural y necesaria de hacer frente a lo ocurrido. Hay estudios que indican que algunas personas desconsoladas por el suicidio experimentan más culpa, autoculpa y autocuestionamiento que otras, que padecen de una forma distinta.

Abandono/rechazo

Puede experimentar una sensación de rechazo. Es habitual sentirse abandonado por alguien que "elige" morir.

"Estaba disgustado porque no había acudido a nosotros para hablar. Creo que todos pasamos por una fase de ira en algún momento. Piensas: "¿Cómo pudiste hacernos esto?"".

Una hermana cuyo hermano se quitó la vida.

Miedos y sentimientos suicidas
 


La desesperación es una parte natural del proceso de duelo, pero tras el suicidio de un ser querido la desesperanza puede ir combinada con miedo por la propia seguridad. La identificación con alguien que se ha quitado la vida puede ser profundamente amenazadora para el propio sentimiento de seguridad. Puede sufrir más ansiedad que las personas que se desconsuelan de un modo distinto y ser más vulnerable a los sentimientos suicidas.

La atención de los medios

Una muerte por suicidio u otras causas inesperadas puede atraer el interés público. La investigación que se puede abrir por ley llama la atención sobre la persona que ha muerto y sobre los familiares y amigos cercanos. La atención de los medios puede ser muy estresante para los familiares y amigos afligidos, en especial cuando los medios cubren una muerte de forma insensible o poco precisa.

Estigma y aislamiento

Las actitudes sociales frente al suicidio están cambiando, pero aun así pueden limitar el apoyo que se encuentra disponible. El silencio de los demás puede reforzar los sentimientos de estigma, vergüenza y de "diferencia". Si los demás se sienten avergonzados, incomodados o evasivos respecto al suicidio, uno puede llegar a sentirse intensamente aislado. Pueden negarse las oportunidades de hablar, recordar y celebrar todos los aspectos de la vida y personalidad del ser querido. Asimismo, puede sentirse la imperiosa necesidad de proteger al ser querido y a sí mismo del juicio de los demás.

Una madre que escribió sobre la muerte de su hijo señaló que no nos han enseñado nunca qué decir a alguien que ha padecido un suicidio en la familia. Comentaba su necesidad de oír lo mismo que puede decirse a alguien que ha experimentado la muerte de un ser cercano: "Siento muchísimo tu dolor, ¿hay algo que yo pueda hacer? Si necesitas hablar sobre ello, sé escuchar. Tengo un hombro sobre el que puedes llorar".

© The Royal College of Psychiatrists (El Real Colegio de Psiquiatras) 1997 Extraído del dossier informativo sobre el duelo por el suicidio de un ser querido, de Kate Hill, Keith Hawton, Aslog Malmberg y Sue Simkin
Reproducido con la amable autorización de The Royal College of Psychiatrists



Necesidades
Se consultó a un grupo de canadienses que experimentaba el duelo por el suicidio de un ser querido. Sentían que necesitaban ayuda y apoyo en:

•ver el suicidio en perspectiva
•superar los problemas familiares causados por el suicidio
•sentirse mejor con sí mismos
•hablar sobre el suicidio
•obtener información objetiva sobre el suicidio y sus efectos
•contar con un lugar seguro para expresar sus sentimientos
•entender y superar las reacciones de otras personas frente al suicidio
•obtener consejos sobre cuestiones prácticas/sociales
© The Royal College of Psychiatrists (El Real Colegio de Psiquiatras) 1997 Extraído del dossier informativo sobre el duelo por el suicidio de un ser querido, de Kate Hill, Keith Hawton, Aslog Malmberg y Sue Simkin
Reproducido con la amable autorización de The Royal College of Psychiatrists (El Real Colego de Psiquiatras).
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Duelo por el suicidio de un ser querido


Ayuda y apoyo
¿Cuándo es el momento de obtener ayuda?


La pena es dolorosa y agotadora. No resulta siempre fácil decir cuándo puede haber llegado la hora de pedir ayuda. Puede elegir buscar ayuda si:

•continúa sintiéndose paralizado y vacío unos meses después de la muerte del ser querido •no puede dormir o sufre pesadillas
•siente que no puede soportar los sentimientos intensos o sensaciones físicas como el agotamiento, la confusión, la ansiedad o pánico y la tensión crónica •se siente abrumado por los pensamientos y sentimientos que le han sobrevenido a causa de la muerte de un ser querido, como pueden ser la ira, el sentimiento de culpa o de rechazo
•siente la necesidad de compartir su dolor pero no tiene a nadie con quién hacerlo •se mantiene constantemente activo para no sentir (por ej. trabajando todo el tiempo)
•constata que ha estado bebiendo o tomando drogas de forma excesiva
•constata que se está preocupando o está pensando sobre el suicidio usted mismo
•tiene miedo porque las personas que le rodean son vulnerables y no pueden hacer nada frente a su dolor
Algunas fuentes de apoyo y el modo en que pueden ayudarle:

Grupos de autoayuda
Éstos permiten el encuentro con otras personas para compartir sentimientos y experiencias, lo que puede aportarle consuelo..

Médicos locales

•pueden escuchar, hablar y ofrecer apoyo emocional
•pueden ayudarle respecto a problemas como el insomnio, la ansiedad o la depresión
•pueden aconsejarle sobre otras fuentes de ayuda
El apoyo variará en función del médico. No siempre es posible hablar sobre lo que ha ocurrido en una visita corta. Podría escribir al médico antes de la visita para tomarse el tiempo suficiente.

Asesoramiento

•ofrece más tiempo para hablar sobre las cosas o un apoyo a más largo plazo
•no le fuerza a hurgar en el pasado, sino que por lo contrario le ofrece ayuda en la crisis emocional y los cambios vitales a los que pueda estar haciendo frente
•puede suponer un alivio pues le permite hablar con un desconocido en un entorno seguro
Religión

•puede ser una fuente de fuerza y apoyo si tiene creencias religiosas
•los representantes religiosos locales pueden constituir una inestimable fuente de apoyo
Centros de ayuda
•ofrecen un apoyo confidencial a quienquiera que se encuentre afligido o desesperado y que pueda estar experimentando sentimientos suicidas. Para encontrar una línea de ayuda telefónica, haga clic aquí.
Organizaciones especialistas en el duelo por el suicidio de un ser querido
Los siguientes enlaces corresponden a algunas organizaciones especialistas en el duelo:

Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio
www.med.uio.no/iasp/english/cs.html

Asociación Americana de Suicidología
www.suicidology.org/displaycommon.cfm?an=6

Asociación Canadiense para la Prevención del Suicidio
www.casp-acps.ca

Recursos del Reino Unido

En la versión completa del dossier sobre el duelo por el suicidio de un ser querido del Real Colegio de Psiquiatras se incluye una lista completa de organizaciones especializadas en dicho duelo, en el Reino Unido, así como libros útiles. Puede descargar un PDF o el dossier entero aquí.


© The Royal College of Psychiatrists (El Real Colegio de Psiquiatras) 1997 Extraído en su mayoría del dossier informativo sobre el duelo por el suicidio de un ser querido, de Kate Hill, Keith Hawton, Aslog Malmberg y Sue Simkin Reproducido con la amable autorización de The Royal College of Psychiatrists (El Real Colegio de Psiquiatras).



Suicidio. SOBREVIVIENTES DEL DOLOR


Es considerada una de las muertes más difíciles de superar y, lamentablemente, una de las más comunes. Se los conoce como los sobrevivientes del suicidio. La culpa, la tristeza, la rabia, la ansiedad y hasta la vergüenza marcan a estas personas que luchan por volver a armar el rompecabezas de su existencia después de la trágica muerte de un ser querido

Texto: Anna Infantas*



Sereno, se paró frente al ataúd y dijo: "Hermano, no hemos venido a criticarte ni a juzgarte... sólo queremos acompañarte". Las lágrimas corrían por los rostros de los familiares y amigos de aquel militar que un viernes de octubre tomó la irremediable decisión de morir. Aún sin poder entender qué pasó, con mil preguntas rondando en sus cabezas, la decisión de este padre de tres hijos, que estaba sumido en una profunda depresión, no les dejó otra alternativa que enterrar su joven existencia.
Han pasado más de tres semanas desde el día que encontraron a Enrique, de 37 años, en el baño de un hotel sosteniendo una pistola y una carta que sólo unos cuantos han leído. Esa imagen no sólo quedó grabada en la retina de quienes lo amaron, sino también en la página de un periódico que lo colocó como una tenebrosa postal. "Se suicida oficial del ejército", decía el título de la nota.
"Aún no salimos del shock. La que más me preocupa es mi madre, porque el teléfono no deja de sonar o siempre hay alguien tocando la puerta haciéndole recuerdo de lo que leyó en ese diario. Es duro y no sé cuánto tiempo nos llevará salir de esto…", dice Luis, el hermano mayor.
Y es que así es el suicidio, cambia la vida de la noche a la mañana, arrastrando consigo sentimientos encontrados de culpa y de vergüenza, de tristeza y de rabia. Las cifras son devastadoras, como los testimonios que las nutren: la Organización Mundial de la Salud calcula que más de un millón de personas fallecen cada año por esta causa. Bolivia, por supuesto, no es la excepción de la regla. El Sistema Nacional de Información de Salud registró 7.981 casos en los últimos cuatro años. Aunque no lo crea, aclara la suicidóloga Ivonne Rendón, mueren más por suicidio que por homicidios, accidentes o guerras.
La experiencia de la terapeuta no sólo sale de los libros, sino que también fue una dura lección que asimiló después de que una joven líder de Sucre, a la que quería como a una hija, se mató.
"Es la muerte más dolorosa, porque uno siente que esa persona es arrancada. Es como si un pedazo de tu corazón se fuera con ella. La vida ya no es la misma. Pero uno tiene que acostumbrarse a estar sin ese ser". Aquel incidente marcó tanto a Ivonne que, junto a otros voluntarios, formó el Centro de Asistencia y Prevención del Suicidio - Bolivia (CAPS), que el año pasado atendió a 800 personas y en lo que va de 2006 ya suman 400 las consultas que llegan por teléfono o correo electrónico.
Ella, como tantos otros, forma parte de ese ejército silencioso llamado 'sobrevivientes del suicidio', una de las muertes más complejas y traumáticas de superar, ya que el tipo de muerte determina en gran medida la complicación en un duelo... "Normalmente éste se puede alargar, a lo mucho, a unos meses o a un año, pero en el caso del suicidio toma alrededor de dos años y si el duelo es patológico pueden transcurrir 20 y los familiares siguen llorando su pérdida", explica Rendón.
El silencio se convierte en una constante a la hora de afrontar esta realidad; por ello, Edwin Shneidman, considerado el padre del movimiento de prevención del suicidio en Estados Unidos, decía: "La persona que se suicida deposita todos sus secretos en el corazón del sobreviviente, le sentencia a afrontar muchos sentimientos negativos, lo que puede ser una carga emocional muy pesada".
A esa imposición se suma un peso más: la etiqueta social, la connotación negativa, que los hace sentir vergüenza y hasta los juzga. La sociedad se vuelve el verdugo de los sobrevivientes y los culpa como si hubieran cometido un error, pero el suicidio -tal como concuerdan los especialistas- no es atribuible a nadie más que a la persona que tomó esa medida tan extrema. Por ello, cuando llega esta consulta a CAPS-Bolivia, suelen dejar claro este mensaje: "Recuerda que no pudiste elegir por él o ella, y que la decisión fue enteramente suya. Acepta también que a pesar de lo que hayas podido decirle, tus palabras no han tenido nada que ver con su decisión (...) Un duelo por suicidio necesita más tiempo para sanar. Sé paciente contigo mismo y verás el día que aceptes su decisión"… "Lo que pasa es que la sociedad siempre califica, entonces puede decir que los padres fueron malos, porque no le dieron buena educación, o que la enamorada era muy perversa. Todo depende de la gota que derramó el vaso para que esa persona se mate, aunque el suicidio sea una acumulación de problemas que no ha podido resolver", acota Rendón.
Considerada la crisis más dolorosa que tiene que afrontar cualquier familia, esta experiencia lleva a los sobrevivientes a realizarse exámenes de conciencia, cuestionamientos que se traducen en sufrimientos hasta reacciones enfermizas, como una descomposición emocional. Los dolientes "se sienten incapaces de comprender qué pudo haber llevado a tomar una medida tan extrema. Incluso pueden llegar a sentir enojo contra esa persona, una emoción totalmente normal, o culpable al preguntarse si hubieran podido evitarlo. En algunos casos, después de una pérdida traumática, llegan a deprimirse y necesitar ayuda especial para aliviarse", explica Lourdes Heredia, una suicidóloga que trabaja con el Servicio de Orientación Familiar (SOF).
Entonces, ¿cómo superar este dolor? Lo primero es entender que cada individuo enfrenta de diferente forma esta realidad, aunque se dificulta dependiendo de la naturaleza del suicidio, la relación con la persona y la edad en la que murió. Por ejemplo, un padre puede experimentar dolor acompañado de culpa, mientras que un hijo puede tener coraje por haber sido abandonado, además de miedo y confusión por su futuro incierto.
Heredia considera que existen muchas vías de escape: algunos, por ejemplo, buscarán apoyo y encontrarán alivio en los buenos recuerdos; otros tratarán de mantenerse ocupados para alejar de su mente esa pérdida; también estarán los que se deprimen, se alejen de los amigos y de las situaciones que les traerán malos recuerdos, y unos pocos canalizarán ese dolor involucrándose en actividades peligrosas y autodestructivas. "Hacer cosas como beber, drogarse o cortar su cuerpo pueden aplacar el dolor, pero la sensación es únicamente temporal. No se lo está enfrentando, simplemente se lo está enmascarando, eso hace que los sentimientos se acumulen en el interior, prolongando el duelo", acota Heredia.
Del reproche de los sobrevivientes nacen las preguntas: ¿por qué lo hizo?, ¿pudimos haberlo evitado?... Las mejores respuestas salen de uno de los mensajes que CAPS manda a quienes les consultan y que dice así: "Por más que lo intentas, no consigues entender qué le llevó a quitarse la vida. Procura no atormentarte demasiado buscando el porqué, y con el tiempo algunas respuestas irán saliendo a la luz". "El gran problema es que muchas veces se cargan las culpas que no se deberían cargar, porque al final la decisión fue tomada por una persona. Hay que asimilarlo, hay que respetar la decisión de ese ser que partió por más doloroso que sea. No queda más", apunta Herrera, que también es presidenta de la Red Mundial de Suicidología.
Es importante diferenciar que hay dos formas de pasar este dolor: 'estar en duelo'; es decir, cuando la persona se deja llevar, deja que transcurra el tiempo y que éste sea el que todo lo sane, y 'hacer el duelo', una actitud que se aconseja trabajar con un especialista para poder asimilar más rápido esta realidad. El riesgo está en caer en el llamado duelo patológico, un padecimiento que se torna constante en la persona. Para Heredia, el llanto se torna en una reacción muy saludable que contradice la frase: "No llores, ponte fuerte". "Al contrario, permitirlo es beneficioso para el que sufre. El familiar se siente triste por la pérdida y tiene la necesidad de expresar su pesar mediante el llanto inconsolable. Reprimir a alguien en sus emociones puede provocar el duelo patológico, que es un duelo prolongado hasta el surgimiento de una enfermedad física, porque 'la pena que no se derrama en lágrimas hace llorar a otros órganos", expone Heredia. Las consecuencias a las que se refiere la experta pueden variar entre el estrés postraumático y el somatizar enfermedades.
Para evitar estos males, el primer paso de la recuperación consiste en sacar todo lo de adentro y no bloquear nada. "Contar, hablar de la persona y en vez de acordarse del momento doloroso que fue encontrar el cadáver, recordar las cosas bonitas que se vivieron juntos", señala Rendón. Para ello, los estudios demuestran que una de las necesidades básicas de los sobrevivientes es expresar sus pensamientos en un ambiente seguro, donde no se sientan criticados ni juzgados. Usualmente los tratamientos enseñan a manejar el coraje y, sobre todo, la culpa. En algunos países, como Estados Unidos, existen grupos de autoayuda y hasta una Red Internacional de Sobrevivientes del Suicidio. Allí, la terapeuta Airi Värnik explica algo que, para ella, es básico en la recuperación: "Si se logra que abran sus sentimientos y expresen lo que les pasa, el proceso de curación comienza, de lo contrario las personas quedan paralizadas en su dolor. Lo principal es que los sobrevivientes no se sientan ni culpables ni avergonzados y que no se transformen ellos en suicidas" (cuadro). Para Ivonne Rendón todo el éxito dependerá de la disposición de la persona de tomar de forma activa el 'hacer el duelo' y no quedarse en él. "Si ayuda disipar las dudas del porqué se mató alguien, un terapeuta tranquilamente puede ayudar; pero si los familiares respetan la decisión que tomó y a partir de eso puede superar su duelo, pues magnífico. Se debe hacer todo lo posible para pasar esta etapa".
Hay quienes dicen que el sufrimiento puede enseñar a dar un nuevo sentido a la vida, que ayuda a cambiar los valores y las prioridades. Tal vez eso fue lo que pensó una familia cuando escribió una carta a un ser querido después del suicidio. Entre otras cosas, dice: "Pensamos en ti, aun cuando los recuerdos nos entristecen. Sin embargo, no hemos renunciado a vivir y a tener esperanza, a pesar de la amargura. Nos habrás visto un poco más sonrientes: nuestro deseo es que tú hayas encontrado la paz que buscabas. En nuestra plegaria pedimos poder abrazarte de nuevo, al final de nuestros días".

*Ilustraciones de La Nación.

Para saber...

¿Qué es un suicidio?
La palabra suicidio procede del latín y se compone de dos términos: sui, de sí mismo, y caedere, matar; es decir, 'matarse a sí mismo'.
Relaciones peligrosas
Usualmente, los familiares y amigos de alguien que ha cometido suicidio enfrentan tres situaciones interrelacionadas: la pérdida de la vida, la naturaleza repentina de la muerte y la carga de tener que manejar los sentimientos que produce un suicidio.
Etapas del dolor
La primera manifestación de la familia del suicida es una fase de shock, una marcada tristeza acompañada por síntomas físicos como la falta de aire, dolores de cabeza, sentimientos de irrealidad, trastornos del sueño y apetito. Luego continúa una fase de rabia, que puede dirigirse contra otros: médicos, amigos, a sí mismo, el suicida, Dios, etc. A esta etapa le sigue la de la culpabilidad y la vergüenza, donde es notoria la angustia por no haber previsto el desenlace fatal, pensamientos repetitivos y recuerdos del fallecido. Por último llega el momento de reorganización que permite a la familia reorientar sus energías psíquicas a nuevas motivaciones si el duelo es resuelto de forma satisfactoria.
Favorecer el duelo
Es útil tomar determinadas medidas que faciliten la elaboración del duelo y, por tanto, su evolución dentro de límites normales. Estas medidas son:
- Retirar fotos del fallecido de los lugares donde con frecuencia se reúne la familia. Cuando el duelo se haya resuelto, se puede colocar alguna donde se estime, pues ya no se recordará con la intensidad afectiva de los primeros días. Mientras, es mejor tener algún lugar para ir expresamente a eso y no donde se encuentre la imagen con solo pasar.
- No llevar fotos del fallecido consigo en billeteras, documentos de identificación, medallas, etc.
- Retirar sus objetos personales, guardándolos en un lugar seguro, pero no visibles a simple vista.
- No asistir con frecuencia al cementerio.
- Permitir que los niños continúen viviendo su rutina cotidiana, esto es, jueguen, vean los programas infantiles en la televisión, etcétera.
- No olvidar que el adolescente tiene su propia manera de experimentar su aflicción. Aunque se le vea riendo en determinados momentos, él sufre tanto como los adultos.
- Es conveniente hablar con los menores sobre lo ocurrido y relacionar siempre el suicidio con la locura (aunque no sea cierto), pues esta asociación puede disminuir la posibilidad de imitación, "el loco es el que se suicida y yo no lo estoy, por tanto, yo no me suicido".

Fuente: Lourdes Heredia y Sergio Andrés Pérez Barrero

¿Una herencia suicida?

Para la especialista Lourdes Heredia es una creencia equivocada, aunque se puedan encontrar varios miembros de una misma familia que hayan terminado sus vidas por suicidio. “En estos casos lo que se hereda es la predisposición a solucionar los problemas mediante el suicidio o a padecer determinada enfermedad mental en el cual el riesgo del suicidio es un síntoma principal, como los trastornos afectivos y la esquizofrenia”, justifica Heredia. Por su parte, Ivonne Rendón destaca la palabra imitación, de allí la necesidad de contar con el apoyo de profesionales, “porque si el suicidio es tomado como una solución puede que se la copie”. Hay investigaciones que aseguran que un niño cuyo papá intentó o llevó a cabo el suicidio, es ocho veces más susceptible a suicidarse que los demás chicos de su edad. Por ello, ya en 1841, William Farr sentenciaba: “No hay un hecho mejor establecido que el efecto imitativo de la conducta suicida”. Por eso la importancia del manejo que hacen los medios de comunicación sobre el suicidio, no sólo como una herramienta de prevención, sino también por lo doloroso que es para la familia ver imágenes que les recuerdan su trágica pérdida, además que sólo vienen a alimentar el estigma social que acarrea.


http://www.eldeber.com.bo/extra/2006-11-05/nota.php?id=44

 

     
   
 
     
     
   

 

 

 


 

 


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