En estos tiempos de nueva conciencia, y desde distintas perspectivas, se esta fijando la atención en el interior del ser humano como nunca antes se había hecho.
Hace unas cuantas décadas se gastaban sumas enormes de dinero para explorar el espacio exterior. El interés de las grandes potencias estaba centrado en la carrera espacial, llegar primero a los distintos rincones de nuestro sistema solar y así "conquistar el espacio".
Y bastantes años después algo sucedió en una nave espacial camino de la luna. Algo que paso desapercibido y que desde
luego no llamo mucho la atención en aquel entonces, ya que las crónicas ni siquiera registran la fecha exacta en la que sucedió.
Unos sensores fotográficos, probablemente ya obsoletos, desde el punto de vista tecnológico, lo hicieron posible: A la Tierra llego, por primera vez en la historia, la imagen de nuestro planeta visto desde el espacio.
Desde ese momento ya nada fue igual. Algo comenzó a cambiar de forma sutil, pero evidente. Nos vimos "desde fuera", y eso tuvo un impacto psicológico profundo en el inconciente colectivo de la humanidad.
Sencillamente, acabábamos de cambiar el enfoque, el punto de vista sobre el planeta en que vivimos, y pudimos observarlo tomando una distancia que jamás los mapas ni los globos terráqueos habían permitido ¿No creéis que esta imagen se ha reproducido hasta la saciedad?... Para muchos, se ha convertido en una mandala, y algunos grupos ecologistas la utilizan como bandera.
 

Y curiosamente, no se sabe tampoco en que momento la atención mundial de los investigadores empezó a cambiar de dirección.
Del espacio exterior se comenzó a estudiar el espacio interior.
Ahí están los avances de los últimos tiempos para probarlo: descubrimiento del genoma humano, capacidad de manipular el ADN, la revolución de la informática (¿que son las computadoras, sino proyecciones biónicas de lo procesos de razonamiento de la mente?), creación de vida en el laboratorio con los llamados "niños probeta"... No en vano a la década de los 90 se la ha llamado LA DÉCADA DEL ESTUDIO DEL CEREBRO.

Este interés es un signo planetario de que algo esta cambiando en toda la humanidad.
Los hombres han empleado siglos en proyectarse hacia el exterior:

 expandiéndose, conquistando, sometiendo a los mas débiles, luchando por dominar la naturaleza, y, de paso, acabando con el equilibrio del ecosistema.
En definitiva, lo de siempre: dominar para poseer. Tener antes que ser.
Pero el tiempo del viaje interior parece que ha llegado.
Para llegar al mundo nuevo hay que traspasar los umbrales de los mundos interiores.
Y pese a todos los males que nos aquejan, la luz de la esperanza sigue brillando.
Una inmensa minoría intuye una metamorfosis de la conciencia.
Un salto evolutivo de incalculables consecuencias. El como se realice, ya es harina de otro costal.
Los catastrofistas lo tienen fácil, desde luego. Y el optimismo no encuentra muchas bases reales en las que asentarse.
Pero es que no se ve bien; lo decía al principio: la hora mas oscura es justo antes del amanecer.
Somos todos viajeros. Buscadores reencontrados por los eones de la eternidad.
Compañeros de ruta que comienzan a vislumbrar una certeza compartida: algo nos da bienvenida al camino de regreso que lleva hasta el conocimiento.
Este camino es único, personal, y a la vez plural.
Estamos como Indiana Jones, a la búsqueda del conocimiento perdido que es el retorno al centro.
Se puede conseguir amigos/as. ¡Luchemos!

Maica
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