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EMPEZANDO EL CAMINO
A sí empieza el camino de las lágrimas. Así,
conectándonos con lo doloroso. Porque así es
como se entra en este sendero, con este peso,
con esta carga. Y también con esta creencia
irremediable: la supuesta conciencia de que no
lo voy a soportar. Porque todos pensamos al
comenzar este tramo que es insoportable. No es
culpa nuestra; hemos sido entrenados por los más
influyentes de nuestros educadores para creer
que no soportaremos el dolor, que nadie puede
superar la muerte de un ser querido, que
podríamos morir si la persona amada nos deja,
que la tristeza es nefasta y destructiva, que no
somos capaces de aguantar ni siquiera un momento
de sufrimiento extremo de una pérdida importante.
Y nosotros vivimos así, condicionando nuestra
vida con estos pensamientos, que como la mayoría
de las creencias aprendidas son una compañía
peligrosa y actúan como grandes enemigos que nos
empujasen a veces a costo mayores que los que
supuestamente evitan. En el caso de las pérdidas,
por ej, pueden extraviarnos de la ruta hacia
nuestra liberación definitiva de lo que ya no
está. Hay una historia verídica, que sucedió en
África. Seis mineros trabajaban en un túnel muy
profundo. De repente un derrumbe los dejó
aislados del afuera sellando la salida. En
silencio cada uno miró a los demás. Con su
experiencia se dieron cuenta de que el problema
sería el oxígeno. Si hacían todo bien les
quedaba unas tres horas de aire, cuanto mucho
tres horas y media. Mucha gente de afuera sabían
que estaban allí atrapados, pero un derrumbe
como ese significaba horadar otra vez la mina,
podrían hacerlo antes de que se termine el aire?
Los mineros decidieron que debían ahorrar todo
el oxígeno que pudieran. Acordaron hacer el
menor esfuerzo físico, apagaron las lámparas que
llevaban y se tendieron en silencio en el piso....era
difícil calcular el tiempo que pasaba...
incidental- mente uno tenía reloj. Hacía él iban
todas las preguntas ¿cuánto tiempo pasó? ¿Cuánto
falta? ¿Y ahora? El tiempo se estiraba, cada
minuto parecía una hora y la desesperación
agravaba más la tensión. El jefe se dio cuenta
que si seguían así, la ansiedad los haría
respirar más rápidamente y esto los podía matar.
ordenó a el que tenía el reloj que sólo él
controlara el paso del tiempo y avisara cada
media
hora. Cumpliendo la orden, a la primera
media hora dijo "ha pasado media hora" Hubo un
murmullo entre ellos y una angustia que se
sentía en el aire.. El hombre del reloj se dio
cuenta de que a medida que pasaba el tiempo, iba
a ser cada vez más terrible comunicarles que el
minuto final se acercaba.
Sin consultar a nadie decidió que ellos no
merecían morir sufriendo. Así que la próxima vez
que les informó la media hora habían pasado 45
minutos. No había manera de notar la diferencia.
Apoyado en el éxito del engaño de la tercera
información la dio casi una hora después... así
siguió el del reloj, cada hora completa les
informaba que había pasado media hora. ...La
cuadrilla apuraba la tarea de rescate, sabían en
qué cámara estaban atrapados y que sería difícil
poder llegar antes de cuatro horas. Llegaron a
las cuatro horas y media. Lo más probable era
encontrar a los seis mineros muertos.
Encontraron vivos a cinco de ellos. Solamente
uno había muerto de asfixia...el que tenía el
reloj. Esta es la fuerza que tienen las
creencias en nuestras vidas. Esto es lo que
nuestros condicionamientos pueden llegar a hacer
de nosotros. Cada vez que construyamos una
certeza de que un hecho irremediablemente
siniestro va a pasar, no sabiendo cómo (o
sabiéndolo) nos ocuparemos de producir, de buscar,
de disparar (o como mínimo de no impedir) que
algo de lo terrible y previsto nos pase
realmente. De paso y como en el cuento, el
mecanismo funciona también al revés: Cuando
creemos y confiamos en que se puede seguir
adelante, nuestras posibilidades de avanzar se
multiplican. Claro que si la cuadrilla hubiera
tardado doce horas, no habría habido pensamiento
que salvara a los mineros.
NO digo que la actitud positiva por sí misma sea
capaz de conjurar la fatalidad o de evitar
tragedias. Digo que las creencias
autodestructivas indudablemente condicionan la
manera en la cual enfrento las dificultades. El
cuento de los mineros debería obligarnos a
pensar en estos condicionamientos. Y empiezo
desde aquí porque uno de los falsos mitos
culturales que aprendimos con nuestra educación
es que no estamos preparados para el dolor ni
para la pérdida.
Repetimos casi sin pensarlo: "No hubiera podido
seguir si lo perdía" "No puedo seguir si no
tengo esto" "No podría seguir si no consigo lo
otro" Cuando hablo de dependencias, digo siempre
que cuando tenía algunas horas o días de vida,
era claro, aunque yo no lo supiera todavía, que
no podía sobrevivir sin mi mamá o por lo menos
sin alguien que me diera cuidados maternales; mi
mamá era entonces imprescindible para mí porque
yo no podía vivir sin su existencia. Después de
los tres meses de vida seguramente me hice más
consciente de esa necesidad pero descubrí además
a mi papá y empecé a darme cuenta de que
verdaderamente no podía vivir sin ellos. Algún
tiempo después ya no eran mi mamá y mi papá, era
MI familia, que incluía a mi hermano, algunos
tíos y alguno de mis abuelos. Yo los amaba
profundamente y sentía, me acuerdo de esto, que
no podía vivir sin ellos. Más tarde apareció la
escuela y con ella, la Srita Angeloz, el
Sr.Almejúm, La Srita Mariano y el Sr.Fernández,
maestros a quienes creí a su tiempo
imprescindibles en mi vida. En la escuela
República de Perú conocí a mi primer amigo
entrañable "Pocho" Valiente, de quién pensé en
aquel momento que nunca, nunca, podría separarme.
Siguieron después mis amigos del colegio
secundario y Rosita, mi primera novia, sin la
cual, por supuesto, creía que no podía vivir. Y
después la Universidad, pensaba que no podía
vivir sin mi carrera. Hasta que a los 21 años,
después de algunas novias, también
imprescindibles, conocí a Perla y sentí
inmediatamente que no podía vivir sin ella.
Quizás por eso hicimos una familia sin la cual
no sabría cómo vivir, Y así seguí sumando ideas,
descubriendo más imprescindibles, mi profesión,
algunos amigos, el trabajo, la seguridad
económica, el techo propio y aún después, más
personas, situaciones y hechos sin los cuales no
podía vivir. Hasta que un día, exactamente el 23
de Noviembre de 1979, me di cuenta que no podía
vivir sin mí. Yo nunca me había dado cuenta de
esto, nunca noté que yo era imprescindible para
mí mismo. ¿Estúpido, verdad? Todo el tiempo
sabía yo sin quién no podría vivir y nunca me
había dado cuenta, hasta los treinta años, de
que sobre todo, no podía vivir sin mí. Fue
interesante de todas formas confirmar que sería
verdaderamente difícil vivir sin algunas de esas
otras cosas y personas, pero esto no cambiaba el
nuevo darme cuenta "Me sería imposible vivir sin
mí." Entonces empecé a pensar que algunas de las
cosas que había conseguido y algunas de las
personas sin las cuales creía que no podía vivir,
quizás un día no estuvieran. Las personas podían
decidir irse, no necesariamente morirse,
simplemente no estar en mi vida. Las cosas
podían cambiar y las situaciones podían volverse
totalmente opuestas a como yo las había conocido.
Y empecé a saber que debía aprender a prepararme
para pasar por estas pérdidas. Por supuesto que
no es igual que alguien se vaya a que ese
alguien se muera. Seguramente no es lo mismo
mudarse de una casa peor a una casa mejor, que
al revés. Claro que no es lo mismo cambiar un
auto todo desvencijado por un auto nuevo, que a
la inversa. Es obvio que la vivencia de pérdida
no es la misma en ninguno de estos ejemplos,
pero quiero decir desde el comienzo que siempre
hay un dolor en una pérdida. Perder es dejar
algo "que era", para entrar en otro lugar donde
hay otra cosa "que es". Y esto "que es" no es lo
mismo "que era" Y este cambio, sea interno o
externo, conlleva un proceso de elaboración de
lo diferente, una adaptación a lo nuevo, aunque
sea para mejor. Este proceso se conoce con el
nombre de "elaboración del duelo". Mejorar
también es perder:
Como su nombre lo indica, los duelos...duelen. Y
no se puede evitar que duelan. Quiero decir, el
hecho concreto de pensar que voy hacía algo
mejor que aquello que dejé es muchas veces un
excelente premio consuelo, que de alguna manera
compensa con la alegría de esto que vivo el
dolor que causa lo perdido.
Pero atención: COMPENSA pero no EVITA APLACA
pero no CANCELA ANIMA a seguir pero no ANULA la
pena. Siempre recuerdo el día que dejé mi primer
consultorio Era un departamento alquilado realmente
rasposo, de un solo ambiente chiquitito, oscuro,
interno, bastante desagradable. A veces digo que
no soy psicoanalista porque el paciente acostado
no entraba en ese consultorio, había que estar
sentando. Y un día, cuando me empezó a ir mejor,
decidí dejar ese depto. para irme a un
consultorio más grande, de dos ambientes, mejor
ubicado. Para mí era un salto impresionante. Y
sin embargo, dejar ese consultorio, donde yo
había empezado, me costó muchísimo. Si no
hubiera sido por mi hermano que vino a ayudarme
a sacar las cosas, me habría quedado sentado,
como estaba cuando él llegó, mirando las
paredes, el techo, las grietas del baño, mirando
el calefón eléctrico...porque no hubiera podido
ni empezar a poner las cosas en los canastos. Él
me había venido a ayudar, y empezó a descolgar
los cuadros y a ponerlos en el piso...él sacaba
y yo ponía...así durante horas para poder dejar
ese lugar y partir hacía algo mejor, hacía el
lugar que había elegido para mi futuro y mi
comodidad... Lo increíble es que yo lo sabía y
lo tenía muy presente, pero esto no evitaba el
dolor de pensar en aquello que dejaba. Las cosas
que uno deja siempre tiene que elaborarse.
Siempre tiene uno que dejar atrás las cosas que
ya no están aquí, aun cuando de alguna forma
sigan estando...(?) Quiero decir, hace 26 años
que estoy casado con mi esposa, yo sé que ella
es siempre la misma, tiene el mismo nombre, el
mismo apellido, la puedo reconocer, se parece
bastante a aquella que era, pero también sé que
no es la misma.- Desde muchos ángulos es
totalmente otra. Por supuesto que físicamente
hemos cambiado ambos (yo más que
ella), pero más allá de eso cuando pienso en
aquella Perla que Perla era, de alguna manera se
me confronta con esta que hoy es. Y en las más
de las cosas me parece que ésta me gusta mucho
más que la otra. Y digo, es fantástica esta
Perla comparada con aquella, es maravilloso
darse cuenta de cuánto ha crecido, es
espectacular; pero esto no quiere decir que yo
no haya tenido que hacer un duelo por aquella
Perla que fue. Y fíjense que no estoy hablando
de la muerte de nadie, ni del abandono de nadie,
simplemente estoy hablando de alguien que era de
una manera y que hoy es de otra. Que el presente
sea aun mejor que el pasado no quiere decir que
yo no tenga que elaborar el duelo. El mapa no es
el territorio. Hay que aprender a recorrer este
camino, que es el camino de las pérdidas, hay
que aprender a sanar estas heridas que se
producen cuando algo cambia, cuando el otro
parte, cuando la situación se acaba, cuando ya
no tengo aquello que tenía o creía que tenía o
cuando me doy cuenta de que nunca lo tendré lo
que esperaba tener algún día (y ni siquiera es
importante si verdaderamente lo tuve o no). Este
sendero tiene sus reglas, tiene sus pautas. Este
camino tiene sus mapas y conocerlos ayudará
seguramente a llegar más entero al final del
recorrido. Un ingeniero que se llamaba Korzybski
decía que en realidad todos construimos una
especie de esquema del mundo en el que
habitamos, un "mapa" del territorio y en él,
vivimos. Pero el mapa, aclara, NO es el
territorio. El mapa es apenas nuestro mapa. Es
la idea que nosotros tenemos de cómo es la
realidad, aunque muchas veces esté teñida por
nuestros prejuicios. Aunque no se corresponda
exactamente con los hechos, es en ESE mapa donde
vivimos. No vivimos en la realidad sino en
nuestra imagen de ella. Si en mi mapa tengo
registrado que aquí en mi cuarto hay un árbol,
aunque no lo haya, aunque nunca haya existido,
aunque el árbol no esté en el de Uds. y todos
pasen por este lugar sin miedos ni registro
alguno, yo voy a vivir esquivando este árbol por
el resto de mi vida. Y cuando me vean esquivar
el tronco Uds. me van a decir: -¿Qué hacés,
estás loco? Y yo voy a pensar "los locos son
ustedes". Desde afuera de mi mapa esta conducta
puede parecer estúpida y hasta graciosa, en los
hechos puede resultar bastante peligrosa Dicen
que una vez un borracho caminaba distraído por
un campo. De pronto vio que se le venían encima
dos toros, uno era verdadero y el otro
imaginario.
El tipo salió corriendo para escapar de ambos
hasta que consiguió llegar a un lugar donde vio
dos enormes árboles. Un árbol era también
imaginario pero el otro por suerte era
verdadero. Borracho como estaba, el pobre
desgraciado trató de subirse al árbol imaginario
y lo agarró el toro real... Y por
supuesto...colorín...colorado. Es decir, depende
de cómo haya trazado este mapa de mi vida,
depende del lugar que ocupa cada cosa en mi
esquema, depende de las creencias que configuran
mi ruta, así voy a transitar el proceso de la
pérdida.
Un camino que empieza cuando sucede o cuando me
doy cuenta de una pérdida y termina cuando esa
pérdida ha sido superada. No se puede hablar de
duelos y de pérdidas desconociendo el pequeño
malestar que nos producen estos temas. De alguna
manera un malestar que vale la pena en el
sentido de aprender algunas cosas o revisar
algunas otras, para sistematizar lo que todos
sabemos. Nada de lo que escriba acá será extraño
o misterioso para los que lo lean . De una o de
otra manera todos hemos visto, hemos pasado,
hemos sentido o hemos estado cerca de lo que
otros sentían en relación a un dolor. La mala
noticia para los que leen esto es a la vez una
afortunada situación para mí, porque yo sé que
pensar en la muerte de un ser querido es una
cosa para quien lo ha vivido y otra para quien
solamente habla de ello. Por mucho que yo haya
leído sobre esto, por mucho que yo haya visto
sufrir a otros, por mucho que yo haya acompañado
a otros, siento que es casi insolente escribir
del tema sin haber pasado por ese lugar, sin
haberlo padecido personalmente. Yo sé que en
este punto la experiencia de lo vivido y
padecido enseña de verdad mucho más, muchísimo
más, que todo lo que cualquiera pueda leer.
Jorge
Bucay
Si estas
pasando por un duelo y crees que lo necesitas
tengo el libro entero, solo pídemelo por mail

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