
Cuidar nuestro césped, nuestro lugar,
nuestro interior, nuestra vida, nuestra familia:
lo nuestro.
Si la envidia se apodera de nosotros debemos
tratar de eliminarla porque nos arrastra de una
manera increíble al fracaso. ¿Por qué digo
fracaso? Porque cuando nos detenemos a mirar la
vida de los demás, cuando nos parece que al otro
todo le resulta más fácil, cuando nos parece que
sólo los otros tienen la dicha de ser prósperos
o felices estamos dejando de lado nuestra propia
vida y la llenamos de oscuridad.
Y en ese mirar hacia afuera nos olvidamos de
nutrir nuestro interior, de escucharnos, y de
regar esas pequeñas cosas que yacen en
nosotros... La envidia logra su objetivo y nos
sentimos infelices y más aún seca nuestro césped
porque nos lleva a descuidarlo.
Debemos comprender que el secreto de la
felicidad no está en lo material, ni en lo
superficial, ni en las apariencias, ni en lo que
vemos del otro lado de la valla. El secreto de
la felicidad está en nuestro interior y sólo
nosotros podemos descubrirlo.
Digamos adiós a la envidia cuando sintamos que
se apodera de nosotros y en ese instante miremos
nuestro interior que allí siempre encontraremos
el mejor jardín, el único, el nuestro...
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© Graciela De Filippis
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