Durante mucho tiempo viví temiendo algo que no podía controlar: el mañana y con el peso de algo que tampoco podía modificar: el pasado. Alguien me dijo una vez que era muy difícil vivir con la mochila de piedras que llevaba a mis espaldas y tenia mucha razón. Vivía con pensamientos vividos en otros tiempos que me torturaban, con hechos pasados dolorosos que recordaba constantemente. Lloré durante muchos años, mas de los permitidos por el duelo, la muerte de mi padre. Creo que toda mi vida fui infeliz, porque no podía disfrutar de la maravilla que Dios ponía en mis manos, el día de hoy, el presente, el instante que estaba viviendo.
 

Así fueron pasando los años y ese dolor, esa amargura quedó grabada en mis células, en mi psiquis y así anduve por la vida, a los tumbos. Crié y eduque a mis hijos como pude, como supe, nadie me enseñó, me sentí de golpe largada a la vida, y muchas veces no me sentía capacitada para afrontar todo lo que ella me ponía delante. Pero seguí, y sin darme cuenta como el alquimista, esa dulce y frágil mujercita se transformó en esta mujer fuerte. Mirando hacia atrás no me culpo de ninguna de las decisiones que tomé, porque hice lo que creí mejor en ese momento.

Pero quizás la sabiduría de lo andado me hizo encontrar mi Ser Interior, mi Cristo Interno, con esa parte divina que hay en cada uno de nosotros y es la chispa de Dios, y puso en mi camino seres humanos que me enseñaron cosas que quizás ya sabia, pero no era mi tiempo, una de ellas vivir el día de hoy. Con sus alegrías, dolores, con lo que la vida me traía a cada instante.

He perdonado y dejé atrás el pasado, que si bien, aparece siempre como un fantasma, de tanto ahuyentarlo se esta debilitando y no aparece tanto. Me di cuenta además que el rencor solo me hacia daño a mi, ya que el "otro"  ni siquiera se enteraba de mi enojo, y este no hacia mas que envenenar mi corazón,  así que no servia de nada, solo yo sufría, solo yo enfermaba.

 


Perdonémonos a nosotros mismos ante todo y al hacerlo, dejaremos de sentirnos victimas y perdonaremos a quienes creíamos nuestros victimarios. Todos, absolutamente todos, hicieron lo que pudieron o debieron hacer de acuerdo al plan divino con el cual todos venimos al mundo. Mejor dejarlos en paz, pertenecen al pasado. Así también podremos dimensionar a los seres importantes de nuestra vida y tratemos de ser  prudencialmente felices.
Hoy, este instante maravilloso, es el mas importante de nuestra vida, tratemos que el resto de lo que me queda por vivir nos sorprenda, sin preocuparnos por esos dos días que ya no podemos controlar  y sobre todo nunca olvidemos nuestros sueños. Ellos son el alimento del alma.

 

Namasté, que la luz siempre te acompañe
 

Cris Carbone®