|


VÍCTOR MANUEL GUZMÁN VILLENA
Cada uno de nosotros en el fondo de nuestra alma
llevamos el Árbol de la Vida, que crece y madura
hasta su total perfección, que nos brinda
abundantes y vivificantes frutos de amor. Ha
sido definido como el más grande don que posee
la humanidad, ya que el amor nunca deja de
satisfacer todas las demandas del corazón. El
principio divino del amor puede utilizarse para
eliminar todos los pesares, enfermedades, las
condiciones e incluso las carencias que hostigan
al ser humano. Con la comprensión y el uso
correcto de la influencia sutil e ilimitada del
amor, el mundo puede curarse de sus heridas y el
dulce manto de su compasión cubriría todas las
discordias, la ignorancia y todos sus errores.

Con sus alas extendidas, el amor busca los
puntos áridos del corazón humano, y con un toque
mágico redime y transforma. El amor es eterno,
ilimitado, inmutable; va más allá de cualquier
visión y se adentra en la infinitud para
concebir su fin. El amor satisface la ley por sí
mismo, con su obra perfecta y se revela en
nuestra propia alma. El amor siempre busca una
entrada para penetrar en el alma y desbordarla.
Si no se ve perturbada por la perversidad y el
pensamiento disonante del hombre, la eterna e
inmutable corriente de amor fluye sin cesar,
llevándose por delante hacia el gran mar
universal del olvido, cualquier discordia que
pudiera perturbar la paz del humano. El amor es
fruto perfecto del espíritu; avanza vendando las
heridas de la humanidad, acercando a las
naciones hacia una mayor armonía y trayendo paz
y prosperidad al mundo. Es el latido del mundo,
del universo. La humanidad debe cargarse de esa
corriente de amor si quiere transformarse y
transformar.

Para esta transformación en amor se necesita
valor y fortaleza, y así éste sentimiento
llenará tu corazón envolviéndote en un aura
impenetrable donde el temor y el miedo no tienen
cabida. Y más bien se expande como una
conciencia universal. Amar es liberar y abrir el
infinito depósito de tesoros del alma. Si amamos
no podemos dejar de dar, y dar es obtener, para
así cumplir los preceptos de la Ley del Amor. Al
dar, ponemos en marcha la ley infalible de que
cada uno recibe lo que se merece, pues la
abundancia que das se te devuelve en
cumplimiento de la Ley de Correspondencia que
como es arriba es abajo y como es abajo es
arriba.
Si trabajamos en el espíritu del amor nos
mantendremos en contacto consciente con la
armonía del universo que nos rebosa de
abundancia para todos, y nos permite elevar la
mente y alejar las limitaciones. Para concebir
la abundancia debemos oscilar entre lo universal
y lo particular, es decir entre el macro y el
micro cosmos y así podemos gozar de la alegría
de la perfecta libertad, siendo responsables de
todo pensamiento y acción. Nuestra conciencia no
puede alcanzar esta libertad en un instante. hay
que recorrer un largo camino, lleno de
obstáculos , pero con la preparación para este
glorioso evento se abrirá a igual que el pétalo
de una flor se perfecciona en todos sus detalles
en el interior del capullo abre su sépalo y
aparece la bella flor. De igual manera, el ser
humano debe romper el caparazón del yo, antes de
poder brotar.
La Ley del Amor es beneficiosa, pues es buena.
Cuando vivimos conforme a esta ley, se convierte
en piedra angular donde basamos la salud, la
felicidad, nuestra paz, nuestros éxitos y logros.
Si nos guiamos por este sentimiento, ningún mal
puede alcanzarnos. No necesitamos ser curados ya
que somos totalmente íntegros.

Sabemos muy bien que el gran corazón de la
humanidad hay un profundo anhelo que nunca puede
ser satisfecho con nada que no sea una
conciencia o comprensión muy clara del amor.
Reconocemos este anhelo porque los corazones
lloran por ser invadido por el amor. No hay nada
que el alma humana anhele tanto como conocer al
amor. Conocerle bien es vida eterna. Vemos que
la gente no deja de ir de una cosa a otra, con
la esperanza de hallar satisfacción o descanso a
través de algún logro o con realizaciones de
algún deseo limitado y mortal. Vamos tras de las
cosas hasta obtenerlas, sólo para a continuación
darnos cuenta que seguimos insatisfecho s porque
queremos más, ya no nos satisface lo conseguido,
y así entramos en una espiral de sufrimiento y
agobio constante que nos produce a la larga
enfermedades mortales, de la cual no saldremos
con vida. Unos acumulan casas, tierras; otros
aspiran grandes riquezas y algunos desean
grandes conocimientos, sin saber que tienen el
privilegio de saber porque el ser humano ya
cuenta con todo ese saber en su interior. Por
eso es importante meditar sobre nuestras vidas y
sus procesos, hasta llegar a un estado de
conciencia donde nos demos cuenta que solo
amamos los logros y no lo que verdaderamente
somos. Debemos revertir esa manera de sentir y
hacer reinar al mundo espiritual sobre el
material, de esta manera todas nuestras obras se
mantendrá en comunión consciente con la fuente
de la vida que es el amor.

Pero si malversamos el don del amor. Hacemos
caso omiso de sus benéficas leyes, que en forma
constante como un manantial de agua pura y dulce
nos entrega su paz y la profusión, estaremos
construyendo un desierto donde solo habite una
vida cansada y nostálgica, llena de pesares,
amarguras, conflictos, sin el disfrute de la
paciencia y la tolerancia, llenándonos de
enemigos gratuitos que te destruyen , y es en
este estado de insatisfacciones cuando queremos
intentar mediante pasos vacilantes regresar a la
casa donde habita el amor. Pueda que haya que
recorrer ese camino a través de experiencias
amargas o bien en la alegría, resultante de
soltar todas las cosas materiales con coraje sin
derrumbarse emocionalmente. No importa cómo
alcancemos la comprensión y el conocimiento, al
final continuaremos avanzando hacia la
realización de nuestra aspiración. Con cada paso
fuerte y audaz que demos, sin titubear ni dudar
buscaremos la iluminación de nuestro interior y
así nuestra conciencia se despierta y
descubriremos que el hogar donde mora el amor
está ahí y es la fuerza que nos hace vivir,
movernos y existir. Vivimos en ella con cada uno
de nuestros latidos.

Por tanto hay que liberar al amor dentro de
nosotros, dejando que fluya a través de la
conciencia para alcanzar nuestro organismo
estimulando cada una de nuestras células.
Entonces el amor armonizará, el alma volviéndole
radiante; la mente se iluminará; el pensamiento
se tornará agudo, brillante, vivo, preciso; la
palabra se hará positiva, verdadera,
constructiva; la carne se renovará, purificará y
dinamizará; los asuntos se ajustarán y todas las
cosas adoptarán su verdadera posición. Se trata
de un ejercicio muy difícil pero gratificante
que agradeceremos para siempre al amor el estar
vivos y ser felices.
Preceptos del amor
La inteligencia sin amor, te hace perverso.
La justicia sin amor, te hace implacable.
La diplomacia sin amor, te hace hipócrita.
El éxito sin amor, te hace arrogante.
La riqueza sin amor, te hace avaro.
La docilidad sin amor, te hace servil.
La pobreza sin amor, te hace orgulloso.
La belleza sin amor, te hace ridículo.
La autoridad sin amor, te hace tirano.
El trabajo sin amor, te hace esclavo.
La simplicidad sin amor, te quita valor.
La ley sin amor, te esclaviza.
La política sin amor, te hace egoísta.
La fe sin amor te hace fanático.
La vida sin amor, no tiene sentido.
http://argosdeibarra.blogspot.com/2010/04/la-ley-del-amor-fuerza-curativa.html

|