Curar las heridas del pasado
 

 

Todos nos hemos sentido heridos en algún momento de nuestra vida. Tengas la edad que tengas, alguna vez has experimentado algún dolor emocional.

Duele. Lo entiendo. Pero, lo que haces con esa herida es probablemente más importante que el propio dolor. ¿Preferirías volver a ser un activo de la vida? ¿O prefieres rebuscar sin fin sobre el pasado y es algo que no se puede cambiar?

En pocas palabras, ¿Cómo dejar de lado las heridas del pasado y seguir adelante? Vamos a verlo.

Culpar a otros por nuestro dolor es lo que la mayoría de nosotros hacemos en un principio. Alguien nos hizo algo malo, o nos ofendieron de alguna manera que nos importaba. Queremos que se disculpen. Queremos que ellos reconozcan que lo que hicieron estuvo mal.

Pero, culpar a otros por nuestro dolor puede ser contraproducente. El problema de culpar a los demás es que, a menudo, te puede dejar sin poder. Por ejemplo, te enfrentas a esa persona (tu jefe, tu cónyuge, tus padres, tu hijo…), y dicen: “No, no lo hice” o, peor aún, “¿Y qué si lo hice?”, entonces acumularás ira, dolor y ninguna resolución.

Todos tus sentimientos son legítimos. Es importante sentirse plenamente y, luego, seguir adelante. Acumular quejas de forma indefinida es un mal hábito, porque te duele más de lo que les duele a ellos.

Las personas que se aferran a estas heridas del pasado, a menudo, reviven el dolor una y otra vez. A veces, una persona puede incluso conseguir sentirse “atascado” en este dolor, en esta culpa.

La única manera que puedes aceptar es una nueva alegría y felicidad en tu vida, y hacer espacio para ello. Si tu corazón está lleno de dolor, ¿cómo puedes estar abierto a cualquier cosa nueva?
 

 


Toma la decisión de dejarlo ir.
Las cosas no desaparecen por sí solas. Tienes que hacer el compromiso de “dejarlo ir”. Si no haces esta elección consciente por adelantado, podrías terminar haciendo la auto-sabotaje a cualquier esfuerzo de dejar pasar este dolor del pasado.

Expresar tu dolor y tu responsabilidad.
Expresar lo que el dolor te hace sentir, ya sea directamente a la otra persona, o a través de simplemente de un amigo, o escribir en un diario, o escribir una carta que nunca enviarás a la otra persona. Al hacerlo, también te ayudará a entender de qué se trata tu dolor.

¿Qué podrás hacer de manera diferente la próxima vez? ¿Eres un participante activo en tu propia vida, o simplemente una víctima sin esperanza? ¿Vas a dejar que tu dolor se convierta en tu identidad? ¿O eres alguien más profundo y más complejo que eso?

Dejar de ser la víctima y culpar a otros.
Ser víctima te hacer sentirte bien, es como estar en el equipo ganador contra el mundo. Pero, ¿Sabes qué? al mundo, en gran parte, no le importa, por lo que necesitas obtener más de ti mismo. Sí, eres especial. Sí, tus sentimientos son importantes. Pero, no te confundas con “tus sentimientos”; “tus sentimientos deben anular todas las cosas, y nada más importa”.

Tus sentimientos son sólo una parte de esta gran cosa que llamamos vida, que es compleja y desordenada.

Necesitas tomar la responsabilidad de tu propia felicidad y no poner tanto poder en manos de otra persona. ¿Por qué dejar que la persona que te hizo daño en el pasado tenga tal poder, aquí mismo, en este momento?

Centrarse en el presente (el aquí y ahora) y en la alegría.
Ahora es el momento de dejar ir lo que te duele. Deja ir el pasado y deja de revivirlo. No se puede deshacer el pasado, todo lo que puedes hacer es hacer hoy el mejor día de tu vida.

Cuando te enfocas en el aquí y ahora, tienes menos tiempo para pensar en el pasado. Cuando los recuerdos del pasado se deslizan en tu conciencia (ya que están obligados a aparecer de vez en cuando), identifícalos. Después céntrate de nuevo en el presente.

Recuerda, si apretamos nuestros cerebros y vidas con sentimientos de dolor, hay poco espacio para algo positivo. Es una decisión que debes tomar: dar la bienvenida a la alegría de nuevo en tu vida.

Perdónalos

Puede que no tengamos que olvidar los malos comportamientos de otra persona, pero casi todo el mundo merece nuestro perdón. A veces, nos quedamos atascados en nuestro dolor y nuestra terquedad, que ni siquiera podemos imaginar el perdón. Pero el perdón no está diciendo: “Estoy de acuerdo con lo que hizo.” En cambio, dice: “no estoy de acuerdo con lo que hiciste, pero te perdono de todos modos.”

El perdón no es un signo de debilidad. En cambio, es simplemente decir: “Yo soy una buena persona. Eres una buena persona. Hiciste algo que me dolió. Pero, quiero seguir adelante en mi vida y sentir la alegría de nuevo en ella. Yo no puedo hacer eso por completo hasta que deje ir el dolor”.

El perdón es una manera de empatizar con la otra persona y tratar de ver las cosas desde su punto de vista.

Y perdonarse a sí mismo puede ser una parte importante de este paso, así como, a veces, podemos llegar a culparnos a nosotros mismos por la situación o daño. Si no puedes perdonarte a ti mismo, ¿Cómo vas a ser capaz de vivir en paz y con felicidad en el futuro?


Conclusión

Sé que esto es difícil, es increíblemente difícil dejar de lado el dolor de uno. Si nos hemos mantenido en él durante mucho tiempo, se siente al dolor como un viejo amigo. El dolor está justificado y sería un sacrilegio para dejarlo ir.

Pero la vida de nadie debe ser definida por su dolor. No es sano que se sume a nuestro estrés, afecte a nuestra capacidad de concentrarse, estudiar y trabajar, y que afecte a cada otra relación que tenemos. Cada día que eliges aferrarte al dolor, es otro día en que todo el mundo alrededor de ti, tiene que vivir con esa decisión y sentir sus consecuencias.

Deja ir el dolor. Haz algo diferente hoy y la felicidad vendrá de nuevo a tu vida.


Las heridas de nuestro pasado emocional


Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo.

Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.

¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!

Paulo Coelho

Un día, de pronto, te invade esa sensación que te hace recordar todo el tiempo perdido, minutos desperdiciados que jamás recuperarás… Y es entonces cuando uno comprende que el tiempo es nuestro bien más preciado. Porque el tiempo es la vida. Lo único que no vuelve.

Es normal que recordemos nuestro pasado, lo que es dañino es vivir con sus heridas emocionales abiertas. Son esas heridas las que nos impiden caminar, las que no nos dejan amarrar con fuerza el presente y disfrutar de lo que tenemos.


El vértigo emocional


Albergar la idea de que cualquier tiempo pasado fue mejor asegura que suframos el dolor emocional en el presente. Nos impide soltar, dejar ir. Y nos sume en el pánico a un abismo que nuestros ojos se empeñan en ver demasiado profundo.

Así es que surge el vértigo. Pero no cualquier vértigo. El emocional. Ese que nos impide mirar al pasado para cerrar etapas, cicatrizar nuestras heridas y dejar de golpearnos donde nos duele.

La limpieza de nuestro pasado


Hay gente que piensa que mirar hacia el pasado es una pérdida de tiempo, que no necesitan limpiar su interior y que lo importante es vivir el presente. De esta forma, la suciedad del pasado emocional se va acumulando y acumulando creando una montaña de dolor cada vez mayor.

Para hacernos una idea, es como si un alérgico metiese debajo de la alfombra todo el polvo de su casa pensando que así no le afectará.

Por todo esto, estamos de acuerdo en que tenemos que soltar las cadenas que nos hieren e impedir que sigan haciendo más profundas nuestras heridas. De alguna forma, lo que eres y lo que tienes hoy se lo debes a tu pasado. Tanto lo bueno como lo malo.

Y date cuenta de que dejando de revisar tu interior no consigues escapar de él, sino permitir que las partes negativas de tu pasado emocional se hagan dueñas de tu vida presente. Y esto, por supuesto, resta espacio a lo positivo y, además, duele. Duele mucho.


Merece la pena intentar curar las heridas que nuestro pasado nos generó, deshacernos de su pesada carga y, así, ser conscientes de lo que nos ahoga.

Imagina que reduces al tamaño de un globo de helio las cadenas que te están apretando y que te mantienen atado. Entonces lo dejas ir; tú lo miras mientras se dirige hacia el cielo y lo pierdes de vista, sonriendo y sintiendo una gran paz interior.

¡Suelta!


Si no te trae alegría a tu vida… SUELTA

Si no te ilumina ni te construye… SUELTA

Si permanece, pero no crece… SUELTA

Si te procura seguridad y así te evita el esfuerzo de desarrollarte… SUELTA

Si no brinda reconocimiento a tus talentos… SUELTA

Si no acaricia tu ser… SUELTA

Si no impulsa tu despegue… SUELTA

Si dice, pero no hace… SUELTA

Si no hay un lugar en su vida para ti… SUELTA

Si intenta cambiarte… SUELTA

Si se impone el `yo´… SUELTA

Si son más los desencuentros que los encuentros… SUELTA

Si simplemente no suma a tu vida… SUELTA

SUÉLTATE…la caída será mucho menos dolorosa que el dolor de mantenerte aferrado a lo que FUE PERO YA NO ES
SUÉLTATE…la caída será mucho menos dolorosa que el dolor de mantenerte aferrado a lo que FUE PERO YA NO ES