Todos creemos que somos lo que pensamos, esas ideas que rondan nuestra cabeza, pensamos que somos nosotros. Cuan equivocados venimos a esta vida  nosotros que somos el Cristo Interno o el Ser Espiritual o Ser Superior que es la chispa divina de Dios que habita en nosotros. Nuestra mente no es mas que un órgano mas, que es comandado por nuestro Ser Superior, el Observador. Llegar a conectarnos con nuestro propio Ser es uno de los trabajos que persigue la meditación, cuando logramos entender que no somos lo que hay en nuestra cabeza, el cerebro, sino algo mas, entonces ahí comienza el verdadero entendimiento de nuestros propósitos de vivir esta vida y que podemos mejorarla. Nuestra vida no es mas que lo que nosotros mismos hacemos de ella. He aquí algunos artículos que encontré para que puedas entender un poco mas esto que parece tan simple...pero en realidad al menos a mi me llevo años comprender.

 

                           

 

 

Cuando amas lo que eres, no hay cosa inconquistable ni inalcanzable. Cuando realmente te amas a ti mismo, vives solamente en la luz de tu propia risa y viajas solamente por el camino de la alegría. Cuando estás enamorado de ti mismo, entonces, esa luz, esa fuerza unificada, esa felicidad, esa alegría, ese jubiloso estado de ser, se extiende a toda la humanidad. Cuando el amor abunda dentro de tu maravilloso ser, el mundo, con todos sus desagrados, se convierte en algo hermoso, y la vida se llena de sentido y de alegría.

No hay amor más sublime en la vida que el amor del Yo. No existe amor más grande, pues a partir del abrazo del Yo existe la libertad. Y es en esa libertad donde nace la alegría. Y gracias a ese nacimiento, Dios es visto, conocido y abrazado. El amor más profundo, más grande y más significativo es el amor del Yo puro e inocente, la magnífica criatura que se sienta entre las paredes de la carne y que se mueve y contempla, crea, permite y es. Y cuando tú ames lo que eres, sin importar cómo seas, entonces conocerás esta magnífica esencia que yo amo, que se halla detrás de todos los rostros y dentro de todas las cosas. Entonces amarás como Dios ama. Así es fácil amar y perdonar. Así es fácil ver a Dios en toda la vida.

Libro Blanco de Ramtha

                              

 

 


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