La pérdida de una mascota

 

 

La muerte de una mascota puede ser un acontecimiento profundamente doloroso para las personas que conviven con ella, menos que la muerte de un familiar directo pero más que la de ciertos parientes, explica Gary Kowalski, autor de "Adiós Toby.

Cuando muere tu mascota". Según explica el experto, en un estudio realizado en Gran Bretaña sobre el fallecimiento de una mascota se comprobó que "el 10% de quienes han perdido a un animal desarrolla síntomas lo suficientemente graves como para justificar la visita a un médico". En otra investigación realizada concluyó que, en las semanas inmediatamente posteriores a la muerte, "más del 90% de los dueños experimentaron un trastorno en los hábitos de sueño o tenían dificultades con su alimentación, ambos síntomas de depresión clínica". Más de la mitad se volvieron absortos y evitaron actividades sociales. Casi el 50% se encontró con dificultades relacionadas con el trabajo, perdiendo entre uno y tres días laborales como resultado de la apatía o del bajo nivel de energía. Incluso hay indicios de que las parejas casadas son más propensas a divorciarse después de la muerte de una mascota en casa.

"El 90% de quienes han perdido a un animal desarrolla trastornos en los hábitos de sueño o de alimentación"
El autor puntualiza, además, que "todos estos síntomas sugieren que la muerte de una mascota es un asunto serio, con potencial para afectar de manera adversa la salud de una persona, la carrera y las relaciones". Está claro que para gran parte de quienes conviven con un animal doméstico éste llega a convertirse en un miembro más de la familia, y que su fallecimiento no puede dejar indiferente al resto de familiares. Sin embargo, en la sociedad actual aún se tiende a minimizar su fallecimiento.

 


Niños y ancianos, los más afectados

El impacto depende de cada persona y de su edad pero, en general, podría afirmarse que hay dos sectores especialmente vulnerables: los ancianos y los niños, explica el psicólogo Joan Gesa. Los niños pueden estar profundamente abatidos por esta muerte, aunque no se les note. De hecho, cuando se les pregunta por ello, la identifican como la experiencia más triste de su vida, según la psicóloga Jeannette Jones, de la Rutgers University (EE.UU.), relata Kowalski en su libro.

Para los niños de corta edad, que desde su nacimiento han convivido con un perro o un gato y que suelen ser los que más interactúan con ellos, puede resultar especialmente difícil comprender esta pérdida. Estos pequeños "pueden sentir que una parte de su familia se ha roto sin comprenderlo mucho", comenta Gesa.

Los ancianos también pueden sufrir por este fallecimiento, sobre todo cuando su única compañía es la del animal. Además, si antes han perdido a alguna persona muy próxima, esta muerte puede recordarles esa defunción previa. Las personas de media edad o adultas también pueden estar tristes, sentir pena durante un tiempo razonable y llorar, pero este dolor no debería conducirles a la depresión, informa Gesa.



SUPERAR EL VACÍO

La muerte de una mascota conlleva la ruptura de una rutina y unos hábitos arraigados entre las personas que convivían con ella en el hogar. Esta pérdida puede ser tan dolorosa que algunas personas optan por tener en casa varios ejemplares para evitar el ruidoso silencio y el gran vacío que dejan tras su muerte. La veterinaria Beatriz Morén, del Hospital Sala Gorón de Sitges (Barcelona), recomienda que, si se opta por esta medida, las dos mascotas que se adquieran no tengan la misma edad, sino que se lleven varios años de diferencia, para que ambas no mueran en la misma época, lo que resultaría doblemente doloroso para sus dueños.

Otro de los trucos que Kowalski apunta en su libro es escribir una carta de despedida, un ejercicio que puede ser de gran ayuda para liberarse de la ira y de la tristeza que se pueden sentir durante el periodo del duelo. Esta misiva de despedida puede ser especialmente útil en los casos en que la muerte de la mascota ha ocurrido repentinamente, por un atropello por ejemplo. Otra propuesta es que sus dueños estén presentes durante el momento de la muerte, una petición a la que cada vez son más sensibles y receptivos los veterinarios. Asistir a un animal querido en su transición a la muerte puede ayudar tanto a la mascota como a sus apenados dueños a asumir esta vicisitud. El acto físico de enterrar al animal y hacer una pequeña ceremonia también facilita la despedida.



El duelo por un animal de compañía

Como ocurre con otras pérdidas, las personas que sufren la de un animal querido tienen que pasar por un proceso de duelo. Según Gesa, el duelo por esta muerte tiene una duración parecida a la de una depresión posparto, de unos dos meses, y todo lo que sea superar este tiempo podría empezar a considerarse un duelo patológico. En estos casos sería aconsejable consultar a un psicólogo. Sin embargo, muy pocas personas piden ayuda a un especialista.

Cabe recordar que los principales afectados son ancianos, que no suelen solicitarla, y niños, que obviamente no recurren a ella a menos que lo hagan sus padres. "Acudir al psicólogo no debe dar vergüenza. Problemas como este e, incluso, más banales, pueden afectar a la persona más de la cuenta y cuando esta situación dura un tiempo largo, es necesario acudir a este profesional", recomienda Gesa.

Adquirir una nueva mascota demasiado pronto podría ser contraproducente para los niños
El duelo por una mascota comprende varias fases que pueden superponerse y que no necesariamente siguen un orden consecutivo. Una de las clasificaciones de estas distintas fases es la de Elisabeth Kübler Ross, psiquiatra y autora de diversos libros sobre el proceso de morir: la negación, la ira, la negociación, la depresión y la aceptación.

•La primera fase, de negación, es una etapa de incredulidad, en la que los afectados por la muerte de un ser querido no acaban de creerse su pérdida y la niegan constantemente e, incluso, según Kowalski, algunos llegan a oír respirar al animal.

•En fase de la ira o enojo, la segunda, afloran sentimientos de rabia y frustración por la pérdida experimentada.

•En la tercera fase, o de negociación, la ira se va disipando a la vez que se va afrontando lo sucedido.

•En la cuarta fase o de depresión -que también se puede experimentar desde las anteriores fases de la ira y la negociación- se siente la pena por la separación del ser querido.

•Y en la quinta, o de aceptación, se acepta la pérdida y se recobra la esperanza en la vida.

Una vez que se ha superado el duelo, los amantes de los animales pueden plantearse la convivencia con una nueva mascota. Aunque la muerte de una de estas criaturas sea reciente, la veterinaria Beatriz Morén recomienda no demorar mucho la adquisición de otra mascota a las personas que estén seguras de querer vivir con animales. Nunca reemplazarán totalmente el vacío que sienten.

Al respecto, Gesa afirma que reemplazar al animal fallecido con una nueva mascota puede ser una buena medida para recuperarse del golpe, aunque nunca de manera continuada a su muerte. "Antes hay que pasar el duelo por su pérdida, al igual que con una persona. Es bueno sentirse triste, llorar e, incluso, enfadarse con el mundo, negarlo y, con el tiempo, reemplazar a la mascota".

Adquirirla demasiado pronto podría ser contraproducente para los niños, que podrían llegar a "coger manía al nuevo animal, al tener otro carácter y ser diferente" al querido compañero de juegos que han perdido. Y, en el caso de una persona de edad avanzada, hay que asegurarse de que está en condiciones de hacerse cargo de un nuevo amigo y que éste estará bien atendido.


Compartiendo el dolor

Las mascotas viven vidas relativamente cortas. Y para muchos de los que las amamos, su muerte puede afectarnos tanto o más que la de un pariente o un amigo. Y sin dudas, son muy pocos los que pueden no ser tocados por el deceso de un animal domestico.

Los animalitos simbolizan diferentes cosas en cada uno de nosotros. Puede ser el niño que todavía no hemos concebido, o quizás el que todos llevamos dentro. Puede reflejar al compañero o al padre ideal, siempre fiel, paciente, que nos da la bienvenida al llegar a casa y nos ama incondicionalmente. Es como un amigo y un hermano al mismo tiempo. Nos refleja a nosotros mismos, al incorporar nuestras actitudes negativas y positivas. Un mismo animal puede ser todo esto al mismo tiempo, dependiendo del día y de la persona con que trate.

Cuando muere, sabemos que nuestro profundo dolor será reconocido por nuestros parientes, amigos y compañeros de trabajo. Pero difícilmente esas personas puedan sentir la profunda tristeza que abarca nuestro ser, al momento de tener que decirle adiós a nuestra mascota. Lo cierto es que el proceso de duelo por su muerte, no es diferente al que se realiza por el fallecimiento de un ser humano, mas allá de que para la sociedad no haya ningún tipo de comparación.

Si se siente incomprendido por las personas que lo rodean, debe saber que no debe justificarle a cada uno de ellos la razón de su tristeza, y tampoco criticarlos por ello: la bendición de recibir el amor del animal no es un privilegio del que gozan todas las personas.

Pero seguramente conseguirá gente que entienda la magnitud de su dolor. Hable con un veterinario, un paseador, o con el dueño de otra mascota. Si esto no lo satisface, puede dirigirse a grupos de autoayuda conformados por profesionales y por gente que ha padecido su mismo problema. También puede ser que el dolor causado por la pérdida, active en su persona viejos conflictos no resueltos en el pasado, por lo que tal vez necesite ayuda espiritual, religiosa o psicológica.

Tenga en cuenta que esto también puede ser tomado como una oportunidad para su crecimiento emocional. Nada le hará perder el valor de los gratos momentos compartidos con su perro, y todos esos recuerdos serán el mejor testamento que pueda dejarle a su animal.

Las cinco etapas del duelo

El duelo es un sentimiento universal, que se puede experimentar en cualquier etapa de la vida. Comienza cuando se recibe la noticia de la enfermedad terminal o la muerte de un ser –humano o animal- querido y valorado por nosotros. El luto comprende de cinco etapas, que se pueden experimentar con mayor o menor profundidad, en tiempos prolongados o cortos, dependiendo de cada caso de la persona. Estas etapas no comprenden necesariamente de un orden, sino que a menudo se presentan mezcladas y superpuestas, antes de que pueda llegarse a una aceptación de la muerte. La perdida de una mascota puede también hacernos tomar conciencia de nuestra propia muerte. Por suerte, tarde o temprano, siempre emerge una esperanza. Y es que siempre que haya vida, habrá esperanza.

1.Negación: La primera reacción que las personas suelen tener ante la noticia de la enfermedad terminal o la muerte de su animal domestico, es la negación de la realidad. Es una defensa que los seres humanos tienen frente a la abrumadora situación. Así, se logra racionalizar las emociones descontroladas, bloqueando el choque inmediato y ocultando los hechos. Es una respuesta temporal, que se utiliza hasta que se pueda asimilar la nueva realidad.

2. Enojo: Cuando la negación ya no alcanza para contener las emociones, y estas comienzan a poner en juego nuestra vulnerabilidad, solemos transformarlas en enojo. Esta cólera pueda dirigirse a objetos, familiares, amigos, o desconocidos. E incluso, contra nuestro propio animal enfermo o muerto. Sabemos que ellos no tienen la culpa de nada, pero es una forma de descargar nuestra bronca y de mantenernos unidos a ellos.

Nos sentimos culpables de ese enojo injustificado, y eso nos hace estar aún mas enojados. El veterinario que diagnosticó la enfermedad y no pudo curarla, o que le aplico la eutanasia, suele ser un blanco común, aunque no tenga ningún tipo de responsabilidad. Y por más que ellos estén acostumbrados a tratar con la muerte, no están inmunes al sufrimiento de sus pacientes y la bronca de las personas. Por eso, no le guarde rencor y pídale explicaciones todas las veces que lo considere necesario. Discuta los costos del tratamiento y del entierro, averiguando todas las opciones posibles. Si usted y el veterinario logran tener una comunicación honesta y abierta, su sufrimiento se reducirá significativamente.

3. Ansiedad: Una reacción normal frente al desamparo y la vulnerabilidad, es la necesidad de recuperar el control y arrepentirnos de las decisiones tomadas. Buscamos cuales fueron las causas de las desgracias (“si solo hubiésemos concurrido al veterinario mas pronto”), aún sabiendo que eso no modificará nada. Queremos también reparar lo irreparable(“tenemos que consultar a otro doctor, debemos cambiar la dieta de nuestro animal y este se repondrá”), aunque en secreto sepamos que solo se trata de posponer la aceptación de lo inevitable.

4. Depresión: Dos tipos de depresión están asociados al luto. En una predomina la tristeza y la pena, pero transformadas en respuestas prácticas frente a la pérdida. Allí intentamos actuar para aliviar el dolor, preocupándonos por el tratamiento médico de la mascota o de su entierro, así de cómo de repartir nuestro tiempo para no dejar de lado otras obligaciones, como el cuidado de la casa o el trabajo. Esta fase es más fácil de llevar adelante debido a que se suelen cumplir las metas planificadas, para lo cual solo necesitemos algo de cooperación y algunas palabras de aliento.

Pero el segundo tipo de depresión es más sutil, y quizás más privado. Tiene que ver con nuestra preparación emocional para soportar la continuidad de nuestras vidas sin nuestro ser querido. En estos casos lo ideal es iniciar un tratamiento psicológico, aunque en otras ocasiones, todo lo que necesitamos, es un abrazo.

5. Aceptación: No todo el mundo tiene la fortuna de llegara esta etapa. Algunas personas tienen muchas dificultades en superar el enojo o la depresión. Pero aceptar la paz espiritual, no significa que uno se haya olvidado del problema, sino que por el contrario, se ocupará de él en forma mucho mas racional. Esta etapa esta marcada por la calma y el retiro, pero no debe ser confundida con la depresión.

Muchas veces, los animales domésticos que son muy viejos o están atravesando una enfermedad terminal, suelen exhibir estos síntomas. Eso de ninguna manera significa que sepan que su muerte es cercana, ya que la propia declinación física puede causar ese tipo de comportamiento. Tal vez, esto provoque que la relación de las mascotas con sus dueños sea mas limitada, pero en todo caso su entereza y dignidad para afrontar la adversidad pueden ser su mejor legado.

Explicando la muerte de una mascota a un niño

Es natural que intentemos proteger a nuestros hijos de las situaciones adversas y dolorosas. Sin embargo, muchos adultos se sorprenden al ver lo bien que los niños asumen estas experiencias, sobre todo cuando se les dan explicaciones claras y honestas. Esto es así porque desde muy chicos, los niños comienzan a comprender el concepto de muerte, aunque sea a nivel inconsciente.

Lo peor que se puede hacer con un niño, es mentirle. Se debe evitar decirle que los animales se “han puesto a dormir”, ya que eso podría provocarles un tremendo miedo cuando deban irse a la cama. Decirle que “se lo ha llevado Dios”, podría provocar que el chico se enfurezca por la perdida ha la que lo ha sometido.

Los chicos son capaces de entender –cada uno a su manera- que la vida no es infinita. Apóyelos reconociendo su dolor. La muerte de una mascota puede ser una buena oportunidad para demostrarle la seguridad que usted puede otorgar a su familia en situaciones extremas.

Chicos de dos y tres años: A esta edad, los niños no suelen tener comprensión de la muerte. Lo ven como una forma de sueño, por lo que se les debe aclarar que el animal ha muerto y no volverá. Sus reacciones frente a la noticia son de perdida temporal del habla y de necesidad de acompañamiento. Debe tranquilízalos diciendo que la muerte del animal no tiene ninguna relación con algo que haya dicho o hecho el niño. Es muy común que a esa edad, los niños acepten fácilmente a otro animal en reemplazo del que ha fallecido.

De cuatro a seis años: A esta edad existe una cierta comprensión de la muerte, aunque se la relaciona con otra forma de vida. Pueden crear que el animal se fue a vivir debajo de la tierra, pero que continúa comiendo, respirando, y jugando. También pueden pensar que está dormido. Muchos se sienten responsables de la muerte por algo que le hayan hecho, por lo que debe dejársele en claro que no tuvieron ninguna responsabilidad. Otros creen que la muerte será contagiosa y lo afectará a él o a algún miembro de la familia, por lo que también aquí deben dárseles explicaciones amplias y claras.

Las formas de expresar su pena pueden también ser por alteraciones en el sueño y la ingesta de comida, así como por la incontinencia temporal. Lo ideal es que los padres les hablen constantemente, para evacuar todas sus dudas y conflictos.

De siete a nueve años: En esta etapa los niños saben que la muerte es irrevocable. La mayoría no la asocia con la de su propia persona, pero puede que algunos chicos lo haga con la de sus padres. Por ello, los padres deben ser muy cuidadosos en sus respuestas, hablándoles de forma franca y honesta. Algunos chicos podrán expresar su pena con problemas de aprendizaje, comportamiento antisocial, falta de atención en la escuela, hipocondría, o agresiones físicas. Muchas veces, estos síntomas no se manifestarán espontáneamente sino algunas semanas o meses mas tarde.

Adolescente: Aunque muchos de ellos tienen reacciones adultas, otros exhiben diferentes tipos de negación. Esto puede tomar la forma de una “cerrazón” emocional, por lo que aunque sufran la pena de la perdida, no lo demuestran. Es importante entonces que el adulto sepa comprender el problema y lo ayude.

Razones para la eutanasia

Nunca estamos preparados para la muerte de una mascota. Tanto si llega de una forma rápida e inesperada, como si viene luego de un penoso y largo proceso. Nuestra implicación en el resultado final puede ser pasiva. Tal vez prefiramos no darle a un viejo animal un tratamiento médico que solo alargue su agonía. Pero si su enfermedad no tiene cura, también podríamos evitarle que viva el resto de sus días con sufrimiento.

Todos esperan que el último día del animal sea en absoluta calma, encontrándolo en su cucha como si estuviera dormido durante algún amanecer. Pero el impacto por la muerte de una mascota es doblemente mayor cuando debemos recurrir a la eutanasia.

La eutanasia se puede definir como la introducción a la muerte sin necesidad de sufrir dolor. En la práctica, suele administrarse mediante una inyección intravenosa con una dosis concentrada de anestesia. El animal solo sentirá un leve malestar cuando la aguja le atraviesa la piel, pero esta dolencia no será mayor que la de cualquier inyección que haya recibido. La formula de la eutanasia toma solo unos segundos para provocar la perdida de sentido, a la que inmediatamente le seguirá una depresión respiratoria y un paro cardíaco.

Los veterinario no suelen inclinarse por esta opción fácilmente. Primero agotan todas las posibilidades de diagnósticos, para encontrar alguna forma de mantener al animal con vida y sin sufrimiento. Conocen muy bien la diferencia entre ampliar la vida y ampliar el sufrimiento. La eutanasia es el último recurso con el que cuentan para acabar con el dolor de un animal.

Solicitar la eutanasia para nuestras mascotas es probablemente una de las decisiones más duras que tenemos que tomar durante nuestras vidas. Se superpondrán todas las etapas del luto, y podremos sentirnos enojados con nuestro animal, por obligarnos a tomar esta decisión. Podremos también posponer la decisión, esperando que en algún momento, ya no sea necesario tomarla. Si bien el sentimiento de culpa se experimenta de una manera muy profunda en quién debe encargarse de tomar la decisión, debe saber que esa desagradable sensación que experimenta es la máxima muestra de cariño a su mascota, ya que está priorizando al animal antes que a sus sentimientos. Sepa que así como usted tiene derecho a una vida sin penas, su animal tiene derecho a una muerte sin dolor.

Cada uno de nosotros experimenta un luto diferente. Algunos lo viven de una forma muy privada, mientras que otros se recuperan rápidamente. A ciertas personas les reconforta adquirir un nuevo animal al poco tiempo, mientras que a otras no les gusta esta actitud, por sentir que están siendo desleales con la memoria de su animal. En todo caso, no se apure a tomar un animal como reemplazo. Dése tiempo apara asimilar el duelo.

Para preparase a la decisión de la eutanasia, podrá ayudarle responder el siguiente cuestionario. Se trata solo de una guía, ya que es usted en definitiva quien deberá tomar la decisión final. Tómese su tiempo. Hable fluidamente con su veterinario. ¿Qué opción le dará menor pena una vez que su mascota se haya ido?



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