|
Este texto pertenece al libro “Papis, miren
qué me pasa”, de Fanny Berger(*)
Nos referiremos al niño interior pues es la
expresión más pura del mundo emocional. Toda
persona adulta lleva en sí mismo un niño
interior.
¿Qué significa ese niño interior?
El niño interior es una estructura
imaginaria que conserva, en la vida adulta,
las experiencias de sus primeros años de
vida. Es en esencia intuitivo, creativo,
espontáneo, es el potencial, la fuerza y
motor inicial de todos nuestros actos. Tiene
deseos, anhelos y alegría. Sabe jugar y
disfrutar de la vida. Es la autenticidad
pura, ingenuo, inocente, puro. Sus
características son todas positivas.
Todos los adultos tienen un niño interior ,
no importa como es esa persona, ese niño
está ahí, en su interior. La diferencia es
cuan dormido o escondido este, o lo
contrario, si la persona lo ha tenido en
cuenta, o sea lo ha desarrollado.
¿Qué sucede, entonces, que muchas veces no
lo sentimos?
La educación, la sociedad y la cultura —por
medio de sus agentes, los adultos— no tienen
en cuenta, en la etapa de crecimiento, de la
existencia de ese niño interior. Lo inhiben,
no lo respetan, no lo escuchan.
Es así que este niño puede herirse y sufrir
por la oposición entre lo que es y tiene
para desarrollar, y lo que los padres u
otros adultos esperan de él.
En muchas ocasiones todo lo positivo, el
potencial que tiene todo ser humano —o sea
su niño interior— es reprimido por presiones
externas ejercidas por los adultos
significativos del niño real.
Todas las personas nacen con distintas
potencialidades en diferentes ámbitos, pero
por diversos motivos éstas no se
desarrollan. Sus habilidades quedan ocultas
ante sus propios ojos y de los otros. Los
adultos por distintas causas inherentes a
ellos, censuran, se burlan y critican a los
pequeños debido a su propia historia
personal.

Niño interior herido
Un teólogo, consejero familiar y comunicador
social americano John Bradshaw habla del
niño interior herido.
¿Cómo se forma este niño herido? Los adultos
provocan situaciones de violencia,
desprecio, maltrato, que dañan al niño real,
y de esta manera se forma el niño interior
herido.
El niño interior herido es una estructura
imaginaria, formada a partir de las
experiencias dolorosas que atraviesa todo
ser humano.
TODO NIÑO INTERIOR SE PUEDE HERIR POR
EXPERIENCIAS QUE ATRAVIESAN LOS NIÑOS REALES
EN LOS PRIMEROS AÑOS DE VIDA.
Recuerdo una niña muy creativa criada por
una madre, que se sentía molesta cuando ella
cantaba y bailaba. La reprimía pues
necesitaba silencio absoluto. Esta niña a
través de dichas actividades creaba y daba
rienda suelta a su rica imaginación,
escapándose de una realidad familiar muy
difícil . La madre se enojaba con ella
cuando dibujaba y pintaba pues temía que
ensuciará la casa ya que la tarea de
limpieza le era un peso pues carecía de
fuerzas para la misma. Esta niña comenzó a
inhibir su niño interior tan creativo e
imaginativo para subsistir en su medio
familiar. Lo más negativo para su
crecimiento fue el sentimiento de que todo
lo creativo que partiera de ella misma sería
una molestia, un estorbo para los otros.
Empezó a sentirse carente de todo valor. Su
herida principal fue sentirse una molestia y
justamente por su propio potencial.
Bradshaw hace hincapié a situaciones de
abuso sexual, violencia física y emocional
de niños criados en hogares con padres
alcohólicos. Sin embargo sostengo que hay
heridas ocasionadas en hogares donde no se
llega al extremo de la violencia o abuso. En
familias que parecen funcionar bien se puede
llegar a herir a los niños interiores por
causas diversas.
Desarrollaremos el futuro de dichas heridas,
se pueden cerrar o pueden permanecer
abiertas. Depende de cada situación y de lo
que la persona portadora de las mismas esté
dispuesta a hacer con ellas.
Si estas heridas cierran, ¿queda una
cicatriz o ninguna señal de lo que hubo
allí? No existe respuesta única. Hay heridas
que cierran y, con mucho esfuerzo, no dejan
rastros. Otras que son tan profundas que
dejan una cicatriz para toda la vida.

Niño interior marcado
Las marcas emocionales son puntos
imaginarios que se despiertan durante las
relaciones con los otras personas, por
ejemplo durante el proceso de crianza de los
hijos, producen conductas y actitudes con
respecto a ciertos temas.
La diferencia radica en que en la herida
siempre existe dolor, rabia, tristeza o sea
fuertes emociones displacenteras. En cambio
en las marcas emocionales hay molestias y
tensiones. Podemos afirmar que no son tan
dramáticas para la persona que las tiene,
que no determinan su futura vida, pero que
tienen influencias en ciertos ámbitos de su
vida.
Existen seres humanos que poseen un niño
interior que ha sido marcado, pero no lo han
sido con demasiada intensidad , y aunque les
han quedado marcas emocionales, éstas no
llegan a ser heridas.

(*)Fanny Berger: Nació en Uruguay, concurrió
a escuela y liceo público y estudió en la
Facultad de Psicología de la Universidad de
la República, de la cual egresó en 1980. Es
Master en Psicología y también en Clínica de
Niños y Adolescentes ambos títulos obtenidos
en Israel. Es profesora de la Unidad de
Formación Permanente para Graduados en la
Facultad de Psicología de la UDELAR y es
docente en la Universidad Católica en los
seminarios sobre niños y adolescentes en
Gerentología Social. Es también invitada
especial a los seminarios de profundización
en el área de Psicopatología Infantil en
cuarto año de la Facultad de Psicología (UDELAR).
Durante 13 años trabajó en Israel con niños
y sus familias en distintos centros
educativos y clínicos. Actualmente ejerce
como Psicoterapeuta y Supervisora para
Psicólogos en forma particular.
|