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E l pensamiento es una forma de energía de
emisión continua, que fluye del alma, a través
del cerebro. Es elaborado sin esfuerzo, como
expresión natural del alma, y se propaga a
través del fluido cósmico universal, pudiendo
alcanzar distancias considerables en pocos
segundos, diferente de lo que ocurre con el
sonido que se propaga a través del aire, a una
velocidad de 340 m/s, alcanzando una distancia
limitada.
André Luiz destaca la atribución del alma, en el
organismo humano, como responsable del
pensamiento, afirmando en el libro Mecanismos de
la Mediumnidad: «Es pensamiento continuo, flujo
energético incesante, revestido de poder
curativo inimaginable».
Como expresión del alma, el pensamiento tiene un
alto significado en la vida de cada uno. Si el
ser humano pudiese evaluar el alcance de los
pensamientos bien orientados, dejaría los
círculos ilusorios y poco significativos de
ciertos ambientes que lo rodean, y bucearía en
las aguas límpidas y puras de los pensamientos
rectos, y encontraría condiciones para
proyectarse, progresivamente, a planos más
elevados de conocimientos, de evolución, de
salud, de alegría y de bienestar, visto que esa
modalidad de pensamiento constituye un requisito
fundamental para que la persona pueda alcanzar
el equilibrio y la armonía de la mente y del
cuerpo.
Los pensamientos rectos o positivos de amor, de
buen ánimo, de coraje, de aprobación, de fe, son
edificantes y promueven la salud, el bienestar,
el progreso, la riqueza, la alegría, en fin,
todos los bienes de la vida. Los pensamientos
impregnados de emociones neutras, son
indiferentes. Los impregnados de emociones
negativas, como los de rabia, de odio, de
envidia, de celos, de miedo, de maledicencia, de
vanidad, de mentira, de calumnia, de agresividad,
son mensajeros del mal, del dolor, del
sufrimiento, del fracaso, en fin, perjudiciales
a la vida.
El pensamiento recto es el pensamiento positivo,
que se identifica con la energía creadora del
Universo. Todo lo que fue hecho por el
pensamiento de Dios es recto, siendo contrario
al pensamiento negativo que es falso y no se
identifica con la obra de la Creación. Del mismo
modo, todo lo que fue hecho en el Universo, por
el hombre, fue elaborado por su pensamiento
recto, que expresa la continuidad del
pensamiento del Creador.
El pensamiento recto se identifica con la luz, y
el pensamiento negativo se confunde con las
tinieblas. En ese concepto, las personas que
tienen pensamientos positivos viven en la luz, y
las que se complacen en los pensamientos
negativos viven sumergidas en tinieblas.
Extraído del libro
ENFERMEDADES DEL ALMA

Las enfermedades del alma están
relacionadas, fundamentalmente, a los
pensamientos impregnados de emociones negativas,
que determinan diferentes modalidades de
disturbios, desde los que alcanza la propia
persona, causándole directamente sufrimientos y
dolencias, hasta lo que van a comportamientos
antisociales, induciéndolas a prácticas
delictuosas, a la agresividad, a los vicios y a
las perversiones sexuales. Muchas veces, esas
perturbaciones están relacionadas a acciones que
ocurren en la propia vida, o, entonces, a hechos
que incidieron en vidas pasadas, y cuyas
consecuencias pueden manifestarse en la presente
existencia, como enfermedades kármicas.
En la Medicina, la acción de los pensamientos es
fundamental, pudiendo causar enfermedades y
dificultades en la vida, cuando están
impregnados de emociones negativas y pueden,
igualmente, promover la salud y el bienestar,
cuando están aureolados de emociones positivas.
De la espiritualidad nos llegan mensajes de
mentores, que movidos por el propósito de
estimular el progreso en los diferentes campos
de la ciencia, muestran el valor de los
pensamientos para el progreso en los diferentes
sectores de la Medicina. De esa forma, Miguel
Couto, espíritu, el insigne profesor de Clínica
Médica, cuando estuvo entre nosotros, nos envía
el sabio mensaje que considera fundamental para
la salud, y así está en el libro Hablando a la
Tierra:
“La ciencia mental, con base en los principios
que presiden la prosperidad del espíritu, será,
en el gran futuro, la base de la salud humana”.
E idéntico parecer se encuentra en André Luiz,
en el libro En el Mundo Mayor, hablando sobre
problemas relativos a las perturbaciones que
atacan a los seres humanos: “En el pensamiento
residen las causas”. Del mismo modo, Emmanuel,
abordando el problema de las causas que llevan
al sufrimiento humano y que pueden causar
traumas y disturbios del alma, dice en el libro
Rápido Socorro: “En los dominios del alma surgen
los accidentes y lesiones, traumas y equimosis
de origen mental, en el cuerpo físico”. Y
todavía el mismo autor, en el libro Leyes del
Amor, respondiendo a la pregunta que indaga si
la mente invigilante puede ser responsable de
las enfermedades del organismo, dice: “La mente
es más poderosa para instalar enfermedades y
desarmonías que todas las bacterias y virus
conocidos”. Del mismo parecer es el doctor
Joaquín Murtinho, espíritu, en el libro Hablando
a la Tierra, sobre la salud, haciendo la
siguiente afirmación: “El pensamiento,
cualquiera que sea su naturaleza, es una energía,
teniendo, por consiguiente, sus efectos”. Y el
mismo autor, analizando los disturbios del
pensamiento, dice: “Transformándose el núcleo de
corrientes irregulares, la mente perturbada
emite líneas de fuerza, que interferirán, como
tóxicos invisibles, sobre el sistema endocrino,
comprometiéndole la normalidad de las funciones”.
Y continúa: “Pero no son solamente la hipófisis,
la tiroides o las cápsulas suprarrenales las
únicas víctimas del vicio. Múltiples
enfermedades surgen hacia la infelicidad del
espíritu que las invoca.
Molestias como el aborto, la locura, la
neuralgia, la tuberculosis, las afecciones del
corazón, las úlceras gástricas y las duodenales,
la histeria y todas las formas de cáncer pueden
nacer de los desequilibrios del pensamiento”.
Los autores espirituales citados son unánimes en
afirmar la importancia del pensamiento en la
vida humana, pudiendo causar diferentes
modalidades de trastornos a la salud de las
personas. Los pensamientos impregnados de
emociones negativas pueden actuar de diferentes
maneras, perjudicando a los seres humanos.
Cuando son movidos por las emociones del odio,
de envidia, de celos, de violencia, de crueldad,
causan males a las personas a las cuales son
dirigidas y son, igualmente, dañinos a las
criaturas que los emiten, generando sufrimientos
más o menos intensos, ya que está visto que los
pensamientos obedecen a la ley de causa y efecto
y, con la misma intensidad con que son emitidos,
regresan hacia la fuente de origen. De ese modo
nadie debe esperar coger maíz donde plantó
judías. Esa ley tiene su equivalencia en el
Evangelio cuando afirma que “a cada uno será
dado según sus obras” (Mt 16, 27)...
Los pensamientos están dotados de ideoplasticidad y forman una nube que envuelve
el campo mental de las personas que los emiten y
de las personas que los reciben, causando males
de intensidades variables. Cuando son negativos,
son responsables de disturbios de la conducta de
las personas que se inclinan hacia la práctica
de acciones perjudiciales a sí mismas y a los
semejantes. Causan un verdadero desequilibrio a
su propia estructura psíquica, haciendo que
muchas veces se comporten como seres extraños,
anormales, desajustados. Ciertos comportamientos
de los seres humanos, que constituyen pesadas
cargas para su propia alma, son resultado de la
falta de control de los pensamientos, llevados
hacia el negativismo. Presentan reacciones que
se manifiestan, inicialmente, por diferentes
formas de insatisfacción del ego, como ansiedad,
inseguridad, angustia, frustración, aflicción,
rabia, haciendo que sean atraídos por la
fascinación de los vicios, de los disturbios de
la sexualidad, de la voluptuosidad, de los
comportamientos antisociales, como el robo, la
agresividad, el estupro, el secuestro, el crimen.
Existen, también, formas atenuadas de esa
modalidad de comportamiento, de personas que se
complacen en pasar horas en los bares, tomando
bebidas alcohólicas, fumando, ocupándose en
conversaciones o en entretenimientos fútiles, en
juegos de cartas y otros, perdiendo un precioso
tiempo haciendo comentarios sobre los semejantes
o discurriendo sobre hechos desagradables que
acontecieron consigo mismas, o con otras
personas. Hay otras formas de insatisfacción del
ego en las personas que fueron,
inconscientemente hacia posiciones negativas
contra sí mismas, y que les proporcionaron
cierta satisfacción íntima. Son personas que
presentan alguna modalidad de masoquismo y viven
buscando enfermedades para justificar sus
problemas. Se quejan constantemente de síntomas
de males orgánicos o psíquicos, de Enfermedades
imaginarias. Sienten inseguridad, ansiedad,
miedo, depresión. Y hacen exámenes médicos y de
laboratorios repetidamente, procurando encontrar
una explicación para sus problemas, pero los
mismos se presentan repentinamente normales. Hay
personas que se autoagreden, inconscientemente,
presentando síntomas de inapetencia que pueden
llevarlas a la muerte, por rechazar los
alimentos, y otras que comen mucho, y sólo se
satisfacen cuando están comiendo, y se tornan
doblemente insatisfechas, por la propia ansiedad
y por el exceso de peso a que son llevadas, y
son, igualmente resistentes a diferentes
modalidades de tratamiento. Esos problemas, en
general, son, abordados superficialmente por las
terapias vigentes, sin penetrar en las causas
intrínsecas que los determinan. Son
perturbaciones cuyas causas, aparentemente
desconocidas, pueden estar relacionadas a
disturbios del pensamiento, o vinculadas al
pasado y tenían sus marcas gravadas en el cuerpo
espiritual.
Hay formas de perturbaciones del pensamiento que
llevan a acciones mas serias, de agresiones a la
propia vida o a la vida de los semejantes, y que
estarían relacionadas a la inobservancia del
segundo mandamiento de la Ley de Dios, por la
falta de amor a los semejantes y a sí mismos. En
esa máxima del Cristianismo, está contenido el
precepto de amar con responsabilidad cristiana,
que alcanza, en esencia, todo el mensaje del
Maestro de Galilea. Hay personas que manchan su
existencia, vinculándose a la crueldad, a la
violencia, al crimen, a la tortura, al estupro,
al rapto, al robo, al secuestro y al propio
suicidio, acciones que causan sufrimiento y
desespero a sí mismas y a sus semejantes y que
tendrán juicio especial en el Tribunal de
Justicia Divina. Son modalidades de acciones
causantes de disturbios que pueden pasar
desapercibidos o no recibir la debida
importancia por parte de los profesionales de la
salud. Son resultados que causan verdaderos
estigmas manchando a los seres humanos en su
constitución más sensible, el espíritu, como
dice Emmanuel, en el libro del mismo nombre: “Es
la única realidad inmutable de la existencia”.
En las colectividades del planeta Tierra se
encuentran innumerables personas aparentemente
saludables, pero torturadas por diferentes
modalidades de sufrimientos, causados por la
falta de control de los pensamientos. Entre
otros, están lo seres movidos por el egoísmo,
que se encuentran con la visión oscurecida para
la belleza de la vida; los que, torturados por
el odio, andan por los caminos del mal, sin
vislumbrar la armonía que hay en toda la
Naturaleza; y otros todavía, en mayor número,
sufridos por la miseria y por los males físicos
y morales que se presentan, torturados por las
dificultades, por el dolor y por el sufrimiento,
desanimados, viven sin esperanza de vislumbrar
los horizontes bellos de la vida.
Cuando una persona llega al consultorio
presentando diferentes modalidades de síntomas,
diciendo que ya buscó innumerables profesionales
de salud, que hizo diferentes exámenes de
laboratorio y que son todos normales, es casi
siempre una persona que presenta males del alma,
para los cuales las terapias médicas,
psiquiátrica y psicológicas son parcialmente
eficaces. Siendo el alma de naturaleza divina,
de constitución energética, los recursos
espirituales para su tratamiento no deben ser
desvalorizados, aparte de la terapia normalmente
practicada. En verdad, la primera dificultad, al
atenderse un enfermo de esa naturaleza, consiste
en establecer el diagnóstico etiológico, para el
cual deben ser apartadas todas las señales y
síntomas posibles de enfermedades orgánicas, y
de las típicamente psíquicas, de los que se
manifiestan con desarrollo de causas anímicas,
oriundos de disturbios de la mente llevada hacia
el negativismo. La persona puede presentarse
aparentemente sana, en condiciones físicas
concordantes con la normalidad, pero torturadas
por los síntomas psicosomáticos, de ansiedad, de
miedo, con dolores generalizados o en ciertas
partes del cuerpo, como jaqueca, esperando
obtener una prescripción que la libre de su
angustia y sufrimiento. A parte de esos
trastornos, que se caracterizan por la
subjetividad de los síntomas, pueden ser
relatados ciertos males orgánicos que tienen sus
raíces en los disturbios del alma y que deben
ser igualmente tratados. Son casos de personas
que se entregan continuamente a pensamientos
negativos, impregnados por las emociones de
rabia, envidia, insatisfacción, celos y otros
semejantes, y traen síntomas de baja resistencia
orgánica, no tan solo para los esfuerzos físicos
habituales, sino también para las infecciones
comunes, presentándose constantemente cansadas,
flacas, desanimadas, quejosas.
Se quejan de todo, del tiempo, de las personas,
de la familia, de la salud, de las dificultades
en el trabajo, de los vecinos, de las personas
que colaboran en casa, de las cosas que
acontecen en el país y en el mundo. Son personas
que viven inmersas en quejumbroso estado,
desperdiciando la valiosa fuente de energía
inherente a su propia alma. Desconocen que el
ser humano tiene en el alma un poderoso recurso
responsable de la vitalidad de las células de su
organismo y, si el alma se mantiene desmotivada,
inmersa en negativismos por tiempo prolongado,
habrá un desfallecimiento energético general que
alcance todos los sectores de la organización
biológica. Son casos cuyos exámenes se muestran
constantemente negativos y los recursos
utilizados para el tratamiento, como el reposo y
el llamado hacia las vitaminas y medicamentos
energéticos no responden, frecuentemente, a los
resultados esperados. Se encuadran en el mismo
grupo las personas que pasan por serios
trastornos psíquicos y emocionales, motivados
por dificultades en la familia, en el trabajo o
por circunstancias de la propia vida, y pueden
presentar después de algún tiempo, síntomas
agudos de enfermedades orgánicas como diabetes,
disturbios cardiovasculares, intestinales y
otros. Y, del mismo modo, personas que pasaron
por graves e incontrolables dificultades
emocionales, pueden presentar disfunciones de
otras glándulas endocrinas, como la tiroides,
sin causa aparente, y para las cuales no bastan
las atenciones con relación a los males
presentados, sino que necesitan de cuidados que
deben alcanzar, igualmente, las causas que las
desencadenaron, dando la posibilidad de
restablecer el equilibrio de las energías del
alma..
Y el propio cáncer presenta, frecuentemente, en
los antecedentes de la persona enferma, relatos
de disturbios psicoemocionales, responsables de
la manifestación de enfermedades como la
hipertensión arterial, la angina de pecho y el
infarto de miocardio. Del mismo modo, disturbios
del aparato digestivo como la colitis ulcerosa y
la hemorroides pueden ser el resultado de
disturbios psíquicos y emocionales. Y, también,
ciertas infecciones del aparato genitourinario,
como cistitis, cólicos y hemorragias uterinas,
son problemas que requieren atención médica
tradicional pero que debe ser complementada con
tratamiento psiquiátrico y, posiblemente, por un
tratamiento espiritual que pueda traer alguna
contribución para la cura de la persona enferma.
Como el pensamiento es un atributo del alma, su
control dirigido hacia el bien mayor, bajo el
impulso de la voluntad, de la determinación y
del amor, puede resultar en beneficio eficaz
para el ser humano. Las personas no deberían
dejarse influenciar por los problemas que les
llegan constantemente a través de los recursos
de comunicación, dirigidos enteramente hacia la
transmisión de noticias desagradables, que
pueden causar el desequilibrio de las
vibraciones energéticas del alma de las personas
desprevenidas. Deben hacer el propósito de vivir
en paz y en armonía consigo mismas, reconociendo
que pueden estar envueltas por la ideoplastia de
sus propios pensamientos, saludables o dañinos,
y procurar anular sus propias reacciones
negativas que irían a empañar su propósito de
elevarse, aunque paulatinamente, por su propio
equilibrio físico, psíquico, emocional y
espiritual.
Extraído del libro "Enfermedades del alma"

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