La única vía hacia una vida mejor es a través del perdón.

 

Basta decir la palabra «Perdona» y la reacción de algunas personas es inmediata: «¿Estás de broma?», «¿Jamás!», o «¿Perdonarla después de lo que me ha hecho?», o incluso «¡Ojalá pudiera!». A veces es posible que la sola idea de perdonar a alguien intensifique los sentimientos de cólera y rabia. Otras veces, puede que la idea produzca un inmediato alivio.

Tómate unos minutos y fíjate en qué te evoca la sugerencia de perdonar a alguien. Trae a tu mente a una persona a quien consideras causa de algún sufrimiento personal. ¿Cómo te sientes ante la idea de perdonarla? ¿Qué significa para ti perdonarla? ¿Qué tendrías que hacer para perdonarla?

Todos tenemos un conjunto de ideas preconcebidas sobre el perdón, ideas que van acompañadas de sentimientos que las mantienen firmemente arraigadas. Nuestro concepto del perdón puede provocar dos cosas: o bien imposibilitarnos, limitando nuestra capacidad para la claridad y la alegría, o bien animarnos, ofreciéndonos una manera de dejar atrás el pasado y ser libres para vivir con mayor paz y felicidad.  Si crees, por ejemplo, que perdonar a alguien significa justificar su comportamiento y tener que aceptar cualquier cosa que haya hecho, entonces tal vez hayas de considerar imperdonables a muchas personas y aferrarte al rencor para siempre Esta reacción parece muy razonable y cuerda, porque, ¿quién va a justificar la conducta de alguien que maltrata, manipula o es insensible a los derechos fundamentales de otra persona?

Lo que crees sobre el perdón te abre o te cierra posibilidades, determina tu disposición a perdonar y, por lo tanto, influye profundamente en el tono emocional de tu vida.

Robin Casarjian - Perdonar, una decisión valiente

Oración del perdón metafísico:

 

Amada Presencia de Dios que Yo Soy, hoy vengo a ti para pedirte me concedas la gracia de perdonar a todos aquellos que en algún momento de mi vida me han herido. Llena mi mente con la suave Luz de tu Amor. Ayúdame a perdonarme a mi mismo.

Me perdono por todas mis fallas y debilidades. Por todo lo que no ha sido bueno en mi vida. Por no cuidar mi mente, mi cuerpo, ni mi corazón.
Por mis impulsos desordenados y agresivos. Por mis sentimientos de rabia, celos y envidia. Me perdono también por mis faltas contra los demás,
Por todas las heridas causadas de palabra o de obra.
Por haber apoyado o realizado un aborto.
Me perdono igualmente por mi falta de confianza en ti, por haberte culpado de algún problema o enfermedad, o de la muerte de un ser amado.

Me perdono y perdono a mi mamá por todos sus errores y sus fallas. Por no darme todo el amor que yo necesitaba. Por no comprenderme no ayudarme. Por haberme castigado injustamente. Por haber preferido a mis hermanos.

Me perdono y perdono a mi papá por su falta de tiempo y de cariño para mí, por no ser mi amigo. Perdono a mi papá por todas sus equivocaciones y debilidades.
 Me perdono y perdono a mis hermanos por su rechazo o indiferencia. Por sus criticas y rivalidades, por sus abusos y peleas. Me perdono y perdono a mis amigos por haber traicionado mi confianza. Por haberme fallado cuando mas necesitado de su ayuda estaba. Me perdono y perdono a mis jefes y compañeros de trabajo por sus faltas de consideración, comprensión y lealtad.

Me perdono y perdono a esa persona que ame con tanta intensidad
y no supo corresponder a mi amor por no haberme valorado,
Por haber jugado con mis sentimientos o engañado.
Me perdono y perdono a mi pareja por su falta de amor e indiferencia. Por no entenderme ni apoyarme cuando lo esperaba. Por sus criticas, insultos y malos tratos emocionales, físicos o morales. Por haberme sido infiel o haberme abandonado.


Me perdono y perdono a mis abuelos, parientes, suegros y cuñados.
Por no haberme apoyado, haberme criticado y rechazado.
Por haber interferido en mi vida o no haberme tendido la mano.
Perdono a los médicos y abogados por su falta de ética.
Perdono igualmente a los empleados del gobierno y de empresas privadas por su desconsideración, abuso de poder y trabajo ineficiente.
Perdono a los dirigentes espirituales por sus debilidades y miserias.
Por las desconfianzas, temores y heridas que me causaron.
Perdono a todo aquel que me haya causado algún disgusto, una herida, sufrimiento y dolor a lo largo de mi vida, comprendiendo que sin su ayuda me hubiese sido imposible crecer, prosperar y evolucionar.
A todos y a cada uno de ellos doy gracias porque finalmente he comprendido Que no hay nada que sanar ni perdonar.


Perdona a los demás y déjalos ser


Las personas se la pasan la mayor parte de su vida sintiéndose ofendidas por lo que alguien, les hizo.

La sorprendente revelación que te voy a hacer, va a cambiar ... tu vida...

¡Nadie te ha ofendido!
Son tus expectativas de lo que esperabas de esas personas, las que te hieren.
Y las expectativas tu las creas con tus pensamientos. No son reales. Son imaginarias.
Si tu esperabas que tus padres te dieran más amor, y no te lo dieron, no tienes porqué sentirte ofendido.
Son tus expectativas de lo que un padre ideal debió hacer contigo, las que fueron violadas.
Y tus ideas son las que te lastiman. Si esperabas que tu pareja reaccionara de tal y cual forma y no lo hizo...
Tu pareja no te ha hecho nada.
Es la diferencia entra las atenciones que esperabas... tuviera contigo y las que ...realmente tuvo, las que te hieren.
Nuevamente, eso está en tu imaginación.
¿Enojado con Dios?
Son tus creencias de lo que debería hacer Dios, las que te lastiman.
Dios jamás ofende y daña a nadie. Un hábito requiere de todas sus partes para funcionar.
Si pierde una, el hábito se desarma.
El hábito de sentirte ofendido por lo que te hacen otros (en realidad nadie te hace nada) desaparecerá cuando conozcas mejor la fuente de las "ofensas".
Cuando nacemos, somos auténticos.
Pero nuestra verdadera naturaleza, es suprimida y sustituida artificialmente por conceptos que nuestros padres, la sociedad y televisión nos enseñan.
Y crean una novela falsa de cómo deberían ser las cosas en todos los aspectos de tu vida y como deben de actuar los demás.
Una novela que no tiene nada que ver con la realidad.
También, las personas son criaturas de inventario.
A lo largo de su vida, coleccionan experiencias: padres, amigos, parejas, etc. y las almacenan en su inventario interior.
Las experiencias negativas dejan una huella más profunda en nosotros que las positivas.
Y cuando una persona es maltratada por alguien, deja esa experiencia en su "inventario".
Cuando conoce a alguien, tiene miedo.
Y trata de ver si la nueva persona repetirá las mismas actitudes que la que la hirió.
Saca una experiencia de su inventario negativo.
Se pone los lentes de esa experiencia y ve a las nuevas personas y experiencias de su vida, con esos lentes.
¿Resultado?

Se duplican los mismos problemas y las mismas experiencias negativas.
Y el inventario negativo sigue creciendo.
En realidad lo que hace es que te estorba. No te deja ser feliz.
Y a medida que se avanza en años, se es menos feliz.
Es porque el inventario negativo aumenta año con año.
Una de las mayores fuentes de ofensas, es la de tratar de imponer el punto de vista de una persona a otra y guiar su vida.
Cuando le dices lo que debe hacer y te dice "no", creas resentimientos por partida doble.
Primero, te sientes ofendido
porque no hizo lo que querías.
Segundo, la otra persona se ofende porque no la aceptaste como es.
Y es un círculo vicioso.

Todas las personas tienen el derecho divino de guiar su vida como les plazca.
Aprenderán de sus errores por sí mismos.
Déjalos ser.

También, nadie te pertenece.
Cuando los colonos americanos querían comprarles sus tierras a los Pieles Rojas,
estos les contestaron "¿Comprar nuestras tierras? ¡Si no nos pertenecen!
Ni el fulgor de las aguas, ni el aire, ni nuestros hermanos los búfalos a los cuales solo cazamos para sobrevivir.
Es una idea completamente desconocida para nosotros".
Ni la naturaleza, ni tus padres, ni tus hijos, tus amigos o parejas te pertenecen.
Es como el fulgor de las aguas o el aire.
No los puedes comprar.
No los puedes separar.
No son tuyos.
Solo los puedes disfrutar como parte de la naturaleza.
El cauce de un río no lo puedes atrapar.
Solo puedes meter las manos, sentir el correr de las aguas entre ellas, y dejarlo seguir.

Las personas son un río caudaloso. Cualquier intento de atraparlas te va a lastimar.
Ámalas, disfrútalas y déjalas ir.
Entonces ¿Cómo puedo perdonar?

1) Entiende que nadie te ha ofendido.
Son tus ideas acerca de cómo deberían actuar las personas y Dios las que te hieren.
Estas ideas son producto de una máscara social, que has aprendido desde tu infancia de forma inconsciente.

Reconoce que la mayoría de las personas NUNCA van a cuadrar con esas ideas que tienes. Porque son ideas falsas.

2) Deja a las personas ser. Deja que guíen su vida como mejor les plazca.
Es su responsabilidad. Dales consejos, pero permite que tomen sus decisiones.
Es su derecho divino por nacimiento: el libre albedrío y la libertad.

3) Nadie te pertenece. Ni tus padres, amigos y parejas. Todos formamos parte del engranaje de la naturaleza.
Deja fluir las cosas sin resistirte a ellas. Ama y deja ser.

4) Deja de pensar demasiado.
Ábrete a la posibilidad de nuevas experiencias. No utilices tu inventario.
Abre los ojos y observa el fluir de la vida como es. Cuando limpias tu visión de lentes obscuros y te los quitas, el resultado es la limpieza de visión.

5) La perfección no existe. Ni el padre, amigo, pareja o Dios perfecto.
Es un concepto creado por la mente humana que ha un nivel intelectual puedes comprender, pero en la realidad NO EXISTE. Porque es un concepto imaginario.
Un bosque perfecto serían puros árboles, Sol rico, no bichos... ¿existe? No.
Para un pez, el mar perfecto sería aquel donde no hay depredadores ¿existe? No.
Solo a un nivel intelectual. En la realidad JAMÁS VA A EXISTIR.
Naturalmente, al pez solo le queda disfrutar de la realidad.
Cualquier frustración de que el mar no es como quiere que sea no tiene sentido.
Deja de resistirte a que las personas no son como quieres.
Acepta a las personas como el pez acepta al mar y ámalas como son.

6) Intoxícate con la vida. La vida real es más hermosa y excitante que cualquier idea que tienes del mundo.
Me complacerá decírtelo por experiencia.

7) Imagina a esa persona que te ofendió en el pasado. Imagínate que ambos están cómodamente sentados.
Dile porqué te ofendió. Escucha su explicación amorosa de porque lo hizo. Y perdónala.
Si un ser querido ya no está en este mundo, utiliza esta dinámica para decirle lo que quieres. Escucha su respuesta.
Y dile adiós. Te dará una enorme paz.

8) A la luz del corto período de vida que tenemos, solo tenemos tiempo para vivir, disfrutar y ser felices.
Nuestra compañera la muerte en cualquier momento, de forma imprevista, nos puede tomar entre sus brazos.
Es superfluo gastar el tiempo en pensar en las ofensas de otros. No puedes darte ese lujo.

9) Es natural pasar por un periodo de duelo al perdonar, deja que tu herida sane.
Descárgate con alguien para dejar fluir el dolor.
Vuelve a leer este artículo las veces necesarias y deja que los conceptos empiecen a sembrar semillas de conciencia en tu interior.
Aprende con honestidad los errores que cometiste, prométete que no lo volverás a hacer y regresa a vivir la vida.
Y como dirían los Beatles, Let it be!

Deja al mundo ser.
Y déjate ser a ti también.


Meditación del Perdón

Escoge un momento, hora y lugar en donde no seas molestado (a). Siéntate en posición cómoda, loto o semi loto. Con la espalda recta, la lengua pegada al paladar y comienza a respirar profundo. Mentalmente vas a hacer un decreto de arraigo, repitiendo:
"A este mundo pertenezco y aquí voy a regresar". Ahora vas a visualizar tu cuerpo envuelto en un óvalo dorado que sellará tu aura, permitiendo que salga todo lo que no desees dentro de ti a nivel físico y emocional y que al mismo tiempo evite infiltraciones negativas de seres desencarnados alejados de la luz o de personas vivas con malos deseos hacia ti.
Después, visualiza cómo de las plantas de tus pies salen unas raíces que te cimientan a la tierra. Después, de la base de tu columna sale otra raíz que se conecta al cosmos a través del chacra de la coronilla. Así estás cimentado en la madre tierra y abierto a la sabiduría universal.
Este es el momento de pedir la presencia del ángel del perdón. Pídele que te acompañe en este viaje de purificación. Ahora este ángel hermoso, va contigo. Detrás tuyo.
Repite la siguiente oración:
Ángel del perdón, acompáñame y guíame para que aceptar el perdón como parte de mi existencia.
Ayúdame a liberar las cadenas que arrastro con dolor y resentimiento. Es mi deseo sentirme libre.
Si es deseo de la divinidad, que la persona a quien no he perdonado venga a este plano y trabaje conmigo por la misma causa.
Lo siguiente que harás, será imaginarte completo (a), de pies a cabeza caminando sobre piso o tierra firme. Vas a caminar lentamente, observando tus pies. Comienza a sentir la sensación de libertad que te provoca el estar en paz contigo mismo (a). Poco a poco vas a abrirte camino a una imagen mental que te provoque placer. Esto es: vas a crear un paisaje con los elementos necesarios para hacerte sentir en armonía.
Coloca el elemento aire y aspira tranquilamente, mientras escuchas el correr del agua y sientes el abrazo del sol.
Observa tu obra. Has puesto todo lo que te inspira paz. Vive esta sensación intensamente.
Ahora viene la parte más importante.
Ahí, en tu paisaje vas a ver un par de sillas, una frente de la otra.
Observa muy bien de qué material están hechas las sillas. El ángel del perdón, está contigo, justo detrás tuyo.
Siéntate en una de las sillas y desde el corazón, pide la presencia de este ser o seres con quienes estás enojado (a), a quien o quienes traes cargando por no haber hablado de frente. Espera el tiempo que sea necesario hasta que esta persona aparezca.
La (o) vas a ver venir caminando. Puede variar su actitud. Puede que tú estés experimentando todo tipo de sensaciones. Acéptalas, procésalas y libéralas.
Cuando esta persona esté frente a ti, pídele que tome asiento. Experimenta la sensación de tener la cabeza vacía de ideas preconcebidas, el corazón libre de odio. Vive la sensación de compasión por este ser.
Déjalo (a) hablar. Es importante que escuches, que observes.
Es posible que surja el llanto en ti, déjalo fluir. Libérate.
Ahora te toca a ti hablar. Dile todo aquello que no pudiste.
Tómate el tiempo que quieras. Después toma su mano y repite lo siguiente:
Te perdono el daño que me hiciste Te devuelvo tu energía, Tomo la mía.
Estoy en paz contigo deseo para ti la paz y el amor que la vida pueda darte.
Mientras lo dices, visualiza cómo te descargas de su energía, respira profundo ahí afuera, como si quisieras sacar todo el peso. Siente cómo tus órganos internos se liberan, se relajan. Si es posible, espera a que esta persona haga el mismo ejercicio.
Una vez terminado. Observa cómo esta persona se va lentamente y en paz.
Poco a poco, sal de tu paisaje. Guárdalo en tu mente como un preciado tesoro y vuelve a este lugar cuando lo necesites, con solo recordarlo.
Respira profundo tres veces y recobra la conciencia.
Agradece la ángel del perdón el haber estado presente. Abre tus ojos.
Has comenzado a liberarte del rencor y lo más importante, estás recobrando tu energía vital. Tan necesaria para vivir intensamente.
Si no hubo eco en la otra persona o estuvo renuente, no te preocupes.
Continúa haciendo este ejercicio.


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