Siempre existe una salida.

 

Un ángel acarició estas palabras para que lleguen a tu corazón de una manera simple y pura. Este mensaje viene a sanar las heridas con amor, a través de la luz de la comprensión. Al no existir divisiones, si te ayudo me ayudo y nos hacemos más conscientes. Aún retumba en mi interior el lacerante ardor de tu pregunta, que contiene el abismo más profundo del dolor y posee el bello don de humanizar: "¿Por qué a mí?".

Resulta incomprensible que la combinación de estas nueve letras pueda abrir las puertas hacia un mundo desconocido, donde experimentamos los límites insospechados de nuestro propio sentir de una manera tan intensa. Como si fuesen las manos de un viejo sabio, los signos de interrogación contienen, al mismo tiempo, el cielo y el infierno. Nadie te está castigando. Estás experimentando la existencia en toda su dimensión.

Aunque en medio del aturdimiento la razón sostenga lo contrario, tu espíritu sabe que detrás la rabia, la impotencia y el llanto, aguarda el renacer. Las vivencias más duras conducen a la fe. La comprensión llega a través de la entrega. ¿Me creerías si te digo que por más que tu corazón pueda lucir maltrecho y agrietado nunca fuiste abandonado tan siquiera un solo instante? Cuesta asimilar que todo acontece sin errores. Sos amado.

No resistas. Entrar de lleno en el dolor te dará el impulso necesario para salir del pozo. Al resurgir del abismo tus prioridades y valores serán otros. Serás aún más sensible, verás a través del alma y permanecerás centrado en la insondable riqueza de tu mundo interior. Cuando el temporal haya pasado, agradecerás al sufrimiento por las lecciones recibidas. Sabrás que dentro de la desgracia anida la gracia que te hizo más humano.

Al terminar de escribir este mensaje, una nube tomó forma de ángel, el Sol brilló y las flores liberaron su más fina fragancia para que esparza estas palabras en tus heridas abiertas. Vamos rumbo a una era dorada donde experimentar el dolor ya no será necesario. Otro será el sentir que reinará en tu corazón cuando recuerdes con alegría el sentido de esta frase, que tal vez hoy te lastime: "¿Por qué a mí?".

 

Por Julio Andrés Pagano

 

 

 
       

 

 



Cris Carbone