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No
se puede ofrecer un perdón verdadero si se
niega o se hace caso omiso de la rabia y el
resentimiento.
El motivo más obvio para perdonar es
liberarnos de los efectos debilitadores de
la rabia y el rencor crónicos. Al parecer,
estas dos emociones son las que más
convierten el perdón en un desafío, a la vez
que en una grata posibilidad para quien
desee una paz mayor.
Como todos sabemos, la rabia y el rencor son
emociones muy fuertes que desgastan nuestra
energía de muchas maneras.
Cuando vayas quitando las capas,
probablemente descubrirás que esa rabia en
realidad es un sentimiento superficial. No
en el sentido de que sea trivial o falso,
sino en el de que hay muchos otros
sentimientos y dinámicas por debajo de él.
Cuando nos perdemos en la rabia nos volvemos
sordos a nuestros sentimientos más
profundos. Hemos aprendido a escuchar sólo
aquellos que saben gritar más fuerte.
La rabia es una intensa reacción emocional
temporal cuando uno se siente amenazado de
alguna manera. Cuando surge, puede
expresarse abierta y directamente, o puede
ocultarse debajo, donde se expresa de un
modo callado y persistente en forma de
resentimiento crónico, que es esa sensación
constante de agravio o de mala voluntad que
persiste aún mucho tiempo después de que
haya pasado la situación que provocó la
rabia. Se ha comparado el resentimiento al
acto de aferrarse a una brasa encendida con
la intención de lanzársela a otro quemándose
uno la mano mientras tanto.
De hecho, la palabra resentimiento viene de
resentir, es decir, volver a sentir
intensamente una y otra vez. Cuando estamos
resentidos, sentimos con intensidad el dolor
del pasado una y otra vez. Esto, sin duda,
no sólo tiene un efecto lamentable en
nuestro bienestar emocional, sino que
también repercute negativamente en nuestro
bienestar físico.
Robin Casarjian -
Perdonar, una decisión valiente

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