1. ¿Qué es la soledad?
 

Puede llegar a ser dolorosa, autodestructiva, angustiosa... pero también resultar enriquecedora

Mucha gente experimenta un sentimiento de vacío casi insoportable cuando está sola.
La obsesión por estar todo el día haciendo cosas y la preocupación de tener siempre ocupados los espacios de nuestro tiempo libre, demuestran que nos cuesta estar solos.

Ante esto, conviene saber que aunque compartamos nuestras vidas con los demás, también es bueno estar solos de vez en cuando y disfrutar de ello como una experiencia positiva.

La soledad no deseada es muy dolorosa, por ello hay que aprender no solo a combatirla, sino también a disfrutar de ella.

La soledad es una sensación de aislamiento que nos lleva a una tristeza profunda.

El hecho de encender enseguida la televisión o un aparato de música al entrar en nuestra casa vacía o conectar la radio en el coche antes, incluso, de ponerlo en marcha reflejan la angustia que nos produce el silencio y la soledad.

Puede llegar a ser dolorosa, autodestructiva, angustiosa... pero también resultar enriquecedora, creativa, además de una sana y necesaria elección en determinados momentos de nuestra vida.

Se trata, por encima de todo, de una vivencia en la que la autoestima es fundamental; ya que sólo si nos queremos seremos capaces de disfrutar plenamente de la soledad y

de sacar el máximo partido de las relaciones que hayamos escogido en la vida para acompañarnos.


2. ¿Qué provoca el miedo a la soledad?


A veces, tras la pérdida de seres queridos, un divorcio, el paro, etc. aparecen sentimientos muy profundos de desamparo que parece que nunca se van a superar, pero es bien sabido por todos que lo normal es que tras un período de duelo y con el tiempo desaparezcan.

Se trata de evitar recrearnos amargamente en lo que hubiera podido ser y empezar a reconstruir la vida con optimismo, autonomía, libertad y responsabilidad.

Otras veces pensamos que somos seres incompletos y que sólo a través del amor en pareja encontraremos la plenitud emocional.

Buscamos en el otro aquello que no poseemos, las cualidades de las que carecemos y que creemos que completarán nuestra personalidad.

Esta búsqueda genera relaciones de dependencia, que nos impiden considerar que sólo a través de la confianza en nuestras capacidades y el respeto a uno mismo, podremos amar a otras personas de una forma natural y sana.

Pero la soledad también se sufre, a veces, en compañía y aparece cuando se es consciente de la distancia que separa nuestra alma de la persona con la que convivimos.

En este caso, el desamor y la tristeza que produce la incomunicación puede ser motivo de ruptura, pero para tomar esta decisión es necesario perder el miedo a la soledad y asumir la responsabilidad de reorganizar nuestra propia vida.

3. Cómo superarla


 


 

Nos sentimos más vivos cuando nos rodeamos de otras personas y contamos

con su apoyo emocional.
No hay plenitud sin la relación con los otros, y de ellos buscamos la aprobación, la cooperación, la amistad o el amor como antídotos contra una posible soledad.

Unos hechos que también evidencian que se nos hace difícil entender cómo el disfrute de la soledad, en vez del rechazo hacia ella, es un reto que conlleva la satisfacción de conocernos mucho mejor.

Quienes sacan provecho de su única compañía rara vez se aburren, y no necesitan de un ambiente externo favorable para pasarlo bien, ya que han superado la prueba de la soledad.

De esta forma aprenden a gozar de los demás tanto como de sí mismos, y a estar solos sin sentirse perdidos en el mundo.

La solución consiste en vivir la soledad como una experiencia positiva y equivale a estar satisfecho con uno mismo; a disfrutar de los momentos de nuestra única y exclusiva compañía y tratar de comprender con curiosidad y paciencia nuestro propio mundo interior, pues está lleno de sensaciones, miedos, esperanzas... que ni siquiera hemos empezado a descubrir.

Piensa en todas esas actividades que te han gustado siempre, todos tenemos un montón de actividades en reserva esperando a tener tiempo para poder realizarlas.

Sin embargo, cuando llega el momento y podemos disfrutar de ese instante de soledad nos parece que no somos capaces de hacer nada solos.

No malgastes estos instantes sin hacer nada, pues en soledad pueden hacerse muchas cosas.

Empieza a utilizar tu mente de manera creativa, ocupándola en pensamientos estimulantes: escribir un diario, una carta, leer, meditar...

No te maltrates con pensamientos, sentimientos y actuaciones de autodesprecio.

Descubre todo lo bueno que hay en ti y felicítate por ello las veces que sea necesario.



Dª. Trinidad Aparicio Pérez
Psicóloga clínica. Psicóloga escolar

Granada



 

El aislamiento social y la soledad no deseada constituyen una experiencia desagradable y estresante, asociada frecuentemente con alteraciones emocionales y sentimientos de marginación social.

¿Por qué la soledad?


Diversos factores pueden estar asociados a la soledad: carencia de habilidades sociales, deterioro en habilidades o pérdida de motivación como consecuencia de trastornos psicopatológicos, experiencias aversivas u otras estrictamente sociales como marginación, desarraigo...

Aunque la cantidad de contacto social constituye un elemento básico de esta experiencia o problema, un carácter más determinante se viene reconociendo a los procesos cognitivos, a la satisfacción de las expectativas puestas en las propias relaciones.

Una definición de soledad

Ambos aspectos quedan recogidos al definir la soledad como “una condición persistente de malestar personal y emocional que surge cuando una persona se siente incomprendida o rechazada por otros y/o carece de compañía adecuada para las actividades deseadas”.

Particularmente, aquellas que facilitan un sentido de integración social y oportunidades para la intimidad emocional.

Consecuencias

Por otra parte, es de suponer en las personas aisladas un déficit en cuanto a Apoyo social, emocional e instrumental lo que podría aumentar su vulnerabilidad a enfermedades y trastornos psicopatológicos relacionados con el estrés.

Se reconocen múltiples causas, asociadas generalmente tanto a la propia competencia social de los sujetos, como a limitaciones ambientales.

Una gran desconocida

Pero existe aún un notable desconocimiento dados los escasos estudios hasta ahora realizados sobre los diversos condicionantes de la soledad y el aislamiento, así como sobre las correspondientes estrategias de intervención.


Área de Pedagogía: Begoña González y Nerea Íñigo. Psicopedagogía: Alfonso Cabezón.



La soledad: ¿aprender a vivir solos o animarnos a buscar relaciones?
Un mal de nuestro tiempo

Los psicólogos consideran que alguien está solo cuando no mantiene comunicación con otras personas o cuando percibe que sus relaciones sociales no son satisfactorias. Tres características definen la soledad: es el resultado de relaciones sociales deficientes, constituye una experiencia subjetiva ya que uno puede estar solo sin sentirse solo o sentirse solo cuando se halla en grupo; y, por último, resulta desagradable y puede llegar a generar angustia.
La soledad, salvo excepciones, es una experiencia indeseada similar a la depresión y la ansiedad. Es distinta del aislamiento social, y refleja una percepción del individuo respecto a su red de relaciones sociales, bien porque esta red es escasa o porque la relación es insatisfactoria o demasiado superficial. Se distingue dos tipos de soledad: la emocional, o ausencia de una relación intensa con otra persona que nos produzca satisfacción y seguridad, y la social, que supone la no pertenencia a un grupo que ayude al individuo a compartir intereses y preocupaciones. Parece, por otro lado, que la soledad está relacionada con la capacidad de las personas para manifestar sus sentimientos y opiniones.

Cuando nuestra habilidad para relacionarnos es deficiente, aumenta la probabilidad de que nos quedemos solos ya que las relaciones que mantenemos son menos entusiastas y empáticas. En general, las personas con problemas de neurosis se muestran convencidas de que no resultan amables ni dignas de ser apreciadas, y rechazan cualquier tipo de amigos potenciales con el objetivo de protegerse a sí mismos del posible rechazo. La soledad esta muy relacionada con la pérdida de relaciones con ese conjunto de personas significativas en la vida del individuo y con las que se interactúa de forma regular. La definición más común de soledad es la de carencia de compañía y que se tiende a vincularla con estados de tristeza, desamor y negatividad, obviando los beneficios que una soledad ocasional y deseada puede reportar.

La ausencia de un ser querido

Cuando (por separación en la pareja, fallecimiento de un ser querido u otra causa) desaparece de nuestra vida alguien a quien hemos amado o que ocupaba un espacio estelar en nuestra cotidianeidad, nos invade una particular sensación de soledad, un vacío, una nada enmudecida que nos sume en la tristeza y la desesperanza. Hemos de sobrellevar la dolorosa percepción de orfandad, de ausencia de una persona insustituible. Nos vemos perdidos y sin referencias en las que antes nos apoyábamos para afrontar la vida.

Somos seres sociales que necesitamos de los demás para hacernos a nosotros mismos. Y no sólo para cubrir nuestras necesidades de afecto y desarrollo personal, sino también para afianzar y revalidar nuestra autoestima, ya que ésta se genera cada día en la interrelación con las personas que nos rodean.

La pérdida es irreemplazable pero no debe ser irreparable. Ese hueco o, mejor, su silueta, quedará ahí pero si nos permitimos sentir la tristeza y nos proponemos superarla a base de confianza en nosotros mismos, podremos reunir fuerzas para establecer nuevas relaciones que cubran al menos parcialmente ese déficit de amor que la ausencia del ser querido ha causado. Hemos de intentar que la carencia de esa persona no se convierta en una carencia general de relaciones. Esta soledad es dolorosa, pero puede convertirse en positiva si la interpretamos como oportunidad para aprender a vivir el dolor sin quedarnos bloqueados. Y para generar recursos y habilidades para continuar transitando satisfactoriamente por la vida. Debemos interiorizar y controlar el dolor, sabiéndolo parte inherente a la vida, aprendiendo a no temerlo y a no mantenernos al margen del sufrimiento como si de una debilidad o incapacidad se tratara. Quien sabe salir del dolor está preparado para disfrutarla la plenitud en momentos venideros.
 

La soledad social

La de quien apenas habla más que con su familia, sus compañeros de trabajo y sus vecinos es una soledad muy común en este mundo nuestro. Nos sentimos incapaces de contactar con un mínimo de confianza con quienes nos rodean, tememos miedo que nos hagan o nos rechacen. Plantamos un muro a nuestro alrededor, nos encerramos en nuestra pequeña célula (en ocasiones, incluso unipersonal) y vivimos el vacío que nosotros mismos creamos y que justificamos con planteamientos como "no me entienden", "la gente sólo quiere hacerte daño", "para lo único que les interesas es para sacarte algo", "cada vez que confías en alguien, te llevas una puñalada". Si la soledad es deseada nada hay que objetar, aunque la situación entraña peligro: el ser humano es social por naturaleza y una red de amigos con la que compartir aficiones, preocupaciones y anhelos es un cimiento difícilmente sustituible para asentar una vida feliz. Es una meta difícil y las estructuras y hábitos sociales de nuestra civilización frenan este empeño de hacer y mantener amistades, pero merece la pena empeñar lo mejor de nosotros en el intento.

Esa soledad no deseada puede convertirse en angustia, si bien algunos se acostumbran a vivir solos. Se revestirá esta actitud de una apariencia de fortaleza, autosuficiencia, agresividad o timidez. Y todo, para esconder la inseguridad y el miedo a que no se nos quiera o no se nos respete.

Hay también otras soledades indeseadas, como esas a las que se ven abocadas personas mayores, amas de casa, o quienes muestran una orientación sexual no convencional, o quienes sufren ciertas enfermedades, incapacidades físicas o psicológicas o imperfecciones estéticas.

Un estado transitorio, nada más

La soledad es una situación que hemos de aspirar a convertir en transitoria y que conviene percibir como no forzosamente traumática. Podemos mutarla en momento de reflexión, de conocernos a fondo y de encontrarnos sinceramente con nuestra propia identidad. Hay un tiempo para comunicarnos con los demás y otro (que necesita de la soledad) para establecer contacto con lo más profundo de nosotros mismos. Hemos de "hablar" con nuestros miedos, no podemos ignorarlos ni quedarnos bloqueados por ellos. Es conveniente que, en ocasiones, optemos por la soledad. En suma, equilibremos los momentos en que nos expresamos y atendemos a otros, y los que dedicamos a pensar, en soledad, en nuestras propias cosas.

Vencer la soledad no deseada: unos pasos útiles

1) Diagnóstico: qué tipo de soledad es la que estamos sufriendo y a qué circunstancias se debe.

2) Conocernos bien. Dejemos a un lado el miedo a mirar dentro de nosotros, y afrontemos la necesidad de saber cómo somos: nuestras ilusiones y ambiciones, limitaciones y miedos, quién quiero ser, cómo me ven, cómo me veo...

3) Fuera la timidez. Tomemos la iniciativa para conseguir nuevas relaciones. Establezcamos qué personas nos interesan, y elaboremos una estrategia para contactar con ellas.

4) No hay nada que perder. El miedo al rechazo es un freno para entablar nuevas amistades o amores. El objetivo es importante, no nos andemos con remilgos.

5) Sin victimismos. El mundo resulta en ocasiones cruel, vulgar y materialista, de acuerdo. Pero seguro que hay otras personas que pueden estar deseando conocer a alguien como nosotros.

6) Encerrarnos en nosotros mismos es reconocer la derrota. A la mayoría la soledad nos hace daño, y nos sienta mejor tener con quién hablar, intimar y a quién querer.

7) No somos tan raros como a veces pensamos. No hay más que hablar en profundidad y confianza con cualquier persona para comprobarlo. Podemos "llenar" a más gente de la que creemos y nos pueden resultar atractivas muchas personas que tenemos muy cerca.
 
 

Cómo Regresar a lo Básico Kate se encontraba abrumada.

“Me encuentro ante un posible divorcio” dijo, su voz se quebró denotando estrés “Mi esposo me dejó y está planeando mudarse a Los Ángeles. Mis hijos han estado enfermos toda la semana”

Ella me dijo que había estado intentando volver a comenzar su trabajo como enfermera, ahora que sus hijos están un poco más grandes. “Pero tengo que trabajar de noche en la sala de emergencias para equilibrar las cosas” dijo. “Creí tener la certeza de todo. Luego todo cambió en mí. Todo se desajustó. No sé qué hacer.”

¿Le suena familiar? Es un problema común. La vida presenta posibilidades emocionantes, usted va por el oro, y la próxima cosa que sabe es que está hasta el cuello de problemas y de estrés.

Vivimos en tiempos emocionantes. Considere qué tan diferente es la vida ahora en comparación a la de nuestros antepasados. Hasta antes de la Revolución Industrial cerca de 1800, la vida estaba estructurada por el ritmo del día y la noche y el cambio de estaciones. La emoción, estimulación y el cambio eran todos peligrosos, algo para evitar. Para nuestros antepasados, el desequilibrio era una señal de peligro.

Ahora contraponga esto con la vida moderna. Todas nuestras maravillosas invenciones – electricidad, el automóvil, el aeroplano, el teléfono, el Internet – han despojado a los límites externos naturales, fronteras y estructuras que habían dictado la vida para nuestros antepasados. Hoy día, usted puede hacer cualquier cosa, donde sea, con quien sea y a cualquier hora. La vida esta llena de posibilidades.

Pero esta vida emocionante y sin límites puede dejarle desequilibrado. Sin la apacible estructura que guiaba a la humanidad a través de los años, usted puede dejarse llevar por la energía mental instintiva. Cuando su sistema nervioso percibe que su vida está fuera de balance, grita para alarmar, como si estuviera programado por millones de años de evolución para hacer esto. Usted se siente más y más estresado, intranquilo y preocupado.

La respuesta a este problema es crear un marco para alcanzar el balance en su vida. Piense en estas siete reglas para equilibrar como si fueran reglas de operación para su cerebro: una guía para un patrón saludable de vida:

1. Equilibrar el tiempo a solas y el tiempo que se pasa con las personas.
Muchos de nuestros contactos con otras personas son superficiales y virtuales – por medio de televisión, Internet, teléfonos móviles, en las calles de la ciudad con multitudes, en el centro comercial. Aun y cuando usted tenga contacto con docenas de personas todos los días, realmente usted puede estar solo. Vivir sin la tranquila disposición de las relaciones con las personas que conoce y le preocupan lo encamina hacia la depresión, soledad y frustración.

Balancee la sobre estimulada soledad de la vida moderna manteniendo al menos cinco relaciones cercanas de apoyo. Utilice sus habilidades naturales para crear relaciones. Si le gusta la música, utilice esto para encontrar personas. Si usted es un deportista, construya relaciones a través del deporte y actividades relacionadas. Si usted es un lector ávido, haga relaciones más estrechas a través de un club de lectura.

El antídoto para el actual contacto superficial con las personas es tomarse el tiempo para construir relaciones basadas en quién es usted, y sus intereses y habilidades únicas.

2. Equilibrar el movimiento y el descanso
Si usted pasa el día sentado – en un coche, en un escritorio, frente a una computadora, sentado en el sofá viendo televisión o hablando por teléfono – usted no puede sentirse descansado y relajado. En su lugar tendrá una sensación de aumento gradual de tensión y de falta de descanso. Usted necesita movimientos saludables para realmente relajarse.

Fuimos creados para movernos. El propósito de descansar es el permitirnos reunir la fuerza y energía para movernos de nuevo. Si pensáramos en la vida de nuestros ancestros, tendría sentido. Cuando nuestro actual sistema nervioso fue concebido, los hombres se movían ya fuese para encontrar comida, alimento, asilo o escapar del peligro o de no hacerlo, morían. En épocas prehistóricas, el moverse era vida.

Un programa regular de movimiento (caminar, asistir al gimnasio, yoga, danza, tenis, jardinería, etcétera) desvanecerá la tensión por falta de descanso que viene de un estado de inactividad que es mentalmente estimulado pero de origen físico.

3. Equilibrar “vivir el momento” con “pensar en el pasado”
Las herramientas para ahorrarnos tiempo (automóviles, teléfonos móviles, el Internet, máquinas de fax, etc.) son seductoramente efectivas. Pueden llevarle a un tipo de existencia de sobre estimulación momento a momento, abrumador y abrumador. Antes de que los sepa, usted puede perder el enfoque.

Mantenga el balance enfocándose en quien es usted (en lo que usted es bueno para hacer y el por qué escoge hacer lo que hace) Puede ayudarse pidiendo a un amigo este tipo de retroalimentación. ¿Está usted haciendo cosas de modo que tengan sentido para usted? ¿Está usted apegado a sus planes? ¿Está usted maximizando sus habilidades y minimizando los riesgos y desventajas?

Tenga una idea de quién es usted; después guarde un recordatorio de sus habilidades que lo lleve al poder de sus propias experiencias. Escriba de tres a cinco actividades en las que usted es bueno, en las que realmente confía, y eso le ayudará a mantenerse en el camino. Entonces, cuando la acción comience a ponerse rápida y furiosa, revise sus habilidades para asegurarse que lo que esta haciendo es correcto para usted.

4. Ponga en equilibrio sus apetitos con abstinencia enérgica, con una solución creativa de problemas y con planeación
La reacción humana natural a la abundancia es el consumir. Para nuestros ancestros, esto era adaptación, dado que los tiempos de abundancia eran raros. Apetitos tales como: hambre, sed, y el sexo, fueron señales del cerebro que decían que era tiempo de planear y tomar acción... para satisfacer estos apetitos.

Hoy en día, muchos de nosotros vivimos en un mundo de abundancia. Existen pocos periodos de abstinencia entre periodos de consumo, así que consumimos a destajo. La intuición nos dice que lo correcto cuando sentimos un fuerte apetito, es consumir. Pero la intuición está equivocada en este caso. Psicológicamente, cuando sentimos la estimulación de un apetito, lo correcto es planear una actividad, hacer esta actividad y luego consumir.

Usted mantiene el balance al enfrentar la abundancia de la vida moderna al usar su mente para pensar, planear y tomar acción, en lugar de simplemente consumir. La próxima vez que se encuentre hambriento, haga la prueba. Vaya afuera y arregle su jardín, en lugar de comer; o visite un amigo; o vaya a la iglesia. Planee una actividad y sustitúyala por el comer o beber. Ése es el camino hacía el balance.

5. Equilibrar el pensamiento y los sentimientos
Su cerebro funciona mejor cuando hay un balance dinámico entre el pensamiento y los sentimientos. El sentir (o las emociones) es la energía de la mente. Enciende la actividad, la memoria y los pensamientos. Cuando el pensamiento es movido por los sentimientos, su vida está elegantemente balanceada – está llena de sentido y es motivante y usted sabe el por qué vive de la manera en que lo hace.

En contraste con nuestro moderno dilema. La vida se ha vuelto mecanizada, rutinaria, repetitiva y tediosa. Pocas emociones y usted se abate, desmoraliza o se vuelve apático. O se siente aburrido y acosado por toda la inhumanidad, usted puede perder su paciencia.

Restablezca su balance aprendiendo a suavizar la inevitable frustración de vivir en un mundo mecanizado. Tome duchas, masajes o cante en un coro. Cualquier cosa que le calme. Entonces encuentre qué es lo que le importa. La clave es mirar atrás algunas veces en su vida cuando sienta emociones fuertes y positivas. Recuerde qué estuvo haciendo, que le importaba en ese entonces e intente recrear aquellos sentimientos en su vida diaria.

6. Equilibrar el sueño y las horas para levantarse.
Equilibrar el sueño y la vigilia es crítico. Usted necesita la cantidad correcta de sueño para reavivar la energía y vitalidad de su cuerpo y su mente.

En tiempos pasados las cosas se hacían por naturaleza. Sin electricidad, la gente se dormía cuando oscurecía – en equilibrio con los ciclos del día y la noche, en el ciclo de las estaciones. Ahora, en nuestro mundo de 24x7, estamos perdiendo el contacto con nuestras necesidades biológicas básicas de sueño. Conducidos por la emoción electrónica del mundo moderno, nos tornamos una sociedad privada del sueño.

Balancee el sueño y la vigilia encontrando qué tanto sueño necesita usted. Haga una gráfica para revelar la cantidad de sueño con la que se siente mejor. Luego obtenga esa cantidad de sueño. Entrene su ciclo de sueño apegándose a una hora regular para levantarse; tomando una fuerte cantidad de luz de sol en la mañana, planeando sus actividades de modo que sea más estimulado temprano en el día y gradualmente tranquilo y quieto en las horas antes de dormir.

7. Equilibrar las creencias y las dudas.
Todos los días usted es inundado con información, imágenes e ideas que demandan su atención. En nuestra cultura electrónica y manejada por lo medios, cada momento de la vida es diseccionado, analizado y cuestionado. Se torna difícil saber qué hacer después. El resultado es preocupación.

Las creencias apagan el estado de preocupación de la mente. La humanidad ha utilizado por mucho tiempo a las creencias religiosas como un antídoto a las preocupaciones. Las investigaciones han demostrado que al utilizar las creencias de forma positiva le puede ayudar a salir de la ansiedad social, depresión y ataques de pánico. Así mismo las investigaciones revelan que aquellos que tienen firmes creencias generalmente tienen vidas más saludables, felices y exitosas.

Balancee la cínica preocupación de la vida moderna siguiendo algunas prácticas que le permitan fortalecer su habilidad para creer. Aprenda a hablar de forma positiva de usted mismo y refléjese con imágenes de éxito. Rece si usted es religioso. Acepte una guía. Aprenda cómo seguir la sabiduría de los líderes. Y siga las ceremonias tranquilizadoras – ya sea que vaya a la iglesia o que lea historias a los niños antes de dormir. Las ceremonias fortalecen sus creencias recordándole las simples pero poderosas verdades de la vida.

Siga las siete reglas para equilibrar y encontrará sendas naturales en las que usted vivirá una vida saludable y llena de sentido. Aplique estos principios para disfrutar verdaderamente de la emoción, las posibilidades y la pasión de la vida.

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