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El aprendizaje de la tolerancia
es el camino hacia la
convivencia. Saber convivir es
saber respetarnos. No es fácil,
ya que para ser tolerantes
debemos acallar el egoísmo y el
orgullo. Pero es mediante el
ejercicio diario de la
tolerancia como logramos
construir la hermandad y
derribar los muros del odio y la
injusticia.
El diccionario de la Real
Academia define así esa valiosa
virtud llamada tolerancia:
- "Tolerancia es soportar al
otro con la intención de
entenderlo mejor. Sólo a partir
de esa mejor comprensión se
ordenan los conflictos de
intereses y los derechos de los
contrincantes. La tolerancia
exige coraje".
Y podemos ir más allá de esta
definición y afirmar que la
tolerancia nos mueve a aceptar
al otro con amor, más que a
soportarlo. Nos mueve a ponernos
en su lugar, a valorar las
diferencias y a dejar que el
otro viva su vida sin
manipularlo ni presionarlo. Y
como toda virtud es recíproca,
el otro también nos respeta y
así logramos convivir en armonía.
No es fácil, pero es mejor
amarnos que odiarnos y
agredirnos.
Hay quienes creen que tolerar es
aguantar. Pero en realidad se
trata de un principio de vida
que bastante falta nos hace, y
que equivale a respeto,
comprensión y adaptación hacia
los demás.
Ser tolerante es básicamente una
capacidad de adaptación, en
mayor medida a todo lo que se
presenta fuera de sí mismo, pero
en ciertas ocasiones exige serlo
también hacia adentro, pues no
todas las personas tienen el
mismo grado de tolerancia.
Se es intolerante cuando se
siente que otros invaden el
espacio, pero en el sentido de
que lo que hacen o dicen toca
las fibras del dolor; pero es
precisamente cuando los
episodios de dolor son
repetitivos, que se requiere
urgentemente hacer de la
tolerancia un principio
fundamental y cultural.
Todos los días tú te enfrentas a
situaciones que exigen “respeto
o consideración hacia las
opiniones o prácticas de los
demás, aunque sean diferentes de
las tuyas”. Por eso, en esta
oportunidad queremos presentarte
algunas pautas para aprender a
ser tolerantes:
Antes de enfrentarte al mundo
exterior no sobra “‘mirar hacia
adentro”. Si te levantaste con
la depresión o te sientes muy
sensible, es mejor que te
enteres primero de ese estado
que los demás, porque seguro a
veces puedes soportar un madrazo,
pero otras no, y lo menos que
puedes hacer, es desahogarte con
quien nada tiene que ver.
Comienza por entender las
razones por las cuales te
sientes especialmente
intolerante: te llegaron todas
las deudas al mismo tiempo, tu
pareja fue indiferente esa
mañana, tu vecino de nuevo hizo
rumba hasta la madrugada, etc.,
etc. Si lo analizas y lo aceptas,
la carga de problemas será más
liviana.
Ser tolerante no implica que
debas tragarte todos tus odios y
que reacciones con la paciencia
del santo Job. Si te molesta
algo de alguien, díselo. Y si
tienes que ponerte bravo,
permítetelo también, pero dentro
de los límites. La vida está
hecha de complicaciones por
doquier, pero se hace más
armoniosa cuando tú sabes
digerir los problemas y aceptas
las diferencias y las cargas de
los demás.
La tolerancia exige comprensión,
capacidad de entendimiento y
flexibilidad. No cierres la
puerta frente a los conflictos
de los demás. Esto no implica
que seas tú el que le resuelva
sus vidas, pero tampoco te
comportes con implacable
indiferencia. Escuchar es el
mejor ejercicio, aún frente a
los temas que crees que no
puedes tolerar y en los que
sientes que nadie te puede
cambiar de opinión.
El tolerante siempre busca
soluciones y se adapta a los
cambios. En lugar de ahondar en
el problema, toma un tiempo
prudente para pensar en las
salidas. No todas las
situaciones lo permiten, pero
hacerlo facilita las cosas para
ambas partes.
Frente a las adversidades o
diferencias con los demás, no
actúes con demasiado optimismo o
pesimismo. El optimista en
extremo ve siempre todo bien y
tiene poca visión ante los
problemas.
Ten en cuenta las razones y
motivos de los otros para actuar.
Así como tú puedes estar
hipersensible, los demás también.
Expresa tus necesidades y deseos
con claridad para que los demás
sepan exactamente hasta dónde
pueden contar contigo.
Mira siempre las cosas en su
contexto, y no te fijes
únicamente en los detalles o
hechos insignificantes, que le
restan trascendencia a una
situación mayor.
En cada una de tus relaciones,
nuevas o no, comprende que la
perfección no existe, y que por
lo tanto tú y los demás, cometen
errores. Si entiendes esto, cada
vez que te toque abordar a
alguien, en cualquier
circunstancia podrás hacer
mejores vínculos con los demás.
Vive el día con sus propios
placeres y preocupaciones. No
cargues con el pasado, pues en
la medida que vives el presente,
la vida se te tornará más
liviana y llevadera para contigo
mismo y los demás.
Henry García y Ana Millán,
psiquiatras
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