|

CUATRO
FORMAS
DE
TOLERANCIA
La mayor
fuerza
de la
humanidad
no
consiste
en armas
de fuego,
puños,
ni en un
poderío
militar,
sino en
la
capacidad
de
tolerancia.
Todo
tipo de
fuerza
debe
inclinarse
delante
de quien
tolera.
Hay cuatro principios para la tolerancia:
No responder a las blasfemias:
Cuando somos insultados, provocados o
acusados injustamente debemos responder con
el silencio. Si respondemos de la misma
forma cuando somos víctimas de la blasfemia,
nos igualamos con aquellos que nos insultan,
rebajando nuestro nivel. Si nos mantenemos
en silencio usándolo como arma contra las
blasfemias, evocando la conciencia de quien
las pronunció, esta fuerza es, naturalmente,
mayor.
Mantenerse calmo frente a los
infortunios:
Cuando nos encontramos con personas que
nos quieren incomodar derrumbar u oprimir,
debemos enfrentarlas con calma, evitando
cualquier confrontación. No responder con un
puñetazo cuando se recibe uno, ni responder
con un puntapié cuando se recibe otro, pues
de esta confrontación nadie sale vencedor.
Si la intención es buscar venganza de un
odio momentáneo, no alcanzará el éxito de
grandes hazañas.
Compasión frente a la envidia y el odio:
Frente a la envidia y el odio de otros
no debemos responder igualmente con odio y
envidia, sino con corazón abierto y alma
compasiva, ofrecer nuestra amistad y
mostrarles nuestra intención pacífica,
demostrando así, con educación, nuestra
superioridad.
Gratitud frente a las difamaciones:
Si alguien lo insulta y difama, no se
enoje con quien lo provocó, sino acuérdese
de los beneficios que esa persona le
proporcionó en el pasado y sea agradecido
por eso. Principalmente, no se olvide de que
en el fango más inmundo crece la impecable
flor de loto. Cuanto más oscuro es el lugar,
mayor es la necesidad de mantener encendida
la luz del alma. Por lo tanto, ante las
difamaciones, aquellos que nos difaman deben
ser influenciados con ética, compasión y
misericordia; solamente así la superaremos,
con moralidad y tolerancia.
El verdadero vencedor tiene la fuerza de la
tolerancia y el coraje de asumirla frente a
los insultos y opresiones.
Maestro Hsing Yun

La
tolerancia.
Podríamos definir la tolerancia como la
aceptación de la diversidad de opinión,
social,
étnica, cultural y religiosa. Es la capacidad de
saber escuchar y aceptar a los demás, valorando
las distintas formas de entender y posicionarse
en la vida, siempre que no atenten contra los
derechos fundamentales de la persona...
La tolerancia si es entendida como respeto y
consideración hacia la diferencia, como una
disposición a admitir en los demás una manera de
ser y de obrar distinta a la propia, o como una
actitud de aceptación del legítimo pluralismo,
es a todas luces una virtud de enorme
importancia.
El mundo sueña con la tolerancia desde que es
mundo, quizá porque se trata de una conquista
que brilla a la vez por su presencia y por su
ausencia. Se ha dicho que la tolerancia es fácil
de aplaudir, difícil de practicar, y muy difícil
de explicar.
Hay una tolerancia propia del que exige sus
derechos: La oposición de Gandhi al gobierno
británico de la India no es visceral sino
tolerante, fruto de una necesaria prudencia. En
sus discursos repetirá incansablemente que,
“dado que el mal sólo se mantiene por la
violencia, es necesario abstenerse de toda
violencia”. Y que, “si respondemos con violencia,
nuestros futuros líderes se habrán formado en
una escuela de terrorismo”. ¿Les suena esto en
la actualidad mundial?. Además, “si respondemos
ojo por ojo, lo único que conseguiremos será un
país de ciegos”.
¿Cuándo se debe tolerar algo? La respuesta
genérica es: siempre que, de no hacerlo, se
estime que ha de ser peor el remedio que la
enfermedad. Se debe permitir un mal cuando se
piense que impedirlo provocará un mal mayor o
impedirá un bien superior. Ahí entra en juego
nuestro discernimiento. Defender una doctrina,
una costumbre, un dogma, implica casi siempre no
tolerar su incumplimiento. Con este concepto
entendemos claramente que la verdad siempre
surge desde la individualidad y que las verdades
generalistas solo nos llevan a un camino de
confusión.
De todas formas, hay dos evidencias claras: que
hay que ejercer la tolerancia, y que no todo
puede tolerarse. Compaginar ambas evidencias es
un arduo problema.
Todos los análisis realizados por filósofos y
estudiosos de la materia al respecto a la
tolerancia aprecian la dificultad de precisar su
núcleo esencial: los límites entre lo tolerable
y lo intolerable. De nuevo, y como en casi todos
nuestros acontecimientos diarios, debemos beber
en la fuente de la sencillez, ella será la
encargada de otorgarnos el discernimiento que
nos de la inspiración para el obrar.
Hemos empezado hablando de la tolerancia como
parte del “respeto a la diversidad”. Se trata de
una actitud de consideración hacia la diferencia,
de una disposición a admitir en los demás una
manera de ser y de obrar distinta de la propia,
de la aceptación del pluralismo. Ya no es
permitir un mal sino aceptar puntos de vista
diferentes y legítimos, ceder en un conflicto de
intereses justos. Y como los conflictos y las
violencias son la actualidad diaria, la
tolerancia es un valor que es muy necesario y
urgentemente hay que promover.
Ese respeto a la diferencia tiene un matiz
pasivo y otro activo. La tolerancia pasiva
equivaldría al “vive y deja vivir”, y también a
cierta indiferencia. En cambio, la tolerancia
activa viene a significar solidaridad, una
actitud positiva que se llamó desde antiguo
benevolencia. Los hombres, dijo Séneca, deben
estimarse como hermanos y conciudadanos, porque
“el hombre es cosa sagrada para el hombre”. Su
propia naturaleza pide el respeto mutuo, porque
“ella nos ha constituido parientes al
engendrarnos de los mismos elementos y para un
mismo fin”. Séneca no se conforma con la
indiferencia: “¿No derramar sangre humana? ¡Bien
poco es no hacer daño a quien debemos favorecer!”.
Por naturaleza, “las manos han de estar
dispuestas a ayudar”, pues sólo nos es posible
vivir en sociedad: algo “muy semejante al
abovedado, que, debiendo desplomarse si unas
piedras no sostuvieran a otras, se aguantan por
este apoyo mutuo”. La benevolencia nos enseña a
no ser altaneros y ásperos, nos enseña que un
hombre no debe servirse abusivamente de otro
hombre, y nos invita a ser afables y serviciales
en palabras, hechos y sentimientos.
La tolerancia es un regalo desde los primeros
años de la vida.

Qué es la tolerancia ?
La tolerancia es uno de los valores humanos más
respetados y guarda relación con la aceptación
de aquellas personas, situaciones o cosas que se
alejan de lo que cada persona posee o considera
dentro de sus creencias. Se trata de un término
que proviene de la palabra en latín “tolerare”,
la que se traduce al español como “sostener”, o
bien, “soportar”.
La tolerancia es posible de medir en
determinados grados que guardan relación con la
aceptación que se tenga ante algo con lo que no
se está de acuerdo o que no se adecua al propio
sistema de valores.
La importancia de la tolerancia radica en la
posibilidad que nos otorga de convivir en un
mismo espacio con personas de diferentes
culturas o con diferentes creencias. La
tolerancia es la que nos permite vivir en
armonía en un mismo país con personas que
profesan diferentes religiones, que apoyan otras
tendencias políticas, que poseen una condición
sexual diferente, etc. La tolerancia no sólo es
aplicable a nivel de país, sino que es algo que
debemos desarrollar en nuestros hogares con
aquellas personas a las que más queremos, como
nuestra familia y amigos, así como también, a
nivel mundial, donde se intenta convivir en
armonía con un sinnúmero de culturas y personas
muy diversas.
Como vemos, la tolerancia se encuentra en
estrecha relación con el respeto, pudiendo así
ser capaces de aceptar las diferentes opiniones
en torno a un mismo tema, aceptando y respetando
las diferencias étnicas, sociales, culturales y
religiosas, entre otras, teniendo siempre en
cuenta que aquello que estemos respetando no
atente contra la integridad y los derechos de
las personas, animales y el medio ambiente.
En algunos ámbitos es más difícil que se de,
sobretodo en aquellos de índole religioso, pero
en la actualidad hemos visto destacados ejemplos,
como la visita de Juan Pablo II a una sinagoga,
en Abril de 1986; el papa Benedicto XVI (Joseph
Ratzinger) no se ha quedado atrás, dialogando
con representantes de la comunidad islámica y
visitando además templos de otras religiones. El
líder del budismo tibetano el Dalai Lama,
también se ha caracterizado por la apertura y el
diálogo abierto, y asimismo otros líderes
religiosos se muestran hoy en día más dispuestos
al diálogo y la comprensión; estas actitudes de
tolerancia religiosa ya han pasado de ser un
lujo para llegar a ser una verdadera necesidad,
en un mundo marcado por el conflicto de
ideologías, conflictos que han desencadenado los
más terribles actos extremistas en el mundo,
tanto históricamente como en la actualidad.
Una de las mayores dificultades en torno al
ejercicio de la tolerancia, encontrar el punto
en el que ya no hay que tolerar. En otras
palabras, se trata de la dificultad de
establecer el límite entre lo tolerable y lo
intolerable. Tal es la dificultad de esto, que
se ha constituido como un verdadero problema de
índole filosófico.

|