Desde mi punto de vista, y a pesar de que "alguien", ó "algunos" se empeñen a toda costa en hacernos creer que las murallas generacionales son insoslayables y que nunca podremos saltarlas, creo que sólo se trata de un problema de agilidad.
Estoy del lado de los que opinan que el término "somos muy amigos", en una relación padres-hijos, es un falacia, por mucho que nos empeñemos en vestir los mismos vaqueros ó calzar idénticos deportivos, nada exige para la buena marcha de la institución familiar, que todos los componentes, tengan que ser "colegas". Cada cual tiene su rol y la confianza con la que los jóvenes tratan a sus mayores y con la que quieren ser tratados nada tiene que ver con el "compadreo".
Es evidente que uno de los mejores sistemas para el acercamiento y/o conocimiento entre las personas, es el diálogo, pero estableciendo una serie de diferencias, madurez, experiencia... Que hagan sentir al dialogante más joven, que por encima de la mayor o menor sintonía, existen unos derechos y unos deberes mutuos que deben ser respetados.
Es necesario hacer un gran y continuo ejercicio de voluntad, de "Buena" voluntad diría yo, para que las divergencias que pudieran surgir lleguen a resultar positivas. Este ejercicio, debe de ser conjunto, pero no olvidando que nadie dispone de tanto tiempo ni de una materia prima tan sutil y valiosa como son los hijos para obtener los mejores resultados a corto plazo.
Un hijo lo espera todo, cuando su "referencia" más fuerte y quizá única son sus padres.
Luego, a medida de que toma conciencia de sí mismo, es cuando, voluntaria o involuntariamente, da un salto en el vacío y se encuentra (a veces con sorpresa), con un par de seres tan débiles y vulnerables como él. Y es entonces, cuando tenemos que estar más atentos para que apenas note que disponemos de una red imaginaria, forjada por la afectividad sobre la cual caerá levemente, y de esa forma irá adquiriendo sin darse cuenta esa seguridad imprescindible en su desarrollo.Imaginando que la vida pudiera representarse por una escalera, sería bueno que los que los que se encuentran más arriba, se detuvieran de vez en cuando para acortar la distancia que les separa de los que cronológicamente emprendieron la ascensión más tarde.
Estaríamos todos un poco más cerca. No nos separan los años, tenemos simplemente los recuerdos más lejanos, pero si revolvemos un poco en ellos, allí estarán las mismas o muy parecidas vivencias que nos harán reflexionar y comprender lo que por tener unas cuantas "arrugas", no deja de haber sido parte de nuestra propia vida. Los jóvenes, nuestros jóvenes, nuestros hijos, se parecen mucho a nosotros, necesitan ser oídos, tenidos en cuenta, respetados y sobre todas las cosas, "queridos". Debemos darles todas las oportunidades que estén a nuestro alcance, para que nos demuestren de todo lo que pueden ser capaces.
En el fondo piden eso. Unas veces en silencio y otras a "gritos".
¡Seamos conscientes de ello, y actuemos en consecuencia.


Maica

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