Violencia doméstica

 

 

La violencia doméstica, violencia familiar o violencia intrafamiliar comprende todos aquellos actos violentos, desde el empleo de la fuerza física, hasta el matonaje, acoso o la intimidación, que se producen en el seno de un hogar y que perpetra, por lo menos, a un miembro de la familia contra algún otro familiar.

Habitualmente este tipo de violencia no se produce de forma aislada, sino que sigue un patrón constante en el tiempo. Los principales sujetos pasivos son las mujeres, niños y personas dependientes. Lo que todas las formas de violencia familiar tienen en común es que constituyen un abuso de poder y de confianza. Dada la complejidad y variedad del fenómeno, es muy difícil conocer sus dimensiones globales.

Violencia familiar

La violencia familiar incluye toda violencia ejercida por uno o varios miembros de la familia contra otro u otros miembros de la familia. La violencia contra la infancia, la violencia contra la mujer y la violencia contra las personas dependientes y los ancianos son las violencias más frecuentes en el ámbito de la familia. No siempre se ejerce por el más fuerte física o económicamente dentro de la familia, siendo en ocasiones razones psicológicas (véase síndrome de Estocolmo) las que impiden a la víctima defenderse. La mayor parte de los agresores son personas mucho más fuertes que a las que se les agrede. El síndrome de la abuela esclava es otra forma de maltrato frecuente en el siglo XXI, descrito sobre todo en países hispanoamericanos, que afecta a mujeres adultas con gran carga familiar, voluntariamente aceptada durante muchos años, pero que al avanzar la edad se torna excesiva. Si la mujer no expresa claramente su agotamiento (o lo oculta), y sus hijos no lo aprecian y le ponen remedio, la sobrecarga inadecuada provoca o agrava diversas enfermedades comunes: hipertensión arterial, diabetes, cefaleas, depresión, ansiedad y artritis. Estas manifestaciones no curan adecuadamente si no se reduce apropiadamente la sobrecarga excesiva. Ocasionalmente puede provocar suicidios, activos o pasivos5
Los niños que suelen estar presentes durante la violencia y los que presencian pueden sufrir problemas emocionales y de comportamiento. Los investigadores indican que la violencia en la familia a los niños le afecta en tres maneras: en la salud, educación y el uso de violencia en su propia vida. Se ha comprobado que los niños que presencia la violencia manifiestan un grado mayor de depresión, ansiedad, síntomas de trauma y problema de temperamentos.

 

Violencia contra la mujer en la pareja


Zaragoza casco viejo. Grafiti contra la violencia sexista. Cada silueta se corresponde con una mujer muerta a manos de su pareja en 2007. Un símbolo identifica el tipo de violencia sufrida.
La idea de la sumisión de la mujer como mejor forma para asegurar la paz dentro del matrimonio está todavía arraigada entre nosotros.
Inés Alberdi
La violencia contra la mujer por parte de su pareja o ex-pareja está generalizada en el mundo, dándose en todos los grupos sociales independientemente de su nivel económico, cultural o cualquier otra consideración. Aun siendo de difícil cuantificación, dado que no todos los casos trascienden más allá del ámbito de la pareja, se supone que un elevado número de mujeres sufren o han sufrido este tipo de violencia. Estudios realizados en países por desarrollar arrojan una cifra de maltrato en torno al 20%, encontrándose los índices más bajos en países de Europa, en Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón con cifras en torno al 3%.7
La mayoría de las víctimas oculta que existan esos problemas por temor a ser juzgados en la sociedad. La indecisión es una de las causas para no admitir la situación así como el estereotipo dominante de la feminidad en Occidente, donde no se considera como atributo de las mujeres el ejercicio de la violencia activa.
También entra el aspecto de la educación y del entorno social que se vive desde niños, a un hombre que es maltratado psíquica o físicamente por su pareja, se le atribuye que es un hombre "débil", o es agredido por sus amigos o compañeros de trabajo y es precisamente por esto que no está dispuesto a denunciar y mucho menos a buscar ayuda.
Unas de las consecuencias de la violencia doméstica es la depresión. Las mujeres que sufren violencia doméstica corren un mayor riesgo de estrés y trastorno de ansiedad, en particular los trastornos resultantes del estrés postraumático. El intento de suicidio y depresión se conectan estrechamente la violencia en pareja. La violencia contra la mujer impide que participen plenamente en sus comunidades en los planos económicos y sociales. Las mujeres en violencia tienen menos probabilidades de tener empleo.8
En todas las relaciones humanas surgen conflictos y en las relaciones de pareja también. Las discusiones, incluso discusiones fuertes, pueden formar parte de la relación de pareja. En relaciones de pareja conflictivas pueden surgir peleas y llegar a la agresión física entre ambos. Esto, que podría alcanzar cotas de violencia que serían censurables y perseguibles, formaría parte de las dificultades a las que se enfrentan las parejas. El maltrato no es un concepto relacionado con esto; en el maltrato el agresor siempre es el mismo: Por definición, el conflicto es una modalidad relacional que implica reciprocidad y es susceptible de provocar un cambio. Por el contrario, el maltrato, aunque adopte las mismas formas (agresiones verbales o físicas), es unilateral, siempre es la misma persona la que recibe los golpes».9
En la pareja, el maltrato contra la mujer tiene unas causas específicas: los intentos del hombre por dominar a la mujer, la baja estima que determinados hombres tienen de las mujeres; causas que persiguen instaurar una relación de dominio mediante desprecios, amenazas y golpes.
Los hombres que maltratan a su pareja son motivados por una necesidad de dominar y controlar a su pareja. En una revisión de múltiplos trabajos los principales resultantes indican que los agresores suelen presentar con frecuencia alteraciones psicológicas como falta de control sobre ira, dificultades en la expresión de emociones, déficits de habilidades de comunicación y de solución de problema y baja autoestima.“Existen diferentes tipos de hombres violentos -agresores limitados al ámbito familiar, agresores con características borderline/disfóricas y agresores violentos en general/antisociales- que requieren programas de tratamiento, adaptados a sus características y necesidades específicas” Pág. 27.10
Los rasgos más visibles del maltrato son los golpes y los asesinatos, los cuales trascienden del ámbito de la pareja; sin embargo, los maltratos de baja intensidad, los maltratos psíquicos que, mantenidos en el tiempo, socavan la autoestima de la mujer, son los que mayoritariamente se dan.11 Cuando trasciende un caso de maltratos, la mujer puede llevar años sufriéndolos. Y si los maltratos pueden producirse en cualquier etapa de la historia de la pareja, es en el momento de la ruptura y tras esta, si se produce, cuando llegan a exacerbarse.


Es por esto que, en la búsqueda de prevenir la violencia, se trata de dar herramientas a los adolescentes para identificar los rasgos típicos de las personas violentas y ser conscientes de esa violencia de baja intensidad que comienza generalmente antes del matrimonio, durante el noviazgo. Así nace el concepto de violencia en el noviazgo.
Es frecuente tratar el tema de los maltratos como casos individuales. Los agresores sufrirían una serie de trastornos que les conducirían a maltratar a la mujer y a esta, en su fragilidad, a recibirlos. Esta sería una visión del problema tranquilizadora que no pondría en cuestión el modelo patriarcal.
El modelo psicopatológico explica la violencia como resultado de conductas desviadas propias de ciertos individuos cuya historia personal está caracterizada por una grave perturbación. Este enfoque, al fin y al cabo tranquilizador, habla de un «otro», un «enfermo» o «delincuente», al que, después de examinarlo, se le puede castigar o tratar médicamente. Desde el punto de vista feminista, la violencia masculina se percibe como un mecanismo de control social que mantiene la subordinación de las mujeres respecto de los hombres. La violencia contra las mujeres se deriva de un sistema social cuyos valores y representaciones asignan a la mujer el estatus de sujeto dominado.
Maryse Jaspard.12
Las consecuencias últimas de la violencia contra la mujer en la pareja son la de decenas o cientos de mujeres muertas cada año, en diferentes países, a manos de sus parejas o ex-parejas. Y en muchos casos, esta violencia a manos de sus parejas o ex-parejas contra la mujer quien es madre además del estrés posttraumatico que puede seguir produzcan efectos muy negativos para el desarrollo psicológico de los niños en el hogar.13
Las consecuencias de estos (y de cualquier otro tipo de maltrato) son que la autoestima de la persona disminuye y afecta el desarrollo emocional. En la mayoría de los casos, la persona puede buscar una solución en las drogas y el alcohol, incluso, en delincuencia. Además, si no existe un avance o solución previa en la persona suele repetir este patrón de maltrato, cayendo en un círculo vicioso. La baja autoestima se manifiesta en todas las personas que sufren de algún tipo de maltrato y se refleja mucho en el ámbito escolar o laboral; la persona tiene problemas de identidad y mucha dificultad en cuanto al manejo de la agresividad, se le dificulta construir relaciones afectivas debido a la desconfianza hacia las demás personas.


Violencia contra el hombre en la pareja
 

La violencia contra el hombre es un tipo de violencia ejercida contra los hombres por su condición de hombre. Esta violencia presenta numerosas facetas que van desde el sexismo inverso hasta la discriminación y el menosprecio, la agresión física o psicológica y el asesinato, produciéndose en muy diferentes ámbitos: familiar, laboral, formativo, etc. Si el agresor fuese su pareja sentimental se la llamará también violencia de pareja.


Violencia filio-parental


La violencia filio-parental (VFP) o violencia de los hijos a los padres es el conjunto de conductas reiteradas de agresiones físicas (golpes, empujones, arrojar objetos), verbales (insultos repetidos, amenazas) o no verbales (gestos amenazadores, ruptura de objetos apreciados) dirigida a los padres o a los adultos que ocupan su lugar.14 Se incluyen, entonces, las amenazas y los insultos, ya sean realizados a través de gestos o verbalizaciones, las agresiones físicas de cualquier tipo, o la ruptura consciente de objetos apreciados por el agredido. Además, la violencia debe ir dirigida contra los padres o aquellas figuras parentales que les sustituyan: tutores, educadores, etc.
No se incluiría, por tanto, en esta definición la violencia ocasional sin antecedentes previos y que no se repite. Esto excluye, de manera casi generalizada, el parricidio, que presenta características particulares que lo distinguen y que, a menudo, constituye un episodio único, sin que se registren antecedentes previos. Se excluyen, también, la agresión sexual a los padres y los asaltos premeditados con armas letales por considerarse de un perfil diferente, así como la violencia que aparece en un estado de disminución importante de la consciencia (autismo o retraso mental grave) y que no se repite cuando este estado remite: violencia en el curso de intoxicaciones, de trastornos mentales orgánicos, de trastornos del curso o contenido del pensamiento, etc.
[editar]Implicación social constructiva de la violencia familiar

La violencia, en la mayoría de los casos, ha llegado a ser parte de la vida cotidiana de muchas personas a las cuales afecta en gran manera su comportamiento y el desarrollo de diversas actividades que deseen ejercer. Es decir, la violencia también es una conducta aprendida.15 La violencia puede manifestarse en cualquier ámbito social como el cultural, político, económico y el ámbito social doméstico.
La violencia familiar tiene como base la cultura (el medio donde se desarrolla ésta situación) y que incluso, engloba a los medios de comunicación. Este régimen de ideas apoya ciertas justificaciones a las acciones clasificadas como violencia intrafamiliar por el uso de estereotipos a los miembros de la familia. Durante la década de los setentas se desarrollaron varias teorías sobre los posibles principios del abuso de la mujer por su marido o pareja masculino. Una de ellas es a base del pensar feminista que postula que la sociedad es patriarcal y que se acepta el uso de la violencia para mantener dominación masculina.16 Según esta teoría el hombre utiliza la violencia para subordinar a las mujeres porque las mujeres le temen a la violencia. Otra teoría refleja que los hombres causan daño a su pareja reportan sentimientos de impotencia respecto a su pareja. De acuerdo con el estudio de Lenore Walker (1984), esta teoría trata de reconciliar la teoría feminista con la teoría de acondicionamiento social.
Un miembro de la familia que es oprimido u omitido intencionalmente con el fin de someterlo a fuerzas vía lo físico, lo psicológico o sexualmente, esta en una relación abusiva. La relación abusiva usualmente es entre parejas sentimentales, o de otros modos cónyuges, y es razón principiante de los problemas en salud pública.
El abuso psicológico es el más amplio de todas las violencias por porque pueden incluir abusos de tipo sexual y físico causando trauma a la víctima. Este tipo de abuso es visto como manipulación entre la pareja. Mujeres señalan que el abuso verbal, incluyendo la coerción, el aislamiento, la privación, las amenazas, la humillación y la frialdad afectiva, son incluso peor que el abuso físico. Mientras que el abuso físico es episódico, el psicológico es progresivo y se mantienen por plazo largo.17
La mujer maltratada es aquella mujer que permanece en una relación donde su pareja la agrede sistemáticamente.18 El ciclo de la violencia tiene tres etapas sucesivas primordiales. En la primera etapa se incrementa la tensión y la víctima intenta progresivamente tratar agradar al abusador para que suceda la violencia. Si la violencia sigue este ciclo, la víctima puede enfrentarse con la pareja porque ha visto que la violencia es inevitable. Al hacer esto la tensión cada vez se vuelve mayor. La segunda etapa es donde se inicia la violencia de cualquier forma y siempre es dolorosa. Finalizando el ciclo, el abusador pide perdón a su pareja, por el remordimiento y probablemente dice que jamás sucederá por la realización de un comportamiento positivo. La persona afectada puede sentirse recompensada y lo perdona, creyendo que no va a suceder la violencia de nuevo.17 Cualquier persona sana piensa que la mejor decisión seria abandonar la relación ya que hay amenaza de violencia, pero no se descarta tan ligeramente. Cinco razones por cual la terminación de la relación es cuidadosa son las siguientes. La víctima teme por su seguridad personal u otros miembros de la familia tanto como el capital económico y de vivienda del mismo. Otra razón por cual no se deshecha la relación, es la esperanza de cambio en el perpetrador. Creencias personales que la víctima no está dispuesta a cambiar. Una de las razones más persuasivas, algunas veces, es la misma familia quien dice que no terminen la relación.19 La presión de vida en general a veces no deja que uno tome la decisión correcta.
En cuanto a la respuesta o solución de este fenómeno social, debe empezar con la comprensión de lo que es la ley concreta y sus consecuencias. Por ejemplo, La ley número 54 del año 1989, Ley para prevención e intervención con la violencia doméstica en Puerto Rico; describe en su tercer capítulo la conducta Delictiva, Penalidades y otras Medidas.
Hay gestiones constructivas en el plan de solucionar este problema según la Organización Panamericana de Salud. Dentro del significado violencia familiar expone que este es formado de relaciones subjetivas entre las personas. Con base a esto se han elaborado nuevos modelos de gestión cuales enfoques son las relaciones familiares. Una de ellas es el brindar atención integral a la persona y su familia, donde prevención y la seguridad sean los ejes articuladores de la gestión y de la intervención. Otro modelo de gestión seria concentrarse en la educación social de la comunidad a fin de lograr la cultura de la no violencia y promocionar comportamiento familiar unido.20]Un enfoque psicoanalítico sobre la violencia intrafamiliar

Un enfoque psicoanalítico te ofrece una perspectiva que es centrada en la simbolización de los actos agresivos que presenta todo ser humano, la posición de la víctima y la responsabilidad subjetiva de los personajes que hacen parte de la violencia doméstica. La violencia intrafamiliar se considera como una epidemia que golpea a los hogares en un ámbito mundial.
El psicoanálisis explica que todo ser humano existen desde la infancia tendencias y impulsos agresivos que deben ser liberados. Esto sostiene que la agresividad y violencia no son exclusivas de personas jóvenes o adultas, clase social alta o baja, familia con cultura determinada y educación. Enseñan que la violencia doméstica muestra dificultad para trasmitir la agresividad de una forma civilizada. Los psicoanalíticos han mostrado que en la infancia las personas experimentan placer cuando liberan su agresividad, pero con el curso del desarrollo la educación recibida en casa y el colegio hace que agresión se impide la satisfacción de agresividad por medio del castigo.21
La violencia familiar o intrafamiliar es unos fenómenos que traen riesgos no solo a nivel individual y familiar, sino también social.

Desde una perspectiva jurídica, es toda acción (verbal, física o emocional) u omisión en las responsabilidades vinculares de un integrante de la familia hacia otro, que produce un daño no accidental tanto en el aspecto físico, como en el psíquico, sexual o económico.

Por violencia psicológica, se entiende toda acción u omisión que tiene por efecto degradar, tratar con indiferencia, o controlar al otro. El problema surge cuando la violencia es ejercida de maneras que no pueden observarse claramente: Cuando el hombre o mujer no esta “presente”, en el sentido actitudinal y no solo físico, y favorece sentimientos de degradación en la mujer u hombre; cuando la mujer o el hombre no reconoce o respeta el lugar del otro y estimula “reacciones violentas”. Sobre todo en las mujeres, muchas veces, el cuidado sobre los niños es presentado como justificación. En fin, la verdadera violencia es psicológica: el problema no es solo el ojo morado, sino las conductas violentas “naturalizadas”, es decir, evaluadas como correctas.

Denunciar a un integrante del grupo familiar es un acto difícil de realizar dada la cercanía del vínculo y lo que esto conlleva: sentimientos de culpa, vergüenza, acostumbramiento a la situación violenta, etc. La situación violenta no solo la padecen quienes sufren golpes o violencia psicológica, sino también quien realiza los golpes y humillaciones. Por esto mismo, es recomendable participar de procesos terapéuticos para brindar o facilitar soluciones reales a la situación: es que la denuncia lo único que permite (y no siempre) es “parar” con las situaciones violentas.

Suele señalarse que la violencia familiar se da, en general, por tres razones o factores: falta de control de impulsos, carencias afectivas y la impotencia al no poder resolver problemas adecuadamente. Otros factores son el abuso de alcohol o drogas legales o no.

La violencia es producto de un amor “en desorden”: Por alguna cuestión personal no resuelta, alguno de los integrantes no “esta disponible” para vincularse con el otro. Cuando lo no resuelto, es solucionado, la violencia desaparece. Si en una pareja ocurriera alguna situación violenta, la posibilidad de que la relación se termine es alta.
Pueden distinguirse tres etapas en la dinámica de la violencia familiar:


Etapa 1: TENSIÓN EN AUMENTO.
Etapa 2: EVENTO AGUDO DE VIOLENCIA
Etapa 3: FASE DE CALMA, ARREPENTIMIENTO O LUNA DE MIEL

Frecuentemente la persona que asume actitudes violentas es una persona aislada, sin amigos, celosa con baja autoestima. A veces este aislamiento es provocado por la misma dinámica vincular de la familia.

2. Violencia familiar: Mujeres maltratadas

Se pueden diferenciar claramente dos situaciones: cuando una mujer es objeto de la violencia familiar y sostiene esta situación por “responder a ideales de vivir en familia”, dependencia económica, confusión, etc.; y cuando una mujer, por dinámicas vinculares muy precisas, es responsable en la producción de los fenómenos de violencia. Sea como sea, esta situación requiere un “corte”, un limite.

3. Violencia intrafamiliar: Derechos del niño

En esta situación el riesgo es más alto dado que se trata de una persona que se esta constituyendo, que se esta formando: los efectos suelen ser traumáticos en mayor grado. No siempre el adulto golpeador fue golpeado en su niñez. Aquí intervienen las fantasías que suelen iniciarse en la infancia sobre que un niño sea golpeado por un adulto, es decir, la violencia puede surgir no de una experiencia agresiva sino de la manera de relacionarse en la fantasía con la agresividad: las fantasías pueden estar expresando violencia latente de la familia de origen. Por otro lado, muchas veces la violencia descargada en el niño puede estar relacionada a situaciones conflictivas en la relación de los padres.

No hace falta golpear a un niño para que haya violencia: el niño necesita de cuidados y afectos que cuando no son brindados, se puede deducir un clima familiar violento, de falta de reconocimiento humano. Cuando ese cuidado es omitido, es posible que la conducta violenta sea realizada por el mismo niño.

La situación de sostener las situaciones violentas es más traumática para los niños, sobre todo porque lejos de no darse cuenta de lo que pasa, son mucho más permeables que los adultos…son los más vulnerables psíquica y físicamente.

4. Violencia familiar: una verdadera pesadilla

La tolerancia de situaciones violentas suele llevar a mayores grados de violencia. El argumento que apunta a evitar una separación para cuidar a los niños, es falsa: la situación de sostener lo que sucede es más traumático para los niños, sobre todo porque lejos de no darse cuenta de lo que pasa, son mucho más permeables que los adultos…son los más vulnerables psíquica y físicamente.

La falta de recursos económicos y vinculares (incluso familiares) favorecen que estas situaciones se perpetúen. Cuando se separan, es común que el agresor quede en contacto con sus hijos y les comunique y fomente el odio hacia la madre.

La mujer violentada no ve la solución porque no tiene trabajo, tiene hijos y la sociedad minimiza el problema: la Justicia y los medios hablan de ‘crimen pasional’, algo que culpabiliza a la mujer.

La justicia no ofrecen una atención adecuada a estas situaciones: suelen evaluar estos problemas como conflictos familiares que escapan a su función, cuando en verdad es exactamente lo contrario: ahí donde en una familia falta la ley, el límite, el orden, este es necesario que sea instaurado desde afuera, desde la justicia.

5. Tratamientos

El tratamiento esta basado en intervenciones que apunten a “poner fin” a las situaciones desbordantes.
Es recomendable el tratamiento individual en conjunto con la participación en grupos de autoayuda o apoyo emocional.
La resocialización es fundamental para dar una real respuesta a estas situaciones: participar en grupos, actividades sociales, etc. Por otro lado, sobre todo para las mujeres, se promueven actividades para la inserción laboral.
Otro modo de abordaje es la terapia familiar.
El proceso terapéutico facilita:
- Manejar la situación traumática o desbordante
- Brindar una sensación de control sobre el cuerpo.
- Mejorar el sentimiento de si.
- Dejar de sentirse en soledad y aisladas.

La terapia de grupo favorece:

- Brindar apoyo, establecer buenas relaciones con los demás integrantes.

- Aumentar los recursos internos para afrontar la situación, mejorando la auto-estima.

- Ayuda a generar cierta independencia de quien ejerce la violencia.

6. Manifestaciones de violencia
Abuso verbal: insultar, humillar, rebajar, ridiculizar, confundir con ironías, etc.

Intimidación: asustar, arrojar objetos, amenazar.

Abuso económico: recompensas o castigos económicos, impedir trabajar, control exagerado de las finanzas.

Abuso sexual: menosprecio sexual, imposición de relaciones sexuales, presiones para abortar.

Aislamiento: control de la vida del otro, vigilancia, impedir vincularse.

Desvalorización: decidir sin participación, provocar sentimientos de inferioridad