Violencia filio-parental

 

La violencia filio-parental (VFP) o violencia de los hijos a los padres es el conjunto de conductas reiteradas de agresiones físicas (golpes, empujones, arrojar objetos), verbales (insultos repetidos, amenazas) o no verbales (gestos amenazadores, ruptura de objetos apreciados) dirigida a los padres o a los adultos que ocupan su lugar.1
Se incluyen, entonces, las amenazas y los insultos, ya sean realizados a través de gestos o verbalizaciones, las agresiones físicas de cualquier tipo, o la ruptura consciente de objetos apreciados por el agredido. Además, la violencia debe ir dirigida contra los padres o aquellas figuras parentales que les sustituyan: tutores, educadores, etc.
No se incluiría, por tanto, en esta definición la violencia ocasional sin antecedentes previos y que no se repite. Esto excluye, de manera casi generalizada, el parricidio, que presenta características particulares que lo distinguen y que, a menudo, constituye un episodio único, sin que se registren antecedentes previos. Se excluyen, también, la agresión sexual a los padres y los asaltos premeditados con armas letales por considerarse de un perfil diferente, así como la violencia que aparece en un estado de disminución importante de la consciencia (autismo o retraso mental grave) y que no se repite cuando este estado remite: violencia en el curso de intoxicaciones, de trastornos mentales orgánicos, de trastornos del curso o contenido del pensamiento, etc.

Tipos de Violencia Filio Parenteral

Tradicional


Adolescentes y jóvenes que se defienden a si mismos de agresiones, que reaccionan al ser víctimas de abusos sexuales o de un trato vejatorio.
Violencia ejercida como forma de protección de otro miembro de la familia que está siendo agredido.
La llamada “retaliación”: hijos que sufrieron maltrato o abusos en la infancia, - o fueron objetos de negligencia grave o abandono -, que devuelven el maltrato cuando se invierten los papeles y son ellos los que cuidan de sus padres.


Nueva VFP


La NVFP comparte con el resto de los modelos de violencia intrafamiliar la búsqueda del control y del poder en la familia, aunque se diferencie de éstas en la “consecución” de objetivos. El nuevo perfil se refiere a las agresiones ejercidas por niños, adolescentes y jóvenes aparentemente normalizados2 que proceden de cualquier estrato social, con conductas violentas más o menos extendidas, que incluyen siempre el ámbito familiar y, con mucha frecuencia, se reducen a este contexto. El espectro de edades de los agresores es amplio, aunque es más frecuente en la adolescencia y no es extraño que se trate de chicos y chicas que no sólo no son agresivos fuera de casa, sino que, incluso, en otros contextos presentan conductas sobre-adaptadas. Es habitual el consumo de tóxicos, pero no en mayor medida que la población de su edad.3
La VFP se produce, generalmente, en escalada: comienza habitualmente con descalificaciones e insultos que derivan en amenazas – incluyendo la ruptura de objetos – y finaliza con agresiones físicas de índole cada vez más grave.

 

Factores influyentes en la VFP

Factores sociales

A partir de la segunda mitad del siglo XX, en los países occidentales,4 se ha pasado de un sistema claramente autoritario a otro pretendidamente “democrático”, en el que se correlaciona democracia con ausencia de autoridad o igualdad a la hora de tomar las decisiones. El modelo jerárquico familiar y social se pone en cuestión, pero solo de manera formal, ya que la responsabilidad educativa sigue atribuyéndose, legalmente y socialmente, a los padres y educadores, a quienes no se les despoja de la responsabilidad, pero, a menudo, sí de la autoridad, así como de algunos de los medios utilizados habitualmente para mantenerla. Otros cambios sociales, que se producen en paralelo, aumentan la dificultad de progenitores y educadores para mantener su autoridad:
Disminución en el número de descendientes con incremento importante de los hijos únicos
Cambios en los modelos familiares: la familia nuclear va disminuyendo progresivamente su presencia, de manera que en los países occidentales en el año 2010, suponía menos del 50% de los modelos familiares en la sociedad accidental.5 En todos estos nuevos modelos, por razones especificas a cada uno – aunque bastante similares entre sí – el mantenimiento de la autoridad del o de los padres se hace más difícil.
Cambios en el ciclo vital familiar: un atraso progresivo de la edad media a la que se tienen los hijos genera padres “añosos”, con menos energías para pelear con éstos, mantener la disciplina y poner límites.
Cambios laborales: el número de horas de contacto con los hijos disminuye, se llega cansado a casa y en el poco tiempo que se está con ellos se tratan de evitar, en lo posible, situaciones de tensión. Así, se eliminan actuaciones que generen frustración en busca de una “armonía familiar” que no sobrecargue aún más al cansado progenitor. Se establece entonces una educación permisiva, cuya consecuencia es la dificultad para poner límites y hacerse respetar.
La evolución de la sociedad hacia un modelo educativo basado más en la recompensa que en la sanción y en la tolerancia que en la disciplina, ha llevado a restringir de manera significativa la capacidad sancionadora de los educadores


Estilos educativos

Diversos autores (Peek et al, 1985; Gallagher,2004) han tratado de correlacionar los estilos educativos con la VFP; Pereira, R & Bertino, L. (2010) suman a esta clara correlación, las diferencias que habrían entre el nuevo perfil y el tradicional:
Estilo permisivo-liberal: también llamado punitivo no estricto. La NVFP estaría más relacionada con este estilo, en el que no se establecen normas claras ni hay un ejercicio consistente de la autoridad. Los hijos a menudo esta sobreprotegidos, se les da todo lo que piden sin apenas exigencias, por lo que, frecuentemente, acaban convirtiéndose en tiranos, con escasa autoestima y un nivel bajo de frustración y de empatía.
Estilo autoritario y violento: a menudo genera familias multiviolencia, en las que las agresiones se utilizan para resolver los conflictos. Cualquier rebeldía se sanciona con un incremento de los castigos, las amenazas y las humillaciones. Aparece aquí la VFP como defensiva, protectiva, de retaliación o vinculada a psicopatología grave.
Estilo negligente-ausente: los padres abdican de su papel, declaran abiertamente que ellos no deben ser quienes impongan las normas y que los hijos (con independencia de su edad y de sus capacidades cognitivas) ya son lo suficientemente mayores como para saber qué es lo que hacen. Generan una seudo independencia en el menor, quien utiliza la violencia como un intento de imponerse o, por el contrario, de rechazar el papel en el que se los sitúa. Aquí encontraríamos ambos tipos de VFP: la tradicional y la nueva.


Factores individuales

Las variables individuales asociadas con los agresores en la VFP son: baja autoestima, egocentrismo, impulsividad y ausencia o disminución de la capacidad empática. La baja autoestima y el egocentrismo son 2 de las características que se perciben con más frecuencia, aunque no de un modo exclusivo. La autoestima está más vinculada a la percepción de ser capaz de enfrentarse a obstáculos y superarlos por si mismo que con la connotación positiva de los logros. Asimismo, el consumo de tóxicos, si bien no conforma una variable central, favorece la aparición de conductas violentas a cualquier edad y cualquier contexto. Las 2 últimas variables (impulsividad, y ausencia o disminución de la capacidad empática), frecuentes aunque no siempre presentes, suelen asociarse con psicopatología diversa:
Trastorno por déficit de atención con hiperactividad.
Trastornos de la personalidad.
Trastorno histriónico de la personalidad.
Trastorno narcisista de la personalidad.
Trastorno límite de la personalidad.
Trastorno antisocial de la personalidad.
Trastornos en el área de la ansiedad.


Factores familiares

Según Euskarri, Centro de Intervención de VFP, desde un abordaje sistémico, el nuevo perfil de VFP que presentan las familias se organiza en base a dinámicas relacionales caracterizadas por la siguiente serie de factores:
Experiencia familiar previa de utilización de la violencia para resolver los conflictos. Si bien es frecuente la repetición no puede aseverarse que esta experiencia determine de una forma de accionar agresiva futura.
Padres excesivamente permisivos, no normativos, que se han planteado explícitamente educar democráticamente a sus hijos. La relación paterno-filial es simétrica por lo que las normas no se imponen y se negocian, y donde la opinión de todos tiene el mismo valor.
Padre sobreprotectores. Dichos padres, están dispuestos a satisfacer todos los deseos de los hijos.
Padres insatisfechos con sus papeles. Son progenitores que han tenido sus hijos accidentalmente o en contra de su voluntad y manifiestan su disgusto por ello.
Padres que mantienen una relación muy conflictiva y suelen descalificarse mutuamente delante de los hijos. El menor puede ser utilizado para atacar al otro progenitor lo que conduce a que la arbitrariedad se convierta en la norma y desacredita cualquier intento de marcar unos límites consistentes.
Padres que, por diferentes razones, mantienen una relación excesivamente próxima, fusional con uno de los hijos. Generalmente, se trata de familias monoparentales, o núcleos con uno de los progenitores “ausente”, frío o distante.
Fundamentalmente, se advierten 3 áreas disfuncionales en el funcionamiento familiar.
Organización jerárquica y de señalamiento de normas.
Protección de la imagen familiar
Separación y fusión


Referencias

? Pereira,R.(2006). "Violencia filio-parental, un fenómeno emergente." Revista Mosaico, 36:págs. 7-8
? Entendemos por normalizados a aquellos niños adolescentes y jóvenes sin historiales previos psiquiátricos o delictivos, que forman parte de familias que no frecuentan habitualmente los servicios psiquiátricos o sociales.
? Romero F, Melero A, Cánovas C, Antolín M. La violencia de los jóvenes en la familia: Una aproximación a los menores denunciados por sus padres. Documentos de Trabajo. Centro de estudios Jurídicos del departamento de Justicia de la Generalitat de Cataluña; 2005.
? Pereira, R. & Bertino, L. (2010). Los hijos que agreden a sus padres. La actitud del profesional de atención primaria. Revista de formación continuada en atención primaria (FMC); 17(1):39-47
? Pereira, R. & Bertino, L. (2010). Los hijos que agreden a sus padres. La actitud del profesional de atención primaria. Revista de formación continuada en atención primaria (FMC); 17(1):39-47
[editar]Bibliografía

Bertino, L. y Pereira, R. (2010) Cuando los adolescentes toman el poder. Sistemas Familiares y otros sistemas humanos. Año 26, nº1, p.p: 93-115.
Gallagher E. Youth who victimize their parents. Australian & N.Z. of Family Therapy. 2004;25;94-105
Peek W, Fisher J, Kidwell J. Teenage violence towards parents: A neglected dimension of family violence. J Marriage Family. 1985;47:1051-8.
Pereira, R. & Bertino, L. (2010). Los hijos que agreden a sus padres. La actitud del profesional de atención primaria. Revista de formación continuada en atención primaria (FMC); 17(1):39-47
Pereira, R. (2010). Transformaciones del poder en las familias. Cuando los hijos toman el poder: violencia filio-parental. Mosaico, Revista de la Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar. Febrero 2010. Nº 44.
Pereira, R. (coord.)(2011). Psicoterapia de la violencia filio-parental. Entre el secreto y la vergüenza. Ediciones Morata: Madrid. ISBN:978-84-7112-654-2
Pereira, R. y Bertino, L. (2009): Una comprensión ecológica de la violencia filio-parental. Redes, Revista de psicoterapia relacional e intervenciones sociales. nº 21, p.p.: 69-90.
Pereira, R. (2006). Violencia filio-parental, un fenómeno emergente. Revista Mosaico, 36:págs. 7-8
Romero F, Melero A, Cánovas C, Antolín M. La violencia de los jóvenes en la familia: Una aproximación a los menores denunciados por sus padres. Documentos de Trabajo. Centro de estudios Jurídicos del departamento de Justicia de la Generalitat de Cataluña; 2005.